Joaquín Poch: “La homeopatía es acientífica y se debe rechazar como práctica clínica”

El presidente de la Real Academia Nacional de Medicina, Joaquín Poch, niega la eficacia de los productos homeopáticos.  “La homeopatía es acientífica, no está respaldada por ningún procedimiento metodológicamente válido, se debe rechazar como práctica clínica y no se le puede conceder ningún valor terapéutico que vaya más allá del simple efecto placebo”, ha manifestado en Diario Médico aclarando luego que se trata de una opinión personal, que la institución que preside no tiene ningún posicionamiento oficial al respecto ni trabaja en documento alguno sobre ella.

Opinión respetable -como todas- que sin embargo le deja en la misma situación de entredicho que a los dirigentes de la Organización Médica Colegial (OMC). Porque si así lo cree y teniendo en cuenta su cargo no haberlo denunciado ni tomado medidas para evitarlo cuando se trata de una disciplina que se ejerce desde hace más de 200 años es delictivo ya que habría puesto en peligro la salud y la vida de cientos de miles de personas. Y si lo que dice es mentira está acusando de estafadores y difamando a los más 85.000 médicos que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ejercen en Europa.

 

 

Con apoyo de los presidentes de la Sociedad Catalano-Balear de Oncología y la Sociedad Catalano-Balear de Cuidados Paliativos

Defensa a ultranza de los tratamientos oncológicos por parte del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña

 

El pasado 8 de junio el Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña dio a conocer un extenso informe titulado El enfermo con cáncer. Los tratamientos oncológicos y paliativos, las terapias sin evidencia científica y las pseudociencias que según se explica en el primer párrafo “surge de la preocupación existente en ámbitos profesionales, académicos y científicos en relación con el nuevo aumento de la oferta de terapias alternativas y pseudociencias, sin ninguna evidencia de su eficacia, en torno a las enfermedades y especialmente con el cáncer, por las consecuencias que esto puede tener en la salud de los pacientes y las falsas expectativas que les generan”. Informe que ha sido elaborado por los doctores Jaume Padrós -presidente del Colegio de Médicos de Barcelona y coordinador del equipo redactor-, Gustavo Tolchinsky -Secretario del Colegio de Médicos de Barcelona-, Eugeni Saigí -presidente de la Sociedad Catalano-Balear de Oncología-, Helena Camell -presidenta de la Sociedad Catalano-Balear de Cuidados Paliativos, Josep Terés y Antonia Sans -presidente y miembro de la Comisión de Deontología del colegio respectivamente y Antoni Trilla -miembro de la Junta del colegio- así como por los letrados  Ignasi Pidevall  y Mercedes Martínez -jefe y abogada respectivamente de la Asesoría Jurídica-.

Se trata de un extenso documento -sin una sola referencia científica que apoye sus aseveraciones- en el que sus firmantes -elegidos para sus cargos por razones profesionales y políticas y no por sus conocimientos y/o contribuciones a la Medicina y la investigación- en el que básicamente se alerta a los enfermos de los tratamientos no oncológicos oficialmente considerados eficaces y supuestamente basados en la evidencia científica a pesar de que ni es así ni funcionan.

En fin, transcribimos textualmente las conclusiones del informe para que no pueda acusársenos de tergiversar su contenido. Son éstas:

“Todo médico que trate a un paciente con cáncer deberá tener presente que:

1.- En la atención al paciente oncológico es muy importante recordar que se trata de un paciente especialmente vulnerable y que es también muy importante tener en cuenta sus valores y sus necesidades.

2.- Se debe ser especialmente riguroso al informar, indicar y aplicar los tratamientos consensuados por la comunidad médica y científica y que estén basados en la mejor evidencia científica disponible, tanto desde el punto de vista oncológico como paliativo. Se debe informar al paciente sobre los beneficios esperados del tratamiento, sus consecuencias y molestias, la toxicidad, los riesgos y complicaciones (frecuentes o infrecuentes si tuvieran la consideración clínica de muy graves), tanto generales como específicos.

3.- La información y el acompañamiento del paciente oncológico son especialmente importantes. Hay que ser extremadamente cuidadoso en el proceso de información sobre la enfermedad y su pronóstico. La información tendrá que ser clara, verídica, mesurada, discreta, prudente y esperanzadora pero sin generar falsas expectativas y procurando que ni el contenido ni la forma de transmitirla perjudiquen al paciente.

4.- Se respetará el derecho del enfermo a no ser informado (suponemos que se trata de un error pero así se dice en el documento en español de su web). Nunca, y mucho menos con este pretexto, actuará mintiéndole o contribuyendo al engaño o a la confusión con actitud cándida o finalidad onerosa (lo que supondría una doble estafa moral y económica).

5.- Se respetará el derecho del paciente a rechazar total o parcialmente el tratamiento pero siempre que antes haya sido informado de forma clara de las consecuencias previsibles de su negativa.

6.- Los tratamientos oncológicos específicos evolucionan constantemente con los avances del conocimiento lo que obliga a una actualización constante que permita tratar a los pacientes con las mejores garantías, lo que a su vez comporta la necesidad de formación continuada del médico.

7.- El enfermo de cáncer requiere una atención multidisciplinaria e integradora de aspectos psicosociales y médicos.

8.- Los cuidados paliativos son tratamientos que pueden ser necesarios desde las etapas iniciales de la enfermedad hasta su curación o en el acompañamiento del final de la vida. Tienen como objetivo la atención del dolor y de otros síntomas físicos, y el apoyo emocional, social y espiritual del paciente, asegurándole que será escuchado y que podrá participar en la toma de decisiones.

9.- El médico no podrá utilizar procedimientos ni prescribir medicinas con las que no esté debidamente familiarizado y que no estén basadas en la evidencia científica y en la eficacia clínica; aunque el paciente consienta o lo solicite.

10.- Algunos procedimientos o terapias complementarias pueden suponer en ocasiones una ayuda para que los pacientes puedan afrontar mejor su enfermedad (el subrayado y la negrita es nuestra) Es deseable que éstas se ofrezcan integradas en el propio equipo de oncología o de curas paliativas. Pero su supuesta inocuidad no justifica la indicación de cualquier terapia sin ninguna evidencia científica o eficacia clínica dándole una apariencia de tratamiento validado.

11.- Cuando se están indicando tratamientos complementarios hay que informar al paciente de la necesidad de no abandonar ningún tratamiento necesario, advirtiéndole de forma clara y comprensible del carácter no convencional ni sustitutorio del tratamiento que está aplicando. La confusión que puede     generar al paciente la presentación de un tratamiento complementario como alternativa a su patología, lo puede conducir a creer que está siguiendo un tratamiento eficaz y curativo, poniendo en riesgo la oportunidad de seguir un tratamiento validado que ha demostrado su eficacia.

12.- El médico que aplica terapias complementarias tiene que coordinarse con el médico responsable del tratamiento básico (oncológico o de cuidados paliativos). A estos efectos, si no es posible otra forma de coordinación, es conveniente facilitar al paciente un informe para que lo entregue al médico del tratamiento principal.

13.- En el caso de que el paciente informe al médico responsable del tratamiento oncológico o de cuidados paliativos que está siguiendo o que desea seguir un tratamiento complementario, es recomendable que el médico se informe a través del paciente sobre los tratamientos que se le están indicando, para valorar su conveniencia o el riesgo de interferencia con el tratamiento principal, reiterando al paciente la necesidad de no abandonar el tratamiento principal.

14.- En el caso de que sea el médico oncólogo o de cuidados paliativos quien derive al paciente a seguir un tratamiento complementario, es recomendable que éste promueva la coordinación entre ambos médicos.

15.- En el supuesto de que advirtiera que al paciente le están siendo indicadas terapias no convencionales o pseudociencias como tratamiento alternativo a su enfermedad, a pesar de que no exista base científica para indicarlas y que estén faltas de eficacia clínica o exigible en el contexto de la enfermedad oncológica, tanto si es con candidez como con finalidades onerosas o abusivas, el médico deberá comunicarlo al Colegio de Médicos a los efectos oportunos.

16.- El médico en ningún caso puede explotar/abusar de la angustia del paciente ni actuar con exclusivo afán de lucro. La primera lealtad del médico es hacia su paciente y el acto médico debe dirigirse a promover, mantener o restablecer la salud individual y colectiva de las personas. El médico debe aliviar el dolor y el sufrimiento causado por la enfermedad, y debe cuidar a los que no pueden ser curados. La atención preferente es a la salud del paciente, que debe anteponerse a cualquier otra conveniencia.

17.- La publicidad deberá ajustarse a la normativa legal y a las normas deontológicas, tal como recoge el Documento de Posición del CoMB en relación con la actividad de la publicidad médica.

No cumplir con las indicaciones contenidas en este documento de posición, que contiene tanto las indicaciones de consenso científico y clínico que deben seguirse en el tratamiento de un paciente oncológico como las indicaciones legales y deontológicas que deben seguirse en su tratamiento y proceso de información, puede suponer la comisión de una infracción muy grave o grave que puede comportar la inhabilitación del profesional de hasta cinco años de su ejercicio, en función de las circunstancias que concurran.

Finalmente, los colegios de médicos de Cataluña o, si procede, el CCMC, en la defensa de los pacientes y en la honorabilidad de la profesión y en atención a las competencias que tienen atribuidas emprenderá las acciones que correspondan ante otras instancias (administrativas y judiciales) contra personas u organizaciones que actúen de forma intrusiva (aparentando la condición de profesionales de la medicina) o siempre que se objetive un grave riesgo para la salud de los ciudadanos”.

Hasta aquí las “conclusiones” con las que estamos de acuerdo al 99%. Son de sentido común. El problema es que tales sugerencias NO SE APLICAN A LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS OFICIALES, INCLUIDOS LOS ONCOLÓGICOS. Porque si tales normas se aplicaran a ellos habría que replantearse de inmediato -por no decir prohibir- la inmensa mayoría (casi todos en el ámbito del cáncer). Y es que como hemos explicado hasta resultar cansinos el British Medical Journal -órgano oficial de la Asociación Médica Británica y una de las publicaciones científicas de mayor prestigio del mundo- ha constatado -y así lo ha dado a conocer- que de los  3.000 tratamientos convencionales utilizados en los hospitales, clínicas y consultas sanitarias de todo el mundo solo el 11% son claramente beneficiosos, el 24% pueden ser algo beneficiosos, el 7% están entre beneficiosos y dañinos, el 5% es poco probable que sean beneficiosos y el 3% pueden ser ineficaces y/o dañinos. Del otro 50% no se sabe ¡nada! Puede comprobarse pinchando en http://clinicalevidence.bmj.com/x/set/static/cms/efficacy-categorisations.html. De hecho en España mueren mientras son tratados con ellos en los hospitales más de 400.000 personas AL AÑO; de ellas 110.000 por cáncer. Ahí están las frías cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) que lo demuestran. De hecho entre 2000 y 2012 -último año que nos molestamos en sumar porque el INE da las cifras de forma parcial para dificultar que se conozcan tan pésimas conclusiones- murieron por tumores malignos en España 95.072 personas en 2000, 97.714 en 2001, 97.784 en 2002, 99.826 en 2003, 100.485 en 2004, 100.189 en 2005, 101.669 en 2006, 103.329 en 2007, 103.999 en 2008, 105.133 en 2009, 107.188 en 2010, 109.341 en 2011 y 110.993 en 2012. Luego el número de fallecidos por cáncer en nuestro país aumenta inexorablemente año tras año desde hace décadas a pesar de las mentiras de los oncólogos y de las sociedades que los agrupan.

Así que admitamos los consejos del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña, la Sociedad Catalano-Balear de Oncología y la Sociedad Catalano-Balear de Cuidados Paliativos y exijamos a las autoridades que revisen TODOS los protocolos y tratamientos médicos oficiales utilizados en el Sistema Nacional de Salud dado que según el British Medical Journal -insistimos- solo el 11% son claramente beneficiosos. Y exijamos la prohibición absoluta de los tratamientos oncológicos porque no funcionan. Lo hemos dicho hasta aburrir: NO HAY UN SOLO QUIMIOTERÁPICO -NI COMBINACIONES DE VARIOS- QUE PREVENGA O CURE EL CÁNCER. Retamos por enésima vez a quien afirme que sí los hay A QUE LO DEMUESTRE. Que se nos diga dónde hay un solo trabajo publicado en una revista científica de prestigio en la que se afirme tal cosa. LLEVAMOS AÑOS PIDIÉNDOLO Y TODO EL MUNDO RESPONDE CON EL SILENCIO. Por algo será.