Los ataques de ira dañan las arterias

 

Redford Williams, profesor de la Universidad norteamericana de Duke, ha publicado un libro titulado “La ira mata” según el cual los ataques de rabia aumentan mucho los niveles de presión sanguínea y pueden llegar a producir pequeñas y continuadas rasgaduras en la parte interna de las arterias que nutren el corazón. Si los ataques son habituales se impide que el organismo pueda reparar los vasos y ello puede llevar a un momento en el que un simple enfado provoque un infarto.
Tener ataques de rabia crónicos puede además disminuir la resistencia del cuerpo a las infecciones llegando incluso a hacer a la persona más propensa a desarrollar un cáncer. El resentimiento que alarga el sentimiento de rabia provoca que la tensión siga alta; en cambio, perdonar y olvidar la causa del enfado lleva a niveles arteriales normales y resulta beneficioso para la salud.
Tradicionalmente, los ataques de ira se consideran algo propio del sexo masculino pero un estudio del sociólogo John Mirowsky -de la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.)- asegura por su parte que este sentimiento lo experimentan con una frecuencia un 30% superior las mujeres. Los ataques de ira en las féminas suelen estar relacionados con la responsabilidad de la educación de los hijos. Hoy día criarlos sigue siendo una tarea femenina en el 70% de los casos.