La vitamina E ayuda en el alzheimer

Un estudio dirigido por el investigador de la Universidad de Yale Peter Guarino que acaba de publicarse en JAMA demuestra -de nuevo- que la ingesta de alfatocoferol (vitamina E) en altas dosis -2.000 IU diarias- frena el deterioro cognitivo en el alzheimer incipiente y que su ingesta es segura; lo ha constatado en un trabajo con 613 pacientes de alzheimer que estaban a tratamiento con inhibidores de la colinesterasa.
La verdad es que la propia Sociedad Americana de Psiquiatría recomendaba hace años altas dosis de vitamina E tras comprobarse en 1997 que disminuye la progresión del alzheimer –el trabajo apareció en New England Journal of Medicine- pero dejó de hacerlo cuando en 2005 se publicó en Annals of Internal Medicine un metaanálisis posterior titulado La suplementación a altas dosis con vitamina E podría incrementar la mortalidad por todas las causas según el cual la ingesta a diario de más de 400 UI parece aumentar el riesgo de mortalidad, aseveración discutible porque en las conclusiones del propio trabajo se reconoce que los ensayos analizados se hicieron con pocos pacientes y todos padecían patologías crónicas por lo que “la generalización de los resultados a los adultos sanos es incierto”. De hecho en su trabajo Peter Guarino no ha detectado ese potencial riesgo a pesar de dar a sus pacientes una dosis ¡noventa veces superior! a la máxima diaria recomendada que está entre 15 y 20 mg (de 22.4 UI a 30 UI).
Agregaremos que en marzo de 1988 se publicó en Journal of National Cancer Institute otro trabajo que sugería que altas dosis de vitamina E ayudan en el cáncer de próstata.
El término vitamina E engloba en realidad a varias sustancias denominadas tocoferoles de la que la más activa biológicamente es el alfatocoferol pero sépase que es más potente en su forma natural (D-alfatocoferol) que en la sintética (L o DL-alfatocoferol). Y al ser liposoluble no es tóxica si bien parece que podría ser perjudicial en caso de enfermedad reumática del corazón. Dato que ofrecemos porque los investigadores suelen obviar explicar si los productos que utilizan son naturales o sintéticos.
En cuanto a las causas más corrientes del déficit de vitamina E son el cloro que se echa hoy al agua potable y los aceites rancios porque ambos la destruyen. Por lo que a los alimentos se refiere diremos que se encuentra sobre todo en los aceites vegetales, las pipas de girasol, los cereales completos, las alubias de soja, los tomates, el germen de trigo, las espinacas, el brécol, las coles de bruselas y los huevos.