La Merck Sharp & Doohme se querelló contra un farmacéutico que la acusó de cometer “fraude científico”

 

Acaba de celebrarse en enero la vista oral por la querella que la multinacional Merck Sharp & Doohme (MSD) presentó contra el prestigioso farmacéutico Joan Ramón Laporte porque éste, en el número correspondiente a julio-septiembre del 2002 del Butlletí Groc (Boletín Amarillo) que publica el Instituto Catalán de Farmacología, calificó de “fraude científico” los ensayos para la aprobación del Rofecoxib, el antiinflamatorio estrella de la compañía.
Y eso que Laporte, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, jefe del Servicio de Farmacología del Hospital Vall d,Hebron de Barcelona y miembro destacado del Comité de Medicamentos Esenciales de la OMS además de director del mencionado Instituto Catalán de Farmacología se limitó en su artículo a resumir las críticas aparecidas en revistas científicas del nivel de The Lancet y British Medical Journal.
Las críticas vertidas en el artículo no sólo se referían al Rofecoxib sino también al Celecoxib que comercializa la multinacional Pfizer pero ésta ha preferido guardar silencio.
Lo que a la Merck Sharp & Doohme le ha molestado son los comentarios que el ahora denunciado hizo en el apartado Intereses comerciales a expensas de la salud de los pacientes porque en él afirma que “la evaluación y financiación de estos fármacos se basaron en la información falseada presentada en la Agencia Europea del Medicamento” y además criticó “la manipulación de los resultados científicos” así como “las irregularidades que rodearon la publicación de los estudios”.
Es más, Laporte decía en su artículo que la publicación de los nuevos datos de los estudios de toxicidad de Celecoxib y del Rofecoxib cuestiona el supuesto beneficio de los AINE inhibidores selectivos de la COX-2 y sugería la necesidad de hacer estudios independientes y bien diseñados a largo plazo que evaluaran la efectividad real de esos fármacos.
“Los intereses comerciales obvios que conducen a manipular los resultados científicos y desatender la salud de los pacientes-llegó a afirmar- mina la confianza en el rigor y la calidad científica de los datos publicados. Las graves transgresiones éticas en el diseño, el análisis y la publicación de estos resultados obligan a replantear las medidas de vigilancia en el seguimiento y la difusión de los resultados de la investigación clínica".
Laporte agregaría que “más del 70% de los ensayos realizados en los hospitales Vall d´Hebron y Clínic de Barcelona no llega a publicarse porque no son favorables a los fabricantes”.
Joan Ramón Laporte ha recibido cientos de firmas de apoyo, entre ellas la de un catedrático estadounidense de Farmacia que es accionista de la propia Merck y que no ha dudado en calificar la demanda de “vergüenza”. También la Sociedad Internacional de Boletines de Medicamentos, la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y el Colegio de Médicos de Barcelona le ha mostrado su solidaridad.
Nos congratula que haya cada vez más gente que, harta de la tiranía impuesta por las multinacionales farmacéuticas en el ámbito de la salud, se niegue a seguir callando.