La epigenética –y no la genética- se postula como causa más importante de las enfermedades

Un equipo de investigadores franceses cuyo trabajo acaba de publicar Nature Genetics ha conseguido moscas Drosohila melanogaster con ojos de diferentes colores -blancos, amarillos y rojos- que transmiten esa cualidad a sus descendientes ¡sin modificar la secuencia de su ADN! Es decir, ¡epigenéticamente!, modificando simplemente la función de las proteínas polycomb que regulan la arquitectura tridimensional de los cromosomas. Llama además la atención que el fenómeno es reversible: basta cruzar las nuevas moscas con las antiguas para que los ojos de sus descendientes dejen de tener esos colores.

Hablamos de la llamada mosca del vinagre o mosca de la fruta, díptero braquícero que se alimenta de frutas en proceso de fermentación y se utiliza frecuentemente en experimentación genética por poseer solo cuatro pares de cromosomas y vivir entre 15 y 21 días.

Además han podido constatar que las condiciones ambientales -especialmente la temperatura- afecta a la expresión de la información epigenética en muchas generaciones sin afectar a su transmisión; todo indica pues que la epigenética -y no la genética- podría estar detrás de numerosas patologías humanas.