Luc Montagnier desafía los fundamentos de la Biología

El pasado 8 de octubre se celebró bajo los auspicios de la UNESCO un importante simposio científico del que casi ningún medio de comunicación se hizo eco a pesar de ser presentado por su Directora General, Irina Bokova, para quien el acto suponía "la presentación de todo un nuevo paradigma en la Biología". Coordinado por el sociólogo y jefe de la sección de Ética de las Ciencias y las Tecnologías de ese organismo, John Crowley, el encuentro se efectuó bajo la denominación La Biología a la luz de las teorías físicas: nuevas fronteras en Medicina y en ella participaron el Premio Nobel Luc Montagnier y otros destacados investigadores internacionales como Giuseppe Vitiello -profesor de Física Teórica de la Universidad de Salerno-, Marc Henry -profesor de Química Molecular de la Universidad de Estrasburgo-, Carlo Ventura -profesor de Biología Molecular de la Universidad de Bolonia- y  Cédric Villani -matemático francés especializado en Física Matemática que ganó la Medalla Fields en 2010 y es profesor de la Universidad de Lyon y Director del Institut Henri Poincaré de París.

Como nuestros lectores habituales recordarán Montagnier decidió hace unos años marcharse a trabajar a uno de los centros tecnológicos más importantes del mundo ubicado en la Universidad Jiao Tong de Shanghai (China) donde puso en marcha un singular proyecto que, según sus propias palabras, estaba “en la encrucijada de la Física, la Biología y la Medicina”. Y es que según aseguraría ya entonces ¡el ADN transmite electromagnéticamente información al agua! Lo que explicaría, si igualmente ocurre lo mismo con otras sustancias como todo parece indicar, los efectos biológicos que logran los productos homeopáticos y la eficacia de las terapias y dispositivos que funcionan mediante la emisión de frecuencias electromagnéticas. Resulta que Montagnier estaba trabajando con células de “enfermos de SIDA” cuando observó la presencia de micoplasmas y decidió someter el fluido biológico a varios procedimientos de filtraje para esterilizarlo por completo encontrándose sin embargo con la sorpresa de que el líquido resultante, en teoría estéril, ¡aún era capaz de infectar! Sabría luego la razón: en toda agua en la que ha habido microbios queda siempre una "huella" físicamente indetectable que permanece por muchas veces que la misma se filtre y diluya (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que con el título  Luc Montagnier: el ADN transmite electromagnéticamente información al agua  publicamos en el nº 138, hace ya tres años y medio). Y eso es lo que ahora ha querido comunicar al mundo bajo el amparo de la UNESCO pero sin éxito ya que el silencio sobre lo allí dicho ha sido la tónica general. 

Y eso que Montagnier, cuya ponencia se tituló Transmisión digital de ADN bacteriano en las células vivas, explicó  que ha podido demostrar su tesis con el método PCR trabajando con sueros muy diluidos de pacientes con la Enfermedad de Lyme o SIDA. Anunciando luego que a su juicio el autismo es resultado de una infección bacteriana y, por tanto, tratable con antibióticos específicos. Al finalizar su charla Montagnier hizo un llamamiento a los responsables de la industria farmacéutica para que redirijan su investigación ya que estamos ante un auténtico cambio de paradigma.

Paradigma que apoyaron los demás ponentes con sus ponencias. Giuseppe Vitiello con una titulada Una aproximación del campo cuántico a la materia viva: ¿por qué campo? por qué cuántica, Marc Henry con otra titulada El agua, el electromagnetismo y la coherencia cuántica, Carlo Ventura con una titulada La voz de las células madre: las  vibraciones mutantes y la medicina regenerativa y Cédric Villani con una cuarta titulada La memoria, el olvido y la reproducibilidad: una controversia no resuelta.

El acto reivindicó la figura y el trabajo de Jacques Benveniste quien en su día pasó de ser Director de Inmunología del Instituto de la Salud e Investigación Médica (INSERM ) de Francia al ostracismo más absoluto por formular su teoría de la ”memoria del agua”. Atrevimiento que le costó perder la financiación para sus investigaciones, tener que cerrar su laboratorio y soportar que se le concediesen dos IG Nobel, “premio parodia” que pretende ridiculizar a quien es galardonado con él. El primero en 1991 “por su persistente creencia de que el agua es un líquido inteligente” y el segundo en 1998 por “su descubrimiento homeopático de que el agua no sólo tiene memoria sino que la información que contiene puede ser transmitida por las líneas telefónicas y por Internet”. Hoy sabemos que Benveniste tenía razón y Luc Montagnier reclama por ello, junto a sus colegas, que se haga justicia póstuma y sea reivindicado.