Más de mil personas -la mayoría médicos- firman una Carta Abierta a la Ministra de Sanidad

Críticas al Ministerio de Sanidad y a las organizaciones médicas

Más de un millar de personas -1.050 en el momento de escribir estas líneas, la mayoría de ellas médicos- han firmado una Carta Abierta a la Ministra de Sanidad María Luisa Carcedo en la que se acusa al propio ministerio, a las administraciones sanitarias, a las organizaciones colegiales médicas, a miles de sus propios colegas y a las farmacias de no impedir -o directamente ejercer- actividades que suponen graves delitos contra la salud pública -algunos con resultado de muerte- que se llevarían cometiendo y/o consintiendo desde hace décadas -en casos como el de la Homeopatía dos siglos- por médicos y otros profesionales no médicos (que ejercen a su pesar en un limbo legal porque nuestros representantes se niegan a atender las disciplinas terapéuticas que ejercen a pesar de habérselo pedido a España de forma reiterada la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Parlamento Europeo y la Asamblea del Consejo de Europa).

La Carta Abierta empieza diciendo: «Seamos claros: las pseudociencias matan». Añadiendo a continuación: «Y no solo eso sino que son practicadas incluso por médicos colegiados y con el respaldo de los colegios de médicos. Han llevado a la muerte a miles de personas solo en nuestro país y lo siguen haciendo. En algunos casos, como en la muerte de Mario Rodríguez, se trata de personas que no son médicos pero ejercen con impunidad desde centros que incumplen la legislación de centros sanitarios. En otros casos, como la muerte de Rosa, son médicos colegiados que actúan con el conocimiento de los colegios de médicos que les permiten seguir engañando a enfermos graves y llevarlos, en el mejor de los casos, a caer en un engaño, o en el peor, a la muerte» (los subrayados de toda la Carta Abierta son nuestros).

La carta se limita luego a recoger algunas normas que debe cumplir un médico según dicta el código deontológico para agregar a continuación: «Y sin embargo, la gente que recurre a las mal llamadas terapias alternativas -pues ni son terapias ni complementan tratamiento alguno- tienen más posibilidades de morir llegando a ser un 470% más altas en algunas patologías. Es decir, los retrasos e interferencias que suponen estas prácticas -y no solo la sustitución de tratamientos como se quiere hacer ver desde algunas instituciones- matan a enfermos que confiaron en el sistema de salud que usted tiene que defender. Casos como el de Rosa, en el que un paciente muere por llegar tarde a la medicina real tras un retraso causado por un médico pseudocientífico, son muy comunes».

Añadiendo más adelante, tras volver a recordar lo que dice el código deontológico sobre la obligación del médico de respetar el derecho del paciente a decidir libremente una vez éste haya recibido la información adecuada y suficiente sobre las opciones clínicas disponibles, lo siguiente: «Vender, ofrecer o recomendar pseudoterapias -incluso si se presentan como carentes de evidencia científica- infringe ese derecho pues estas prácticas no solo carecen de evidencia científica sino que van en contra de ella. Que la homeopatía no funciona se sabe desde hace más de un siglo y que los imanes sirvan para curar la hepatitis -como defienden muchos médicos colegiados que practican el biomagnetismo- ni siquiera puede ser objeto de debate científico pues carece de sentido médico, biológico y químico. Ofrecerlas como efectivas e incluso como carentes de evidencia científica atenta contra el derecho del paciente a tener una información veraz pues son contrarias a la evidencia científica».

La carta dice luego que «ofrecer pseudoterapias a un enfermo no solo atenta contra la calidad científica que recibe un paciente sino también contra la calidad humana al jugar con las esperanzas y expectativas de curación de las personas. Y no solo eso: algunas de estas pseudoterapias, como la Bioeuroemoción, culpan a los enfermos y a sus propios familiares agravando aún más la calidad humana al alejar a los enfermos de sus familias cuando más las necesitan».

Agrega asimismo que a pesar de tratarse de prácticas ‘contrarias a la Medicina’ «existen médicos ofertándolas sin respetar la evidencia científica, que es clara y contundente: estás prácticas no funcionan, pueden tener efectos secundarios graves e incluso llevar a la muerte. Así pues ni siquiera pueden ser ofertadas como prácticas preventivas pues el Artículo 25. 3 del código deontológico indica que ‘la promoción de actividades preventivas sólo es deontológicamente correcta cuando tienen un valor científico probado'».

«Argumento» que apoya recordando que el artículo 26. 2. del código deontológico advierte de que «no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida’. ¿Cómo es compatible todo esto con ofertar agua con azúcar para tratar el cáncer, imanes para curar la hepatitis, imponer las manos para sanar, alejarte de tu marido para curar el cáncer de mama o usar la acupuntura contra la esclerosis múltiple? Estas prácticas, con el código deontológico en la mano, no deberían ofrecerse ni siquiera para tratar un simple constipado. En resumen, los médicos no tienen el derecho de mentir a los enfermos».

La carta abierta denuncia pues lo que hacen no ya naturópatas sino todos los médicos que ejercen una medicina complementaria o alternativa; de hecho dicen textualmente: «Pero la laxitud de los colegios de médicos no es el único problema. En España existen miles de centros que ofertan todas estas pseudoterapias sin control infringiendo el artículo 3.3 del Real Decreto 1277/2003 que indica en su punto segundo que ‘sólo los centros, servicios y establecimientos sanitarios autorizados podrán utilizar en su publicidad, sin que induzca a error, términos que sugieran la realización de cualquier tipo de actividad sanitaria, limitándose aquella a los servicios y actividades para los que cuenten con autorización, debiendo consignar en dicha publicidad el número de registro otorgado por la autoridad sanitaria de la correspondiente comunidad autónoma al concederle la autorización sanitaria de funcionamiento o la autorización específica de publicidad sanitaria’. En nuestro país este artículo no solo no se cumple sino que las personas que lo infringen llegan, en algunos casos, a montar asociaciones públicas y registradas para promover sus servicios como es el caso de la Asociación Española de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales o la Organización Colegial Naturopática -que, a pesar del nombre, ni es un colegio ni está compuesta por médicos-. ¿Dónde están las autoridades sanitarias? ¿De verdad el Ministerio de Sanidad no puede hacer más para acabar con este problema? ¿Cuántos muertos más tienen que salir en los periódicos para que el gobierno actúe de forma contundente y clara?»

La carta termina pidiendo a la ministra que «proponga medidas claras para acabar con tres problemas que son la causa de estas muertes, engaños y perjuicios a la salud y la economía de los enfermos. A saber:

1) La presencia de médicos colegiados que infringen el código deontológico médico con el beneplácito de sus respectivos colegios de médicos quienes les permiten ofrecer pseudoterapias llegando, en algunos casos, a tener comisiones propias dentro del colegio y destinadas a fomentar estos incumplimientos del código.

2) La presencia de personas no profesionales que, de forma pública, evidente y notoria, infringen la legislación de centros sanitarios para además ofrecer servicios y productos que van contra de los derechos de los enfermos.

3) La necesidad de leyes o controles que eviten que algunos productos pseudocientíficos, como es el caso de la homeopatía, estén vendiéndose de forma libre en las farmacias españolas a pesar de no tener ninguna eficacia y atentar contra los derechos de los enfermos. Máxime teniendo en cuenta que Europa no obliga a España a que se pueda vender homeopatía en las farmacias como se ha defendido falsamente por anteriores administraciones«.

Terminamos indicando tras este amplio resumen que los promotores de la Carta Abierta son la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, el Grupo Español de Pacientes con Cáncer, la ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el Círculo Escéptico, la Red de Prevención Sectaria y del Abuso de Debilidad y FarmaCiencia.

Hasta aquí la noticia sobre la Carta Abierta que han firmado centenares de médicos denunciando la «desidia» de sus propios colegios médicos, la propia Organización Médica Colegial (OMC), el Ministerio de Sanidad, las administraciones sanitarias autonómicas y los miles de compañeros médicos que las ejercen en un carta ciertamente poco solidaria con ellos. Debemos sin embargo hacer sobre todo ello unas breves reflexiones.

En primer lugar, la carta recuerda simplemente los principios éticos que debe seguir todo médico a fin de granjearse el beneplácito de aquellos a quienes se pidió su firma para dar la impresión de que se les defiende y luego criticar a las instituciones que les representan así como a las autoridades sanitarias. Y a continuación se demonizan todas las terapias ajenas a la medicina convencional sin mencionarlas ni razonar o argumentar nada sobre ninguna ocultando que muchas están avaladas hasta por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se limitan a aseverar que son todas «pseudociencias sin eficacia no avaladas científicamente» y ya está. ¿Para qué molestarse en justificar tal afirmación? Lo dicen quienes han promovido la carta y es más que suficiente. ¿Que según la propia OMS recoge en su informe Complementary and Alternative Medicine Provision in Europe. First Results Approaching Reality in an Unclear Field of Practices (Prestación en Europa de las medicinas complementarias y alternativas: resultados iniciales de aproximación a la realidad de unas prácticas poco conocidas) en la Unión Europea ejercen las medicinas complementarias y alternativas ¡145.000 médicos y 160.000 terapeutas no médicos? Ni se menciona. ¿Que según la OMS solo en Europa ejercen la Homeopatía 50.800 profesionales de los que 45.000 son médicos? Ni una palabra al respecto. ¿Que la propia Comisión Europea responde claramente al Gobierno español de forma oficial -en tres ocasiones desde diciembre de 2017, la última el pasado 1 de octubre de 2018- que la Homeopatía no va a ser prohibida y los productos homeopáticos se van a seguir vendiendo en farmacias? Lo silencian y ya está. A fin de cuentas ¡qué sabrá la OMS sobre salud!

¿Que los tribunales han dejado claro en reiteradas sentencias -la última en junio de 2018, firme y no recurrible- que el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular Jose Ramón Llorente no tuvo absolutamente nada que ver en la muerte del joven Mario Rodríguez -citado una vez más en la Carta Abierta como «ejemplo» del peligro de las terapias complementarias y alternativas- y es falso que le aconsejara no darse quimioterapia? Pasan de la verdad demostrada judicialmente porque no están dispuestos a reconocer que llevan tres años mintiendo y engañando a la sociedad. Lo cierto sin embargo es que quienes utilizan el caso de Mario como bandera de su «cruzada» ocultan aun hoy que Llorente fue absuelto de todos los cargos el 29 de enero de 2018 por el Juzgado de lo Penal nº 10 de Valencia y así lo confirmó la Sección Cuarta de la Audiencia de Valencia el 28 de junio de 2018 en sentencia firme ya no recurrible.

¿Y quiénes son los promotores de tanta falacia y demagogia expresada en esa Carta Abierta? Pues lo llamativo es que no hay entre ellos ni autoridad sanitaria alguna, ni organización colegial, ni sociedad médica o científica. Lo hemos explicado en ocasiones anteriores pero es hora de volver a recordarlo. Hablamos de:

1) La Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APEPT). La creó Julián Rodríguez Giner -padre del joven Mario- para «impedir que se repitiesen casos como el de su hijo» tras acusar a José Ramón Llorente de su muerte. Los tribunales demostrarían que todas sus acusaciones -incluida la de que éste había animado a su hijo a dejar la quimioterapia- eran falsas pero aun así las siguió manteniendo en numerosos medios de comunicación que, a pesar de la sentencia absolutoria, siguieron difundiéndolas irresponsablemente. Es más, Rodríguez Giner abrió una web en la que pedía dinero para conseguir fondos con los que pagar los servicios jurídicos que necesitaba para seguir recurriendo… ¡a sabiendas de que ya no podía hacerlo! Luego se trata de una estafa que de hecho fue denunciada a finales de septiembre pasado ante la policía.

Cabe agregar que tras denunciar esta revista el sinsentido de que la Organización Médica Colegial (OMC) apoye sus mentiras sobre las pseudociencias en una entidad como ésta creada por alguien sin la más mínima formación y seriedad Rodríguez Giner fue sustituido al frente de la misma -en un intento de lavar la cara- por una joven doctora en Biomedicina llamada Elena Campos Sánchez siendo el vicepresidente un informático –Emilio José Molina Cazorla- y el Secretario y Tesorero dos estudiantes. Hablamos de una «directiva» de ocho personas en la que no hay ni un solo médico. Es más, los miembros de esa asociación caben en dos o tres taxis. ¿Cómo permiten pues los médicos españoles que «asesore» al llamado Observatorio de la OMC contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias un grupito de personas entre los que no hay un solo colega de profesión?

Pero sigamos porque otro de los «asesores» de la OMC es…

2) El Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC.) Fundado el 1 de septiembre de 2010 como entidad sin ánimo de lucro su fin declarado es -entre otros- el de proporcionar a los enfermos los mejores tratamientos disponibles, facilitar su participación en ensayos clínicos y estudios epidemiológicos, fomentar la formación multidisciplinar de los profesionales de la salud, promover la constitución de un registro de tumores a nivel estatal y fomentar la participación de los pacientes en los ámbitos de decisión de las políticas sanitarias. Se trata pues de una supuesta asociación de «enfermos» que en solo 8 años y sin ayuda pública cuenta con 51 asociaciones integradas y 15 miembros corporativos; y se diversificó tan rápido que tienen ya 9 divisiones oncológicas (tumores raros, mama, cabeza y cuello, hígado, páncreas, próstata, pulmón, riñón, piel y melanoma). Lo que plantea una pregunta obvia: ¿cómo un grupo de «enfermos» puede adquirir una estructura semejante y por qué desde el principio reconoce que va a dedicarse a convencer a los demás enfermos a que se sometan a todo tipo de pruebas diagnósticas y hagan de cobayas de nuevos fármacos, a constituir un registro de tumores, a formar a profesionales de la salud y a participar en la toma de decisiones de las administraciones sanitarias? ¿Enfermos sin formación sanitaria organizando eventos para explicar a los expertos en cáncer lo que deben hacer? ¿Enfermos organizando jornadas y seminarios para formar académicamente a sus médicos en Oncología? ¿Qué disparate es ése? ¿Cómo alguien en su sano juicio puede creerse que GEPAC es una asociación real de enfermos y no un conglomerado creado por la industria para utilizarlos y hablar en su nombre? La verdad es que tras ella están los laboratorios Roche, Ferrer y Astellas Pharma (empresa ésta creada en 2005 al fusionarse Yamanouchi y Fujisawa que cuenta solo en su sección europea –Astellas Pharma Europa– con 4.300 empleados, 280 de ellos en España).

Añadiremos que su presidenta es una empresaria, Begoña Barragán, personaje que en su día repartió a los asistentes del Undécimo Congreso Nacional de Pacientes con Cáncer organizado por su asociación en Madrid en noviembre de 2016 un panfletillo tendencioso sin el más mínimo rigor y seriedad en el que ya tachaba de pseudoterapias 28 disciplinas terapéuticas y hablaba de 78 “mitos” a desterrar. Pues bien, ella misma reconocería al diario El País que ese panfleto lo habían elaborado miembros de la Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas (APETP), entidad de la que ella misma reconoció ser miembro a título individual. Congreso que por cierto tuvo patrocinadores de tres «categorías» estando en la de Oro multinacionales como Janssen y Roche, en la de Plata Shire y Takeda y en la de Bronce Abbvie, Amgen, Boehringer, Bristol Meyers, Delcath, Astra Zeneca, Gilead, Lilly, Merck, Norgine, Ipsen y Pharma Mar así como el Centro Integral Oncológico Clara Campal del Grupo Hospitalario HM.

Y ya se sabe que todos esos laboratorios son entidades benéficas sin ánimo de lucro que solo buscan lo mejor para los enfermos y apenas cobran por sus quimioterápicos unas pocas decenas de miles de euros por cada uno. Interrogada Barragán por el diario El Mundo sobre en qué gastan el millón de euros anuales que ingresan ésta se negó a dar información alegando que su asociación no está obligada a hacer públicas sus cuentas ni a explicar sus actividades por ser privada y no recibir subvenciones oficiales.

En fin, los «enfermos» de la GEPAC son tan listos y activos que, como ya explicamos en su día, han editado hasta guías de patologías y medicamentos; son éstas:

-Guía del Cáncer de Próstata para pacientes y familiares. Patrocinada por Janssen.
-Guía del Cáncer de Páncreas para pacientes y familiares. Patrocinada por Celgene.
-Guía del Melanoma para pacientes y familiares. Patrocinada por Bristol-Myers.
Guía de Cáncer de Pulmón para pacientes y familiares (en ésta no a parece el «patrocinador»).

Es más, la GEPAC también tiene guías de medicamento y se ocupa de “informar” sobre:

-Plerixafor, medicamento de Genzyme Europe / Sanofi Aventis.
-Tasigna, medicamento de Novartis.
-Pertuzumab, medicamento de Roche.
-Talidomida, medicamento de Celgene Europe.
-Vinorelbina oral, medicamento de Pierre Fabré Ibérica.
-Lenalidomida, medicamento de Celgene Europe.
-Velcade, medicamento de Janssen. Y,
-Obinutuzumab, medicamento de Roche.

Dicho esto, ¿alguien se cree aún que la GEPAC es una entidad que representa a los enfermos españoles de cáncer?

3) La Red de Prevención Sectaria y del Abuso de Debilidad nació por su parte como Asociación para la Prevención de la Manipulación Sectaria (RedUNE) el 20 de Diciembre de 2003, la dirige un enfermero llamado Juantxo Dominguez y no se explica en su web ni cuántos son, ni quiénes la integran, ni si hay algún médico entre sus asociados.

4) Farmaciencia (Farmacéuticos a favor de la evidencia científica). Se creó en Barcelona el 22 de marzo de 2017 por su presidente. Jesús Fernández Pérez, no tiene prácticamente socios y es otra entidad creada específicamente para la campaña contra las medicinas complementarias y alternativas como demuestra que en sus escasas páginas aparezca la leyenda «Buscamos farmacéuticos como tú para luchar contra la homeopatía y otras pseudoterapias».

5) En cuanto a la Alternativa Racional a las Pseudociencias-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y el Círculo Escéptico que presiden Félix Ares de Blas y Fernando Frías respectivamente tienen un origen común, socios compartidos y forman parte del autodenominado movimiento «escéptico» creado en España en 1985 por un grupo de amigos vinculados al colectivo de Cuadernos de Ufología. Su relación con el mundo de la Medicina es pues inexistente y la formación de sus integrantes deficiente no habiendo apenas entre ellos personas con formación universitaria. ¿Qué hacen pues «asesorando» a los médicos españoles?

En suma, todas estas asociaciones están interconectadas, la mayoría se han creado recientemente y lo que pretenden es dar la impresión de que representan a los médicos, farmacéuticos y enfermos más «concienciados» pero carecen de la más mínima representatividad; salvo GEPAC que en realidad representa a las empresas farmacéuticas y no a los enfermos. Resulta esperpéntico pues que los médicos españoles lo consientan.