La “Biblia de la Psiquiatría”, desprestigiada por los propios psiquiatras

El pasado mes de mayo la Asociación Americana de Psiquiatría presentó en su convención anual la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales o DSM-5, considerado por la Psiquiatría oficial la “biblia” de los diagnósticos psiquiátricos y sus tratamientos. La principal novedad de este año no radica sin embargo en las escasas modificaciones que presenta respecto al DSM IV sino en el posicionamiento del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de Estados Unidos dado a conocer a través de un artículo titulado La transformación del diagnóstico escrito por su director, Thomas R. Insel, quien afirma que no debe ser considerado más un manual sino una especie de diccionario porque no es útil para afrontar los problemas de la ciencia cognitiva del siglo XXI dada la falta de eficacia de sus tratamientos.
A diferencia de las definiciones de la enfermedad isquémica del corazón, el linfoma o el SIDA –afirma en su texto- los diagnósticos del DSM se basan en un consenso acerca de conjuntos de síntomas clínicos y no en medidas objetivas de laboratorio. En Medicina eso equivaldría a crear sistemas de diagnóstico basándose ​​en la naturaleza de un dolor en el pecho o en la calidad de la fiebre; sin embargo el diagnóstico basado en los síntomas -común en otras áreas de la Medicina- ha sido sustituido en el último medio siglo en buena medida en cuanto entendimos que rara vez sugieren la mejor opción de tratamiento”.
Insel apuesta pues por un cambio radical en la investigación de los trastornos cognitivos y por un nuevo enfoque diagnóstico basado en la biología y no en la simple presunción de la Psiquiatría actual que se centra en una apreciación subjetiva de los síntomas. Y ello porque “los trastornos mentales son trastornos biológicos que involucran circuitos cerebrales que implican dominios específicos de la cognición, la emoción y la conducta”. De ahí que a su juicio el diagnóstico no puede estar limitado por las categorías actuales del DSM.
Es muy importante –señala al respecto- darse cuenta de que no podemos tener éxito si seguimos utilizando las categorías del DSM como ‘estándar de oro’. El sistema de diagnóstico tiene que basarse en los datos de la investigación y éstos no figuran en las categorías actuales basadas en síntomas. Es como decir que los electrocardiogramas no son útiles porque en muchos pacientes con dolor en el pecho no se reflejan en él cambios. Sin embargo es lo que llevamos haciendo décadas cada vez que rechazamos un biomarcador que no se corresponde con una categoría del DSM. Debemos empezar a tener en cuenta la aportación de la genética, de las imágenes y de los datos fisiológicos y cognitivos para valorarlos en conjunto en lugar de centrarnos sólo en los síntomas y poder llegar así al tratamiento más adecuado. Así pues el Instituto Nacional de Salud Mental reorientará su investigación fuera de las categorías del DSM”. 
Para lo cual se ha puesto ya en marcha el llamado proyecto Research Domain Criteria (RDoC) -Criterios de investigación de dominios– cuyo objetivo es sentar las bases de un nuevo sistema de clasificación de los trastornos mentales mediante la incorporación de la genética, la imagen, los circuitos cerebrales, las ciencias cognitivas y otros niveles de información.
“¿Y qué implica esto para los pacientes? –se pregunta Insel-. Pues que nos comprometemos a buscar nuevos y mejores tratamientos en la convicción de que eso sólo será posible desarrollando un sistema de diagnóstico más preciso. (…) Los pacientes y sus familias deben pues recibir este cambio como un primer paso hacia la ‘ medicina de precisión ‘, el movimiento que ha transformado el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Se trata nada menos que de un plan para transformar la práctica clínica investigando la mejor forma de diagnosticar y tratar los trastornos mentales”.
En suma, se trata de una iniciativa que puede suponer no sólo el principio del fin del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales y los diagnósticos basados en presunciones sino también el final de siglos de dolor provocado por la falta de entendimiento de los mecanismos biológicos subyacentes en el desarrollo de las emociones y comportamientos humanos. Nos congratulamos porque en esta revista hemos sido muy duros con la actual Psiquiatría y sus practicantes como el lector puede comprobar leyendo en nuestra web –www.dsalud.com– los numerosos artículos que hemos dedicado a este asunto.