La Unión Europea regalará 370 millones de euros a la industria farmacéutica y a sus adláteres

La Comisión Europea anunció a finales de 2103 que iba a entregar al Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (FMLSTM) 370 millones de euros para el período 2014-2016; cuarenta millones más de los entregados para el período 2011-2013. ¿Y qué es el FMLSTM? Pues una asociación público-privada que vive del cuento con el dinero de los contribuyentes y se dedica a subvencionar tratamientos antirretrovirales a "los afectados por el virus VIH-sida" -unos 6 millones en todo el mundo según dicen- así como fármacos a los afectados de malaria y tuberculosis. Una actividad gracias a la cual -dicen en su propaganda- "el número de muertos por sida de redujo en 2011 hasta los 1,7 millones tras alcanzar un máximo de 2,2 millones de fallecidos a mediados de esta última década". Agregando que en ese tiempo se  han detectado 11,2 millones de nuevos casos  de tuberculosis infecciosa que fueron tratados de los que 1.400.000 millones murieron en 2011. Por lo que se refiere a la malaria el dinero destinado a esa patología se gastó básicamente en enviar a países tropicales ¡360 millones de mosquiteros impregnados de insecticida! para "prevenir infecciones". Y eso que según aseveran  hay en el mundo solo 3,3 millones de personas en riesgo de infección. Sin comentarios.
En suma, una estafa más para tratar a personas a las que se les ha convencido de que tienen SIDA cuando tal patología es una invención cuyo presunto virus responsable -el VIH- jamás ha sido aislado -como hemos explicado y denunciado muchas veces- así como para vender fármacos ineficaces (cientos de millones de mosquiteros aparte fabricados por personas que se están enriqueciendo con ellos y cuyos nombres deberían revelarse). Vamos a ser rotundos y claros: el  Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (FMLSTM) es solo uno más de tantos organismos creados por gente que sabe que el sufrimiento ajeno provoca solidaridad y la sociedad asume que debe destinarse dinero a ayudar a quienes sufren. Dinero que, por supuesto, termina sin embargo mayoritariamente en los bolsillos de quienes crearon tales entidades falsamente humanitarias.