Josep Pàmies sufre un infarto

Josep Pàmies, horticultor y fitoterapeuta español impulsor de la Dulce revolución de las plantas medicinales, sufrió el pasado 1 de septiembre un leve infarto de miocardio que requirió la instalación de un stent para desobstruir la arteria afectada. La intervención se llevó a cabo en el Hospital Josep Trueta de Gerona desde donde sería luego trasladado para su total recuperación al leridano Hospital Universitario Arnau de Vilanova en el que permaneció hasta el 5 de septiembre, día en el que recibió el alta. Pamies, que ya había sufrido una angina de pecho hace 8 años, se recupera satisfactoriamente y no dudó en dar las gracias públicamente al equipo médico que le atendió.

Como nuestros lectores habituales saben Pamies lleva años siendo difamado, calumniado, vejado y perseguido por quienes se niegan a que en España las medicinas complementarias y alternativas se regulen académicamente e incluyan en el sistema sanitario público como lleva años pidiendo a todos los gobiernos del mundo la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Es más, ha sido llevado varias veces a los tribunales. En 2017 fue acusado por ejemplo de un delito contra la salud pública pidiendo el fiscal dos años de cárcel y 16.000 € de multa siendo absuelto el 2 de junio por el Juzgado de lo Penal nº 2 de Lleida. Y este año se le abrió una investigación a instancias de la Ministra de Sanidad María Luisa Carcedo por promocionar el uso del clorito de sodio (MMS) como remedio para varias patologías -entre ellas el autismo- decidiendo la Fiscalía de Lleida el pasado 19 de julio pedir su archivo al no encontrar nada que imputarle. Como se recordará la ministra interpuso la denuncia cuando un autodenominado Comité para la Promoción y Apoyo de la Mujer Autista (Cepama) entregó en Sanidad 136.000 firmas para que se actuara contra él porque en un manifiesto alarde de ignorancia confundieron el clorito de sodio con el hipoclorito de sodio (lejía). Y no son más que dos ejemplos de las múltiples acusaciones falaces hechas contra él que los tribunales luego dejan en nada.

Recordamos esto porque es evidente que el estado de tensión y estrés al que se somete todo aquel que es falsamente acusado y difamado suele terminar afectando a su salud por inocente que sea. Que Pàmies haya tenido pues un problema cardiovascular por ello es comprensible; cualquier cardiólogo convencional admite que el corazón puede resentirse por ello.

Dicho esto cabe añadir que las burlas infames de quienes han aprovechado para reírse de su grave problema revela a las claras la penosa catadura moral y profesional de sus autores porque Pàmies no niega las virtudes del sistema sanitario ni los conocimientos y posibilidades de la medicina convencional. Nunca ha pretendido su erradicación sino su remodelación. De hecho sus tres principales propuestas ni siquiera van contra ellas: que se incluyan las terapias y métodos avalados por la OMS en la Sanidad pública -en la privada ya lo están-, que en lugar de fármacos de síntesis patentados de graves efectos secundarios se utilicen los principios activos naturales inocuos de alimentos y plantas y que se aprueben aquellos productos de constatadas propiedades terapéuticas que hoy están absurdamente prohibidos solo porque así le interesa a la gran industria farmacéutica.

Propuestas de sentido común que solo rechazan algunos fanáticos que insultan con facilidad sabiendo que muchos jueces obvian que el artículo 10 de la Constitución protege como derecho fundamental “la dignidad de la persona y los derechos inviolables que le son inherentes» señalando el 15 que todos tenemos derecho «a la integridad física y moral” y que el 18 garantiza «el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”.