La industria ocultó durante décadas que el exceso de azúcar provoca problemas cardiovasculares

Lo ha constatado un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EEUU) coordinado por Cristin Kearns y Stanton Glantz cuyo trabajo acaba de publicarse en PLOS Biology según el cual la Sugar Research Foundation –hoy Sugar Association- financió en 1965 una “revisión” en el New England Journal of Medicine que descartaba la evidencia de que el azúcar eleva en el cuerpo el nivel de grasa y puede pues dar lugar a problemas cardiovasculares. Según explican la propia fundación realizó en 1970 estudios en ratas comprobando que su nivel de colesterol aumentaba cuando se les alimentaba con azúcar mucho más que si les daba almidón. Y además que se incrementaba el riesgo de padecer cáncer de vejiga. Y en lugar de informar de ello detuvo las investigaciones y no publicó sus resultados. Mentiras y manipulaciones que según afirman continúan hoy día mediante “trabajos” meramente propagandísticos dirigidos a sembrar dudas sobre la relación entre el consumo de sacarosa y las enfermedades crónicas.

La verdad sin embargo es que sobre el azúcar existen ya numerosos estudios publicados en revistas científicas según los cuales su consumo excesivo se ha asociado ya al crecimiento de las células cancerosas, a la inhibición del sistema inmune, a la alteración de las relaciones minerales, aumento de radicales libres, estrés oxidativo, deterioro de la homeostasis fisiológica de los sistemas corporales, daños en la estructura del ADN, inducción de muerte celular y -por increíble que pueda parecerle al lector- a ansiedad, somnolencia, problemas de concentración, disminución de la capacidad de aprendizaje, mal humor, inestabilidad emocional, mareos, dolores de cabeza -incluyendo migrañas, alteración de la capacidad de pensamiento, comportamiento antisocial, depresión, alzheimer, parkinson, empeoramiento de los síntomas del déficit de atención con hiperactividad (TDAH), ataques epilépticos, daños en la vista, cataratas, ceguera, gota, desequilibrios hormonales, aumento de los niveles de colesterol total y triglicéridos, indigestión, mala absorción intestinal, enfermedad de Crohn, colitis, ulceras, sobrepeso, obesidad, caries, enfermedades periodontales, artritis, asma, esclerosis múltiple, hipoglicemia reactiva, envejecimiento prematuro, crecimiento incontrolado de la candida Albicans, cálculos biliares, apendicitis, hemorroides, venas varicosas, osteoporosis, disminución de la sensibilidad a la insulina, diabetes, déficit de vitamina E, aumento de la presión arterial sistólica, aumento de los productos finales de glaciación avanzada (moléculas de AGEs), alergias alimenticias, toxemia durante el embarazo, eczema en niños, aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares, pérdida de elasticidad del tejido fino, alteración permanente en las proteínas del cuerpo, envejecimiento de la piel con cambios en la estructura del colágeno, enfisema, bajada de la capacidad de las funciones enzimáticas, aumento del tamaño de los riñones y el hígado, hígado graso, piedras en el riñón, daños en el páncreas, retención de fluidos corporales, debilitamiento del revestimiento capilar, debilitamiento de los tendones, retraso de la capacidad de las glándulas suprarrenales, enfermedades degenerativas crónicas, aumento del riesgo de polio y deshidratación en recién nacidos

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