Los oncólogos continúan despistados


Reclaman un Plan Nacional de Cáncer  

Más de 250 expertos españoles en Oncología Médica –según datos de los organizadores- se reunieron en febrero en Madrid  para plantearse cuáles son los tratamientos médicos más adecuados para tratar el cáncer hoy día.
Una reunión en la que se pidió al Gobierno la creación de un Registro Nacional de Tumores, algo que en opinión de Eduardo Díaz Rubio, catedrático y jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario San Carlos de Madrid y uno de los organizadores del evento, “permitiría conocer con exactitud la incidencia y mortalidad de los diferentes tumores, los resultados en términos de curación y la supervivencia de los pacientes, las diferencias entre hospitales, su competencia, los efectos secundarios de los tratamientos y su costo".
Los especialistas también presentaron una serie de propuestas para mejorar la Oncología Médica en nuestro país con una formación más especializada, la creación de áreas de capacitación y una mayor participación en la investigación clínica. Además, reclamaron el apoyo oficial a los grupos cooperativos.
Durante tres días los oncólogos abordaron también los últimos avances a la hora de tratar los cánceres más frecuentes -pulmón, mama, colon y ovario- intentando unificar criterios sobre el tratamiento estándar que debería aplicarse en cada uno de ellos.
Destaca igualmente entre las conclusiones el convencimiento de que el tratamiento del cáncer debería hacerse con un enfoque multidisciplinar. Es decir, que deberían ser especialistas de distintos campos quienes valoraran los casos en sesiones clínicas conjuntas para, luego, desarrollar protocolos y guías de tratamiento individualizados. Un trabajo en equipo que –aseguran- “evitaría desviaciones en los enfoques terapéuticos” contribuyendo así a una medicina más segura.
Igualmente se apostó por la especialización de los oncólogos; es decir, la existencia de oncólogos dedicados en exclusiva al cáncer de pulmón, al de mama, al de colon, etc. (a juicio de esta revista, una propuesta sin sentido).
Se destacó asimismo la necesidad de aumentar los recursos humanos en los próximos años, de estimular la uniformidad de criterios para el tratamiento del cáncer en sus diversas localizaciones y de homologar los criterios clínicos-terapéuticos en el diagnóstico y en el tratamiento.
En cuanto al futuro, éste apunta –dijeron- hacia el desarrollo de tratamientos individualizados que llevarán a pasar de los análisis clínicos a los análisis moleculares en los que el conocimiento del comportamiento de los genes permitirá un estudio más personalizado y un tratamiento más individualizado. En este sentido, los expertos aseguran que el estudio del nivel de expresión de ciertos genes o de sus proteínas así como el análisis de polimorfismos del DNA permitirá un tratamiento a la medida más eficaz y con menores efectos secundarios. Por último, se manifestó la enorme esperanza que hay puesta en los nuevos productos que se están investigando en todo el mundo, especialmente los que podrían actuar a nivel molecular y genético.
Hasta aquí la noticia. Por nuestra parte, no podemos dejar de  comentar que lo dicho en esa reunión revela en realidad el desolador panorama en que se encuentra el tratamiento del cáncer en España (y en el mundo). Porque los hechos, que hemos denunciado muchas veces, son los siguientes: en nuestro país no hay estadísticas fiables a nivel nacional en lo que al cáncer se refiere. No hay datos globales a nivel estatal, sólo extrapolaciones. No puede pues ni saberse qué tratamientos son realmente efectivos. Se ignora incluso el grado de supervivencia de los enfermos, especialmente después de cinco años. Ni es posible determinar la eficacia real de la quimioterapia. Asimismo, se desconoce si la radioterapia tiene alguna utilidad en los cánceres no superficiales; y, en el caso de que sean positivos los resultados, a costa de qué, es decir, con qué efectos yatrogénicos.
Por otra parte, nos congratula que los oncólogos reconozcan que el cáncer debe ser tratado de forma multidisciplinar. Claro que ese reconocimiento viene obligado por sus escasos logros. Lo malo es que no hay un reconocimiento explícito de la importancia de los factores emocionales y psicológicos no ya durante la fase de tratamiento sino durante la fase de aparición del cáncer. Parece que los oncólogos siguen sin aceptar que el cáncer pueda desarrollarse como consecuencia de shocks traumáticos inesperados vividos en soledad aunque las evidencias lo demuestren. Y eso que bastaría con que interrogaran a sus pacientes para cotejarlo. ¿Por qué no lo hacen si tan seguros están de que no es así?
No. Nuestros expertos oncólogos siguen dándonos sólo esperanzas de futuro. Como hace una, dos, tres o cuatro décadas. Esperanzas en que un día aparecerá un fármaco que…; o un sofisticado aparato que destruya el cáncer sin afectar a las células sanas; o una milagrosa terapia genética; o… Cualquier cosa, en suma, menos aceptar que su planteamiento de partida sobre el cáncer pueda estar equivocado. Y, consecuentemente, el tratamiento a aplicar. Y mientras, la gente sigue muriendo. Eso sí, gracias a esos enfermos otros pueden vivir. Algunos muy bien, por cierto. A fin de cuentas, el cáncer es hoy toda una industria que da de vivir a millones de personas. Y eso explica muchas cosas.