Muere tras vacunarse contra la fiebre amarilla

 

Una joven onubense de 26 años –Patricia S. A.- falleció a finales de octubre pasado en el hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva por “daño visceral multiorgánico” tras un cuadro de fiebre, malestar general, vómitos y diarrea. Según el hospital se había vacunado de fiebre amarilla, difteria y tétanos unos días antes -el 14 de octubre- para prevenir un posible contagio ya que iba a irse de viaje al extranjero.
Los médicos que la atendieron diagnosticaron que padecía fiebre amarilla. El Ministerio de Sanidad retiró de inmediato –pero sólo cautelarmente- el lote del que procedía la vacuna e insistió en que quienes tengan que viajar a lugares de riesgo "no deben dejar de vacunarse porque los beneficios de la inmunización son mayores que los riesgos”.  Lo que nos parecería acertado si fuese cierto que la vacuna de la fiebre amarilla previene realmente la enfermedad. De momento lo que está fehacientemente comprobado es que puede provocarla.
La “fiebre amarilla” es causada por un virus que se transmite por la picadura de un mosquito –el Aedes Aegypti– y se trata de una enfermedad muy rara que afecta esporádicamente a los trabajadores agrícolas y forestales de los países tropicales de Sudamérica y de algunas zonas del África subsahariana, especialmente en lugares selváticos. Y si bien la pueden padecer personas de todas las edades el mayor riesgo de infección severa se da entre las de mayor edad. A poco de ser picado por el mosquito la víctima puede presentar fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, vómitos e ictericia así como pérdida de apetito. Tras tres o cuatro días con ese cuadro los síntomas desaparecen en el 85% de los casos y la mayoría de las personas se recupera por completo en una semana. Sin embargo, en un 15% de los casos se puede producir una disfunción multiorgánica, insuficiencia hepática y renal, sangrado, hemorragia y disfunciones cerebrales que llevan a sufrir delirio, convulsiones, coma y, en un 30% de quienes llegan a esta fase, la muerte.
En otras palabras: los problemas graves se dan en el 30% del 15% que resulta infectado. O sea, en el 4,5% de las personas que son picadas por los mosquitos. ¿Y qué porcentaje de la población de los países donde vive el mosquito tiene la mala suerte de ser  picada? Pues se calcula que menos del 0,01%. Luego el riesgo de sufrir un problema grave se reduce al 4,5% del 0,01%. Un porcentaje, a juicio de muchos expertos, que no justifica el riesgo de ponerse la vacuna salvo que uno vaya a zonas selváticas concretas. Lo que no es el caso de la mayoría de los turistas.