La inutilidad de la vacuna de la gripe

 

La vacuna de la gripe no protege de la gripe. Es más, genera problemas en los vacunados, especialmente en niños y personas de más de 65 años. Una evidencia que quienes la defienden intentan contrarrestar arguyendo que el virus de la gripe muta muy a menudo y por eso cada año hay que desarrollar una nueva vacuna, táctica que les permite asegurarse de que no haya estudios epidemiológicos prolongados sobre una vacuna concreta y poder argumentar igualmente, cuando el fracaso algunos años es tan evidente, que “en esa ocasión” no se ha conseguido la vacuna más adecuada pero se trata de una “excepción”. La verdad, sin embargo, es que la vacuna de la gripe es más una cuestión de marketing publicitario que un producto útil a la hora de prevenirla. Por tanto, que las autoridades sanitarias sigan haciendo el juego a quienes las venden es una vergüenza.
Hasta The Lancet ha decidido ya denunciarlo parcialmente. Hace sólo unas semanas afirmaba que los niños en Estados Unidos y Canadá estaban siendo vacunados contra la gripe sin que hubiese evidencias de la eficacia real de la vacuna.
Tom Jefferson–de Cochrane Vaccines Field Italia– llegó a afirmar por su parte -tras evaluar 25 estudios comparativos sobre su eficacia- que no habían encontrado “evidencia convincente” de que las vacunas reduzcan la posibilidad de contagio, las complicaciones serias, los ingresos hospitalarios o la mortalidad en niños. Y Lone Simonsen, epidemióloga del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Bethesda (Maryland, EEUU), ha reconocido que “vacunar a ancianos contra la gripe no ha salvado ninguna vida”. Afirmación que hizo tras estudiar la información recopilada en Estados Unidos durante tres décadas.
A pesar de lo cual desde nuestro ministerio de Sanidad seguirán animándonos cada año a vacunarnos, especialmente en el caso de los niños y de las personas mayores de 65 años. Nosotros, evidentemente, no estamos de acuerdo.