Los oncólogos quieren controlar ahora el uso en cáncer de las terapias y productos naturales

Los oncólogos, preocupados porque sus tratamientos no funcionan y la gente empieza a decantarse por las terapias naturales o a complementar lo que ellos ofrecen con éstas, han decidido ocuparse de ellas en sus web en un intento de controlar la información para pontificar sobre lo que es correcto o no. Lamentable intento. De hecho quieren que todo paciente que esté siendo tratado por un oncólogo consulte necesariamente con él antes de tomar producto alternativo alguno. Una mera estrategia para saber qué productos naturales son los que hacen parecer a veces a los quimioterápicos útiles porque son conscientes de que la inmensa mayoría de los enfermos de cáncer los toma sin decírselo aunque ellos admitan que tal cosa solo lo hace entre un 25 y un 30%. La iniciativa la encabezan los doctores Juan Jesús Cruz -presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)- y Pedro Pérez Segura -coordinador del Grupo de Trabajo SEOM de Prevención y Diagnóstico Precoz-. Éste pondría como ejemplo de problema la ingesta de zumos de naranja y pomelo así como los productos compuestos por piel de uva a dosis elevadas porque pueden provocar efectos adversos en el organismo y un exceso de vitamina C puede interactuar con la quimioterapia. Argumento que no merece un solo comentario. Pondría asimismo como ejemplo el tratamiento con bayas chinas porque en un momento puntual hubo que retirar en España varias partidas por contener plomo… como si todas ellas contuviesen ese metal, algo rotundamente falso. Añadiría luego que los estudios realizados para demostrar la eficacia del selenio en los cánceres de mamá, pulmón y próstata habían demostrado en realidad "poca eficacia"; por supuesto sin justificar su afirmación. Y que el ginseng es en efecto un revitalizante pero no está recomendado en el caso de mujeres con cáncer de mama o útero hormonosensibles. Sin embargo admitió la eficacia antitumoral del aloe vera y de la caléndula a nivel cutáneo.
En suma, los oncólogos han optado por asumir que hay productos naturales eficaces pero quieren controlar cuáles deben o no tomarse y que los pacientes lo hagan sólo tras decírselo a ellos con la excusa de que podrán así aconsejarles si es o no conveniente en su caso, si realmente sirven para algo o no, o si es mejor que no lo tome. Y es que los estudios que se hacen en enfermos –usados desde décadas como cobayas- probando productos quimioterápicos ya no son de fiar porque casi todos toman además otros productos y muchos siguen paralelamente otras terapias de las que no informan a sus médicos porque saben que éstos se cabrean. El Dr. Pérez Segura aseguraría que lo hacen para que los pacientes cuenten con fuentes de información “fiables”. ¡Como si los tratamientos oncológicos funcionaran y ellos fueran personas creíbles! ¿O es que el conocimiento sobre tales productos y terapias los han adquirido de repente los oncólogos por ciencia infusa?