No todas las bayas de goji son iguales

 

El catedrático Emilio Martínez de Victoria, director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada, hizo recientemente unas afirmaciones asegurando que las “a aquellas personas que no sigan una dieta adecuada las bayas de Goji no les van a aportar ningún beneficio” añadiendo que los estudios científicos que avalan sus beneficiosas propiedades “se han realizado casi exclusivamente ‘in vitro’ y en animales en China pero son muy escasos en humanos y fuera de aquel país”. Agregaría que “el consumo de estas bayas no es más que otra de esas modas pasajeras”, que “no existe ningún alimento milagroso” y que “el único secreto para gozar de buena salud es una dieta adecuada rica en frutas y verduras junto a la práctica habitual de ejercicio físico”.
Evidentemente con estos últimos comentarios estamos completamente de acuerdo pero no con sus otras apreciaciones. Como el lector recordará en el nº 101 de la revista –correspondiente a enero del 2008- publicamos en la sección de Alimentación un artículo titulado Goji, la fruta de la longevidad y la salud (puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com) en el que explicamos las notables propiedades de las bayas de goji y a partir de ese momento su consumo, antes casi inexistente, se disparó en toda España de forma que hoy no hay tienda grande o supermercado donde no se comercialicen. Pues bien, nos vemos en la obligación de advertir que hay notables diferencias entre las distintas bayas de goji que se están vendiendo en nuestro país. Ni tienen todas las mismas propiedades nutritivas y terapéuticas ni su consumo es igual de seguro; es más, algunas podrían ser hasta tóxicas. Ése es el problema. De hecho el citado catedrático hablaba de las bayas que se están importando desde China –proceden especialmente de la provincia de Ningxia- y ésas son principalmente de cultivo convencional y no ecológico. Y el control que se ejerce sobre ellas no es ni de lejos parecido al que ejerce el Gobierno del Tíbet donde se cultivan las bayas cuyo consumo aconsejamos. Las procedentes de China que han invadido España pueden contener agentes químicos industriales ya que no se cultivan de la misma manera que las tibetanas –que son biológicas y están libres de contaminantes-, ni a la misma altura y medio ambiente ni con el mismo exhaustivo control.
La producción y comercialización de las bayas de goji procedentes de Tíbet las controla el propio Gobierno a través del Colegio Médico Tibetano y en la actualidad sólo existe acuerdo para su comercialización en otros países con Tibet Authentic, entidad que tiene la exclusiva para occidente y que en nuestro país otorgó a la empresa española 100% Natural. Y como en su momento explicamos son algo más caras pero son las únicas que pueden garantizar ser ecológicas y poseer las propiedades terapéuticas que en su momento mencionamos y que pueden resumirse diciendo que son analgésicas, antibacterianas, anticancerígenas, antienvejecimiento, antiestrés, antiinflamatorias, antioxidantes, antivíricas, cardioprotectoras, cicatrizantes, detoxificantes, digestivas, energetizantes, estimulantes de la libido y de la fertilidad, fungicidas, hepatoprotectoras, inmunoestimulantes y nutritivas tonificando además el cerebro y los riñones. De ahí que el conocido nutricionista estadounidense David Wolfe afirmara en su libro Superfoods (Superalimentos) que “las bayas del Goji son el superalimento por excelencia. Valor que reside en el completo conjunto de nutrientes que albergan”.
Y es que las bayas de goji tibetanas crecen silvestres en los valles del Himalaya a más de 4.000 metros de altura con un sol intenso por la delgada capa atmosférica. Y si bien hay distintas variedades la más valorada por su sabor y riqueza en nutrientes es la Lycium Barbarum, variedad precisamente que comercializa Tibet Authentic en España a través de 100% Natural.
Así que el lector puede comprar las bayas de goji chinas en el supermercado o asegurarse de que está invirtiendo en la fruta comestible en su forma natural con mayor poder antioxidante por unidad de peso que existe. A fin de cuentas tiene casi cinco veces más capacidad de absorción de radicales libres que las ciruelas pasas y diez veces más que los arándanos. Y es que aunque se haya dicho que apenas hay estudios sobre ella no es cierto; hay más de medio centenar de trabajos pero, sobre todo, existe la experiencia de su consumo milenario… en el Tíbet.