La Organización Médica Colegial pretende decidir de qué webs con información sanitaria hay o no que fiarse

 

Como actualmente existen ya más de 50.000 webs en Internet con información sanitaria y la gente tiene cada vez más acceso a información que no le gusta nada a la industria farmacéutica y a los médicos que se rigen por la llamada Medicina alopática, convencional, ortodoxa o farmacológica -y que algunos han querido rebautizar como Medicina Científica para intentar que vuelva a recuperar el prestigio perdido- el director de la Unidad Tecnológica de la Organización Médica Colegial (OMC), Joan Camps, ha propuesto crear "un sistema de certificación de referencia" cuya intención es que la gente sepa de qué páginas debe fiarse y de cuáles no. Así que han creado un "servicio" llamado Acreditación de Contenidos Sanitarios en Internet (ACSI) que se traduce en una autorización para las webs cuyos contenidos coincidan con lo que ellos piensan y postulan para que puedan lucir un sello que así lo indique. Y para ello han elaborado un "protocolo de acreditación" basado "en estándares internacionales reconocidos como el Dublin Core" del que se encargará "un equipo de acreditadores escogido, todos ellos médicos". Vamos, un nuevo comité de censores que decidirá lo correcto y lo incorrecto ¡en pleno siglo XXI! Eso sí, se ha presentado de forma aparentemente ecuánime y objetiva ya que dicen que para acreditar un sitio tendrán en cuenta "la calificación de los profesionales que elaboran los contenidos y atienden a las consultas, los criterios éticos que rigen las políticas de las entidades, el cumplimiento de las leyes relativas a la protección de datos personales y al secreto profesional, la actualización de contenidos y la identificación de responsabilidades civiles y penales". Y para que quede claro pretenden incluir una relación con las webs "no recomendables".
Lo patético es que quienes han desarrollado este invento son quienes reconocen abiertamente no tener la más remota idea de las causas de las miles de enfermedades que tienen catalogadas -salvo quizás las infecciosas- y además no saben curarlas. Más que patético, tragicómico.