Los antioxidantes, claves para tratar el cáncer

Shazib Pervaiz, miembro de la Universidad Nacional de Singapur, está convencido de que el cáncer puede combatirse con antioxidantes. Así acaba de plantearlo en un seminario celebrado en el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba corroborando otras tesis en tal sentido.
Como nuestros lectores recordarán el mes pasado –correspondiente al nº 139- publicamos un artículo con el título Científicamente constatado: los antioxidantes permiten prevenir y tratar el cáncer en el que explicábamos que un equipo de investigadores del Centro Kimmel Cancer Center de Jefferson (Filadelfia, EEUU) había conseguido la prueba genética de que el estrés oxidativo mitocondrial impulsa el crecimiento tumoral y de que los antioxidantes pueden ayudar a prevenir y tratar el cáncer. Contando que se había demostrado que la pérdida de caveolina-1 –proteína supresora tumoral- induce estrés oxidativo mitocondrial iniciando un proceso que favorece la proliferación de células cancerígenas… al menos en la mayoría de los casos de cáncer de mama. Michael P. Lisanti, director de la investigación, señalaría que una de las próximas metas debería ser pues elaborar fármacos que tengan como objetivo ese tipo de estrés oxidativo destacando la importancia para ello de antioxidantes que ya se comercializan como la N-Acetil Cisteína(NAC), la Glutatión Peroxidasa(GPX), la Superóxido Dismutasa(SOD), la Catalasa (CAD) o el Ácido Alfa Lipoico (ALA).
Pues bien, Shazib Pervaiz lo corrobora ahora asegurando que los radicales libres son causa del avance del cáncer y los antioxidantes pueden eliminarlos. Más concretamente, que el exceso de superóxido puede equilibrarse con peróxido de hidrógeno. “El anión superóxido –aseguraría-promueve el cáncer y el peróxido de hidrógeno lo reduce". Agregando: "Cuando sube el nivel de antioxidantes baja el nivel de radicales libres que hacen que la célula cancerosa viva". Shazib Pervaiz añadiría que a su juicio los mejores antioxidantes son tres: la superóxido dismutasa, la glutatión peroxidasa y la catalasa, precisamente tres de las enzimas también identificadas por el equipo de Lisanti.
Como el lector sabe el oxígeno (O2) tiene la posibilidad de captar o desprenderse de electrones dando lugar a diversas formas de oxígeno activo: el superóxido (02) -anión que se forma cuando una molécula de oxígeno capta un electrón-, el peróxido de hidrógeno (H2O2) o “agua oxigenada” –que se forma cuando el superóxido capta 2 protones-, el hidroperóxido (HO2) –radical que se forma cuando el O2 se une a un protón- y el hidroxilico (OH)–radical que aparece cuando el peróxido de hidrógeno se une al superóxido-. Pues bien, debemos explicar que la ingesta controlada de peróxido de hidrógeno -o agua oxigenada- de grado alimentario diluida -¡ojo!, no se confunda con el “agua oxigenada” desinfectante que se vende en las farmacias para limpiar heridas- es por eso útil en cáncer y otras patologías. Y la ingesta de vitamina C porque -como ya hemos explicado en otras ocasiones- su ingesta produce precisamente en el organismo ese mismo peróxido de hidrógeno.