La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano relacionada de nuevo con la muerte de una niña y problemas graves en otra

 

El pasado 28 de septiembre la prensa británica informaba de la muerte de una niña de 14 años, Natalie Morton, pocas horas después de recibir una dosis de Cervarix, una de las dos vacunas comercializadas contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). Y una vez más las autoridades sanitarias, allí como aquí, enviaron balones fuera y se negaron a reconocer que algo está ocurriendo con tales vacunas. A las pocas horas afirmaban que según los resultados de la autopsia la causa de la muerte fulminante había sido un tumor que podría haberla matado en cualquier momento. Aunque no encontraron razón que justificase por qué pasó en ese preciso momento, tras recibir la vacuna, cuando aparentemente su muerte no parecía ni mucho menos previsible.
Aprovechando sin embargo el caso la prensa daba a conocer que en octubre del año pasado otra niña, Ashleigh Cave, había sufrido una misteriosa enfermedad que comenzó a manifestarse a los 30 minutos de habérsele inyectado la vacuna y que le provocó una parálisis de cintura para abajo con padecimientos muy parecidos a los que sufrieron algunas de las niñas que hoy forman parte de la Asociación Española de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) y coincidentes con varios informes de los registrados como efectos secundarios graves de esa vacuna en el VAERS (registro norteamericano de los efectos secundarios derivados de las vacunas). Ashleigh, que tiene ahora 13 años, se ha pasado casi la totalidad de los últimos 12 meses en el hospital. Su madre, Cheryl Cave, declararía a un diario británico: "He estado intentando durante un año conseguir que el sistema nacional de salud admita que existe un grave problema con estas inyecciones pero ellos lo niegan. Hoy miro a Ashleigh cada día y me siento culpable de haber firmado el formulario de consentimiento”.
Y es que como en el caso de los cientos de miles de familias que en España han decidido vacunar a sus hijas le faltó información veraz y fiable para poder decidir con libertad. Porque también aquí las autoridades sanitarias, en una actitud incalificable, además de ocultar los datos evidentes sobre la falta de seguridad y eficacia de la vacuna se han cuidado mucho en ocultar que algunos de los componentes que llevan están sometidos a intensa controversia científica por su posible toxicidad.
Las dos vacunas comercializadas en España para el Virus del Papiloma Humano contienen hidróxido de aluminio -considerado por muchos investigadores neurotóxico aunque venga siendo utilizado asiduamente en numerosas vacunas- y una de ellas, Cervarix, lleva además como adyuvante escualeno, sustancia que algunos científicos relacionan con severas reacciones autoinmunes.
Bueno, pues lo advertimos una vez más: esas dos sustancias –y otras potencialmente peligrosas- están igualmente presentes en las vacunas para la gripe A.