La flora intestinal, clave en el tratamiento del cáncer

Que la flora intestinal es clave en la salud no lo discuten hoy más que los ignorantes; es más, sin una correcta alimentación es difícil -por no decir imposible- recuperarse cuando se enferma, muy especialmente en casos de cáncer. Aunque a los médicos -y por tanto a los oncólogos- esto no se les explique ni en las facultades de Medicina. Pues bien, dos recientes estudios acaban de constatar que así acaece ¡hasta con los “modernos” tratamientos de la llamada Inmunoterapia del cáncer!

Como su propio nombre indica hablamos de tratamientos que simplemente pretenden activar el sistema inmune para destruir las células cancerosas habiendo ya tres “grupos”: uno que utiliza anticuerpos, un segundo que usa células y un tercero que emplea citoquinas. Los anticuerpos son proteínas que produce el sistema inmune para que se unan a su antígeno en la superficie de la célula infectada o enferma utilizándolos el organismo para combatir patógenos. Como se sabe, cada anticuerpo es específico para una o unas pocas proteínas siendo principalmente los utilizados en cáncer aquellos que se acoplan a los receptores CD20, CD274 (PD-L1) y CD279. Pues bien, cuando esos anticuerpos se unen a sus antígenos pueden inducir una respuesta inmune conocida como citotoxicidad dependiente de anticuerpos mediada por células (ADCC por sus siglas en inglés), activar el sistema del complemento o evitar que un receptor interactúe con su ligando lo que lleva a la célula maligna a la muerte. Son los casos de los anticuerpos monoclonales hoy aprobados Alemtuzumab, Ipilimumab, Nivolumab, Ofatumumab y Rituximab.

Las terapias basadas en células son las llamadas vacunas contra el cáncer. Lo que se hace es extraer células inmunológicas de la sangre del enfermo, cultivarlas en laboratorio, activarlas e inyectárselas. Hablamos de células asesinas naturales (NK por las siglas de natural killer), las células LAK (células NK activadas artificialmente por interleucinas-2 en laboratorio), los linfocitos T citotóxicos y las células dendríticas siendo Provenge la única terapia de este tipo aprobada y solo para tratar el cáncer de próstata.

En cuanto a las citoquinas son proteínas que mejoran la actividad antitumoral del sistema inmune  siendo las más utilizadas en la inmunoterapia del cáncer la interleucina-2 para tratar los melanomas y los carcinomas renales y el interferón-α para la tricoleucemia y la leucemia mieloide.

Agregaremos que la PD-1 es una proteína que se halla en la superficie de las células que puede inactivar los linfocitos T -de ahí que se la llame proteína de muerte celular programada 1– así que la idea es usar moléculas que inhiban su funcionamiento. Y de hecho ya hay inhibidores de la PD-1 aprobados para tratar el cáncer colorrectal.

Pues bien, como decimos dos trabajos acaban de constatar que la eficacia de la inmunoterapia con inhibidores de la PD-1 -la PD-L1 es uno de sus dos ligandos- depende del buen estado de la microbiota intestinal y ello en buena medida de que el enfermo ¡haya tomado o no antibióticos! Siendo eso la causa de que a veces los tratamientos den buenos resultados y otras no.

El primero de los trabajos lo ha efectuado un equipo del Instituto de Oncología Gustave Roussy de Villejuif (Francia) dirigido por Bertrand Routy y su objetivo fue evaluar si los antibióticos pueden comprometer la eficacia de esos inhibidores en pacientes con cáncer de pulmón y renal siendo la respuesta afirmativa. Es más, constataron que respondía mejor entre quienes tenían más cantidad de bacterias Akkermansia muciniphila.

Y el segundo trabajo lo hizo un equipo del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas de Houston (EEUU) coordinado por Vancheswaran Gopalakrishnan que quería evaluar lo mismo pero en pacientes con melanoma avanzado. Y de nuevo la respuesta fue afirmativa si bien las bacterias benéficas que mejoraban el tratamiento fueron en esa ocasión las de los géneros Faecalibacterium y Clostridiales y los que lo empeoraban las de la familia Bacteroidales.

Hasta aquí la noticia que demuestra que una flora intestinal benéfica mejora los tratamientos del cáncer con inhibidores de la PD-1. Por nuestra parte tenemos claro que mejorar el estado de la microbiota ingiriendo simplemente prebióticos y probióticos alimentarios mientras se sigue una dieta sana, alcalina, rica en vegetales y frutas crudas es mejor opción que intentar manipular el sistema inmune de esa manera. De hecho ninguna de las llamadas inmunoterapias del cáncer previene o cura el cáncer.