No es el placebo el que cura sino ¡el ritual médico!

Que mucha gente mejora o sana tomando un simple placebo no es discutible pues está ampliamente constatado pero siempre se ha achacado al poder de la mente del enfermo que cree recibir un medicamento eficaz y no algo carente de propiedades terapéuticas. Pues bien, un equipo del Instituto Superior de Psicología Aplicada (ISPA) de Lisboa coordinado por Ted Kaptchuk -profesor de la Facultad de Medicina de Harvard  y director del Programa de estudios sobre el placebo del Beth Israel Deaconess Medical Center- acaba de publicar un trabajo según el cual es eficaz ¡incluso si el paciente sabe que le dan un placebo! Luego la eficacia no depende de que el enfermo crea estar recibiendo un principio activo realmente útil. Kaptchuk postula ahora pues que la eficacia no se debe al placebo sino ¡al ritual médico! Puntualizando que si no existe una relación cálida y empática con el profesional de la salud probablemente no funcione.

Así lo coligió tras explicar su equipo durante un cuarto de hora a 97 pacientes con dolor lumbar crónico qué es un placebo y cómo funciona, dividirlos al azar en dos grupos y proporcionar a todos el tratamiento habitual – antiinflamatorios no esteroideos- pero a uno de ellos, además, un frasco en cuya etiqueta se especificaba que lo que contenía era un simple placebo y que debían tomar dos píldoras al día. Asegurándose los investigadores de que ninguno cambiaba las dosis habituales, no ingerían otros productos por su cuenta, no se sometían a tratamientos complementarios y no modificaban ni su dieta ni su estilo de vida (por ejemplo, haciendo ejercicio). Pues bien, tres semanas después los que tomaron el placebo -sabiendo que era un placebo- aseguraron que su dolor era -de media- un 30% menor;  tanto el crónico como el sentido durante los picos máximos. Dolor que se redujo entre los que no tomaron el placebo un 9% en el crónico y un 16% durante los picos más intensos. Es más, entre los que tomaron el placebo se redujo en un 29% la discapacidad relacionada con el dolor, mejoría que no obtuvo ninguno de los que no tomaron el placebo.

Para Ted Kaptchuk solo hay una explicación plausible: el cuerpo responde al ritual que supone la interacción con los profesionales sanitarios en centros médicos. Y no duda en aseverar que esto pasa en otras muchas patologías, desde un problema digestivo a una depresión pasando por la fatiga. De ahí que llegue a afirmar que «el placebo es estadísticamente significativo» y, por tanto «puede ser esencial para la Medicina».