Las grasas saturadas reducen la sensibilidad a la insulina

El sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares son patologías que se achacan principalmente a la ingesta de grasas saturadas aduciéndose que su exceso reduce la sensibilidad a la insulina y lleva a tener hígado graso. Pues bien, según un equipo de investigación conjunto del Deutsche Diabetes-Zentrum (DDZ) y el Helmholtz Zentrum München (HMGU) -ambos en Alemania- el aceite de palma lo hace con mucha mayor rapidez incluso ingiriendo una cantidad moderada. Grave problema porque hoy el aceite de palma está presente en  numerosos productos: helados, margarinas, natillas, pizzas, sopas, pastas, cremas, coberturas, bollería, snacks, pasteles, galletas, chips, aperitivos, precocinados…

El trabajo se ha publicado en Journal of Clinical Investigation y lo que se hizo fue dar simplemente a hombres sanos y delgados una bebida que contenía la cantidad de aceite de palma que suele tener un par de hamburguesas, una ración de patatas fritas en ese aceite o dos pizzas bastando eso para que sus análisis ¡fueran similares a los de personas con diabetes tipo 2 o esteatosis hepática no alcohólica! A Michael Roden, uno de los autores del trabajo, le sorprendió que bastase una sola toma pequeña de aceite de palma para que una persona sana se viera tan rápidamente afectada y se desencadenara “resistencia a la insulina” pero lo constataron valorando el almacenamiento de grasa en el hígado mediante espectroscopia de resonancia magnética.

Y es que el aceite de palma tiene de un 40% a un 48% de ácidos grasos saturados -principalmente palmítico-, de un 37% a un 46% de ácidos grasos monoinsaturados -principalmente oleico- y un 10% de ácidos grasos poliinsaturados. Procure pues no ingerir ni ese aceite ni los productos que lo llevan.