La intoxicación por plomo durante la gestación y la infancia da lugar a personas más agresivas 

 

La intoxicación durante la gestación y la infancia por plomo -metal pesado con el que durante muchos años se fabricaron las tuberías que llevaban el agua hasta las casas y se usaba en otros muchos productos, juguetes incluidos- da lugar a personas notablemente más agresivas. Así ha podido constatarlo un equipo de investigadores dirigido por el profesor Kim Dietrich en la Universidad de Cincinnati (EEUU) tras seguir durante treinta años a 300 personas cuyo grado de concentración en sangre durante la infancia era mayor de la habitual. Para Dietrich su investigación demuestra que “la reducción del plomo ambiental es fundamental para conseguir reducir la tasa de crímenes violentos” agregando que “identificar los factores de riesgo que pueden propiciar una vida criminal desde la infancia debería ser pues una prioridad de salud pública”.
Hablamos de un metal que se ha ido retirando progresivamente pero aún se encuentra en cerámicas, pinturas antiguas y muebles viejos cuyo desgaste hace que finalmente se desprenda de ellos. Hoy se sabe que además de al cerebro -afecta fundamentalmente al aprendizaje, al lenguaje, a la memoria visual, a la memoria verbal, a la velocidad de procesamiento, a la función ejecutiva y a la coordinación ojo-mano- el plomo puede dañar los riñones, incrementar la presión sanguínea y disminuir la fertilidad en los hombres. Puede producir incluso una reducción de un 1% de la masa gris del cerebro afectando especialmente a la corteza angular inferior, responsable de funciones como la regulación del estado de ánimo o la toma de decisiones. Siendo el problema más habitual en los hombres que en las mujeres.
Cabe añadir que ya en el número 88 de la revista dimos a conocer un estudio con 991 personas de entre 50 y 70 años que se efectuó en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos) y apareció en Neurology según el cual el plomo afecta negativamente al cerebro envejeciéndolo.