La Comisión Europea propone eliminar el mercurio de los termómetros… pero no de las amalgamas

 

La Comisión Europea quiere eliminar el mercurio de los termómetros, tensiómetros, nanómetros y barómetros porque se trata de un metal muy tóxico tanto para las personas como para el ecosistema pero, paradójicamente, no dice nada de su uso en las amalgamas dentales. Los expertos calculan que anualmente se emplean 33 toneladas de mercurio para fabricar las mencionadas herramientas de medición, la mayor parte en los termómetros clásicos. El problema está en realidad en que cuando son desechados pueden transformarse en metilmercurio -su forma más tóxica- y ésta concentrarse en los desechos animales, especialmente en la cadena alimentaria acuática haciendo más vulnerable a toda la fauna marina. La sustitución se haría progresivamente.
No se entiende pues que no se prohíban las amalgamas y ellodemuestra -una vez más- el poder de las multinacionales farmacéuticas porque son ya muchos los países del mundo –desde Japón hasta Suecia pasando por Rusia- donde su uso está terminantemente prohibido por entender que está suficientemente demostrada su toxicidad. Y es que numerosos estudios indican que el mercurio es absorbido por el cuerpo y que, en su lento periplo hasta el cerebro –lugar en el que acaba almacenándose-, va provocando daños físicos en los distintos tejidos, órganos y sistemas humanos además de alteraciones psíquicas y emocionales de diverso tipo.
Recordemos que laamalgama es una aleación de mercurio con otro metal. Y las que se emplean en Odontología para empastar dientes y muelas se elaboran mezclando mercurio líquido (50% del volumen total) con plata (35%), estaño (13%), cobre (2%) y una pequeña cantidad de zinc. Sus defensores afirman que aunque es conocida la alta toxicidad del mercurio no existe riesgo para la salud porque el metal queda bloqueado indefinidamente dentro del diente reconstruido en el interior de la propia amalgama pero estudios llevados a cabo por sus detractores demuestran que en sólo 5 años un 30% del mercurio se ha evaporado de la amalgama por lo que, al menos, cabe la duda de que ese material de obturación dental sea tan estable como algunos defienden. ¿Y a dónde va ese volumen de mercurio “perdido”? Pues no muy lejos. Al parecer, el metal es reabsorbido por el propio cuerpo y, a través de la sangre y la linfa, recorre todo el organismo almacenándose en los tejidos y provocando daños. Y son de tal importancia esos daños que algunos de los científicos y toxicólogos que se han encargado de comprobarlos y evaluarlos han llegado a calificar su uso de “grave delito contra la humanidad”.