Los anticonceptivos más “modernos” son también más peligrosos


Los ginecólogos franceses niegan estar al servicio de la industria farmacéutica

1.293 ginecólogos franceses agrupados en la Sociedad Francesa de Ginecología han firmado un documento en el que afirman no estar “vendidos” a la industria farmacéutica. “Todos nosotros trabajamos por el bien común de las mujeres, al igual que la industria farmacéutica, respetando la ley y la ética médica y con absoluta transparencia. Por tanto, ni nos han comprado ni nos hemos vendido”. Es su respuesta al reportaje que con el título Investigación: médicos relacionados con los laboratorios publicó el periodista Pascale Krémer en el diario Le Monde, texto en el que éste aportaba documentación que demostraba las relaciones e intereses económicos que hay entre los responsables de los servicios ginecológicos de varios hospitales y los laboratorios que comercializan los actuales anticonceptivos de segunda y tercera generación –como la llamada píldora del día después- y que el país galo va a prohibir que se prescriban como primera opción al estar constatado que “tienen unos riesgos cardiovasculares para la salud mucho mayores que las píldoras de segunda generación multiplicando por cuatro el riesgo de sufrir trombosis, embolias, flebitis, ictus o infartos. Philippe Even, profesor emérito en la Universidad Paris Descartes y antiguo miembro de la comisión científica del Ministerio de Sanidad, aseguró por su parte que “aunque tienen el mismo efecto que las de segunda generación son infinitamente más perjudiciales ya que pueden provocar una embolia pulmonar que termine en muerte”.
Así que aunque los ginecólogos niegan hacer “una prescripción excesiva” de los mismos la Ministra de Sanidad francesa, Marisol Touraine, pretende que éstos tengan a partir de ahora que justificar siempre su receta. Y es que la Agencia Nacional de Seguridad Farmacológica (ANSM) asevera que sólo en 2012 se reportaron ¡133 casos de embolia y 122 ictus cerebrales tras consumirlos! Lo que para esos ginecólogos es “una cifra muy baja”.
 La Agencia Europea del Medicamento (EMA) también ha decidido revisar los datos disponibles sobre los anticonceptivos de tercera y cuarta generación -es decir, aquellos cuyos principios activos son desogestrel, gestodeno o drospirenona– a fin de evaluar su seguridad real. En España, incomprensiblemente, la mayoría de ellos incluso los financia el estado.