Lo que es saludable para una persona puede enfermar a otra

Lo hemos dicho a menudo: cada persona es un mundo y nadie reacciona igual al entorno; a todos los niveles. El deporte que a algunos beneficia a otros les perjudica; y quien dice el deporte dice la comida, la bebida, los textiles, los productos de higiene personal, los de limpieza, los antibióticos o los conflictos psicoemocionales. De hecho hay gente a la que muchas frutas les sientan fatal y a otros las verduras, los frutos secos, el marisco o la carne. No puede pues hablarse en general de alimentos saludables y dañinos aunque sí pueda decirse que algunos lo son -en uno u otro sentido- para una mayoría más o menos cualificada. Y ello explica los resultados de un reciente estudio del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel coordinado por Eran Segal y Eran Elinav -acaba de publicarse en Cell- según el cual cada persona metaboliza los alimentos de forma diferente y lo que es bueno para uno puede ser malo para otro.

Lo han constatado tras evaluar durante una semana los niveles de azúcar en sangre de 800 voluntarios mediante análisis de sangre -a las dos horas de consumir el desayuno y valorar lo que se denomina "respuesta de glucosa postprandial"- y el estado de su microbioma analizando las heces porque cada vez más trabajos sugieren que las bacterias intestinales están asociadas a la obesidad, la intolerancia a la glucosa y la diabetes. Entre los voluntarios hubo por ejemplo una mujer a la que se le disparaba el nivel de glucosa en sangre ¡tomando tomates!; pasándole varias veces a lo largo de la semana que duró el estudio.

"Este estudio de cohorte demuestra lo inexactos que estamos siendo respecto a la influencia de lo que comemos y cómo la nutrición es mucho mejor medio para controlar el exceso de azúcar en sangre que da lugar a la diabetes y otras enfermedades que los tratamientos convencionales", afirmaría Elinav. Añadiendo: "Hubo una amplia variabilidad de respuestas ante comidas idénticas; algunas personas no mostraron por ejemplo cambios en su nivel de glucosa tras ingerir pan mientras en otras subió claramente. Y en algunas subió más ingiriendo pan con mantequilla que pan solo contradiciendo la creencia popular de que añadir grasa a los carbohidratos simples permite controlar la subida de azúcar en sangre".

De hecho los investigadores fueron capaces tanto de reducir los niveles de azúcar en sangre tras las comidas y de alterar la microbiota intestinal de 26 voluntarios… ¡personalizando simplemente sus dietas! El Dr. Segal anunciaría finalmente que iban pues a iniciar una serie de estudios para comprobar los efectos a largo plazo de la nutrición en la diabetes, el peso y el hígado graso no alcohólico de las dietas personalizadas.