El juez archiva la acusación por estafa contra Pablo Escribá y Xavier Busquets

La acusación de estafa presentada contra los catedráticos de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) Pablo Escribá y Xavier Busquets ha sido rechazada y archivada por el titular del Juzgado de Instrucción nº 9 de Palma de Mallorca Enrique Morell en un auto emitido el pasado 8 de septiembre.

Y es que durante el juicio todos los testigos -tanto los aportados por la defensa como por la acusación- declararon no haberse sentidos ni engañados ni estafados. A todos se les informó sin darles falsas esperanzas, todos donaron la misma cantidad por el producto y ésta fue a parar a una empresa estadounidense como se demostró con el registro de facturas, los imputados no obtuvieron beneficio económico alguno por sus gestiones y no puede pues hablarse de estafa porque ello conlleva engaño y lucro y no hubo  ninguna de ambas cosas. Ni se engañó a los enfermos ni los detenidos ganaron un céntimo ayudándoles a obtener el producto en el extranjero.

Según el juez los compradores “sabían que se trataba de un producto en fase experimental y no de un medicamento de venta en las farmacias”, a los que lo adquirieron no se les aseguró “eficacia curativa” y si los enfermos y familiares decidieron aun así probarlo fue porque según declararon “no tenían nada que perder”. De ahí que concluya: “Parece difícil, en consecuencia, estimar que en el presente caso exista el engaño bastante que exige el delito de estafa”. Además se les informó de que se trataba de un nutracéutico (complemento alimenticio) que actualmente se puede adquirir como tal en España y otros países de la Unión Europea.

Como nuestros lectores recordarán estos dos catedráticos fueron puestos a disposición judicial en marzo pasado junto a tres personas más acusadas de haber obtenido 611.000 euros vendiendo un “falso medicamento” al que atribuían propiedades para curar el cáncer y utilizar las instalaciones universitarias tanto para sus investigaciones como para su síntesis. A los cinco detenidos se les imputó en suma un delito continuado de estafa agravado utilizando para ello una fundación sin ánimo de lucro. Según la agencia de noticias Europa Press llevaron a cabo además “campañas publicitarias en las que ensalzaban su milagroso producto anticancerígeno” y “realizaron distintas acciones en redes sociales con ‘hashtag’ -que lograron viralizar- con la finalidad de recaudar fondos para la investigación y publicitar su venta”. El producto en cuestión era el ácido hidroxioleico, patentado por la propia universidad balear y licenciado a la empresa Lipopharma que de hecho sería dado a conocer a la comunidad oncológica el 5 de junio durante la reunión anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) que tuvo lugar en Chicago corriendo la presentación a cargo de Analía Azaro, investigadora principal del Instituto de Oncología del Hospital Valle de Hebrón (Barcelona) cuyo trabajo hizo en colaboración con los dos catedráticos ahora absueltos. Presentándose pues en el foro mundial más importante de la Oncología porque según los ensayos posee “una actividad antitumoral muy prometedora” y carece de eventos adversos relevantes ingiriendo  hasta 12 gramos diarios, dosis a partir de la cual puede provocar problemas gastrointestinales leves. Según se explicó entonces había sido ya  testado en 54 pacientes con tumores avanzados que no respondían a los tratamientos de referencia, la mitad de ellos con gliomas cerebrales malignos en fase terminal (muchos con metástasis).

En pocas palabras, la afirmación repetida hasta la saciedad por la mayoría de los medios de comunicación de que se trataba de un “falso medicamento” al que se atribuían inexistentes  propiedades terapéuticas era FALSA.

Puestos en contacto con Pablo Escribá -miembro de nuestro Consejo Asesor- nada más saber que el juez había archivado el caso éste nos recordaría que ya hace meses aventuró el resultado porque todas las acusaciones eran falsas e iba a demostrarlo judicialmente.

“Alguien ha querido hacernos daño y lo ha conseguido porque aunque las acusaciones eran falsas algunos nos lincharon públicamente haciéndonos vivir una injusta y desagradable experiencia. Personas que tras meses de difundir todo tipo de especulaciones, rumores, medias verdades y mentiras ahora van a limitarse a sacar una breve nota diciendo que el caso se ha archivado, se olvidarán del daño hecho y ni siquiera pedirán disculpas. Es lamentable. En cuanto al producto me gustaría decir que estoy harto de leer y oír falsedades, especialmente sobre el ácido hidroxioleico. No es un placebo. Actualmente se investiga en ensayos clínicos como ‘verum’, es decir, como sustancia de investigación. En la propia web oficial del gobierno de Estados Unidos Clinicaltrials.org aparece el ensayo clínico que se inició en 2012 y finalizó con éxito en 2016. Es de libre acceso y cualquiera puede acceder a los detalles introduciendo simplemente “2-hydroxyoleic acid” -el nombre en inglés de la molécula- en la casilla de búsqueda. Además hay numerosos trabajos sobre ella desde 2001 -artículos de investigación, patentes, congresos científicos y médicos, artículos de divulgación, etc.- que demuestran su eficacia y seguridad farmacológica tanto in vitro como en modelos animales y en humanos. Es un producto de síntesis obtenido bajo las más estrictas normas de seguridad en unos laboratorios de Estados Unidos autorizados para ello e inspeccionados por la FDA”.

“Me ha molestado mucho igualmente que se dijera que el producto se publicitaba en Internet -añadiría Pablo Escribá- cuando todas las personas que contactaron con nosotros buscaron nuestros correos electrónicos o teléfonos personales. Contactaron ellos con nosotros y no al revés. Como me ha molestado  que algunos periodistas calificaran el producto de ‘supuesto medicamento’. Porque se trata de un medicamento auténtico reconocido por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Otra cosa es que el principio activo esté  además registrado como complemento alimenticio en la Unión Europea y notificada su comercialización en España como Oleate Plus siendo éste el que se publicitaba por la empresa que lo comercializa; lo que hacía rigiéndose por la legislación vigente en materia alimentaria”.

“No está de más recordar por otra parte –añadiría Pablo Escribá- que hoy los productos de consumo humano están regulados por tres marcos legales diferenciados: el farmacéutico (medicamentos), el alimenticio y el cosmético. Y que una misma sustancia -la vitamina A, el DHA, el ácido acético y centenares más- puede estar en los 3 ámbitos regulatorios. Por tanto si alguien comercializa cualquiera de ellas como complemento alimenticio no puede ser acusado por ello  de estar vendiendo un ‘falso medicamento’. Es un complemento alimenticio que puede venderse hasta en supermercados y herboristerías. Pues bien, el ácido hidroxioleico se comercializa legalmente desde hace tiempo como alimento aunque paralelamente se esté trabajando en su uso como medicamento. En suma, las personas que consiguieron el ácido hidroxioleico obtuvieron la materia prima directamente del fabricante añadiéndolo luego a la comida como si se tratara de otro lípido de amplio consumo en alimentación como la lecitina. Y eso es legal”.

Pablo Escribá agregaría: “Hubo asimismo periodistas que afirmaron que habíamos falsificado imágenes de tumores cerebrales reduciéndose gracias al producto ¡cuando son reales! En un porcentaje importante de pacientes con tumores cerebrales se han observado reducciones tras la administración de Minerval sin mediar ningún otro tratamiento. Y lo más frustrante es que esas imágenes nunca se emplearon con fines comerciales como se dijo. Circularon siempre en el seno de los ámbitos de investigación, publicaciones y congresos médicos y científicos”.

En definitiva, se ha intentado hacer pasar a unos investigadores españoles de prestigio internacional por unos desalmados que pretendían enriquecerse engañando a personas con cáncer desesperadas y nosotros tenemos claro que quienes lo hicieron carecen de dignidad y ética. Es intolerable que en un estado de derecho se hagan acusaciones tan graves sin pruebas y que tantos medios de comunicación se han eco de ellas de forma acrítica e irresponsable.