Nuevo tipo de trigo sin gluten

Un equipo de investigación del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba -organismo adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)– coordinado por Francisco Barro desarrolló hace ya ocho años -el trabajo se publicó en 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)- 17 líneas de trigo genéticamente modificadas, cuatro de ellas “casi libres de gliadinas” que según afirman producen una reacción hasta un 95% menos tóxica que el trigo convencional; algo que se comprobó analizando la reacción in vitro de los  linfocitos T de celiacos. Hablamos de trigos que se obtuvieron mediante ARN de interferencia (ARNi) a fin de “silenciar” los genes que producen las problemáticas gliadinas.  Tres años después -en 2014- el mismo equipo publicó en PLOS One un trabajo según el cual los panes elaborados con harina de esas variedades de trigo genéticamente modificadas bajas en gliadinas tenían  una calidad similar a los hechos con harina “normal”. Asimismo constataron que las dos líneas de trigo modificadas que presentaban mayor reducción de gliadinas fueron la línea E82 (96% menos) y la D793 (97% menos) lo que según  aseveran permitiría a los celiacos ingerir de 3 a 4 rebanadas diarias de ese pan sin problema.

Pues bien, el equipo acaba de publicar en Food and Chemical Toxicology el trabajo Safety evaluation of transgenic low-gliadin wheat in Sprague Dawley rats: An alternative to the gluten free diet with no subchronic adverse effects (Evaluación de la seguridad del trigo transgénico de baja gliadina en ratas Sprague Dawley: una alternativa a la dieta libre de gluten sin efectos adversos subcrónicos) según el cual el tipo de trigo sin gluten E82 no parece tener efectos adversos para la salud; al menos no se detectaron en el grupo de ratas que fueron alimentadas con él durante 90 días en dosis diarias de entre 1,42 y 5,67 gramos de harina por kilo de peso (lo que equivaldría a 400 gramos diarios en una persona de 70 kilos). La línea de trigo E82 tiene menos prolaminas -gliadinas y gluteninas- y más albúminas y globulinas por lo que mantienen su valor proteico y similares características de resistencia y elasticidad para el procesado.

Evidentemente si las moléculas transgénicas del nuevo trigo afectan a medio o largo plazo no ha sido testado; ni en ratones ni en humanos. Y por supuesto no está de más recordar -por enésima vez- que la similitud genética entre un murino y un humano es más bien escasa. De hecho las ratas viven estupendamente en las cloacas llenas de mierda y todo tipo de tóxicos por lo que probar en ellas los efectos secundarios de un fármaco o alimento no es garantía de nada. Lo explicamos ampliamente en el reportaje que con el título La experimentación con animales es tan cara como inútil apareció en el nº 163 y puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com. Texto en el que entre otras muchas cosas nos hicimos eco del estudio entonces recién publicado Las respuestas genómicas en modelos con ratones imitan de manera deficiente las enfermedades inflamatorias humanas publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences por un consorcio de investigadores. Sus autores -más de 40 de veinte de centros diferentes- aseveran en él que al menos en las enfermedades inflamatorias -que incluyen la diabetes, el asma o la artritis, entre otras- los fármacos desarrollados a partir de modelos con ratones son totalmente ineficaces.

Y es que sustancias inocuas para muchos animales son tóxicas para los humanos mientras medicamentos útiles para nosotros son tóxicos para muchos animales. La razón es simple: los efectos de los fármacos no son extrapolables entre especies por lo que la base de gran parte de la investigación biomédica está en entredicho. Es pues lamentable que cada año se empleen más de 30 millones de animales en laboratorios de todo el mundo, muchos de ellos con genes alterados, modificados o “prestados” de otras especies para ser obesos, hipertensos, longevos, padecer alzheimer, ser fluorescentes o trinar como los pájaros. De hecho los investigadores siguen usándolos a pesar de estar constatado que el 95% de los productos que parecieron eficaces en animales no tuvieron luego utilidad clínica en humanos.

Por si lo dicho fuera poco debe saberse que aunque la mayoría de las personas sigue creyendo que la intolerancia al pan y demás productos elaborados con harina de trigo se debe al gluten –caso de los celiacos- hay en él otras proteínas que inhiben la amilasa y la tripsina pudiendo desencadenar una reacción inmune de consecuencias graves. De hecho un equipo de investigadores de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania) coordinado por Detlef Schuppan asevera que además de contribuir al desarrollo de enfermedades inflamatorias relacionadas con los intestinos -como la colitis ulcerosa y la enfermedad de crohn- pueden causar inflamación y agravar patologías como el asma, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, el lupus y la esteatosis hepática no alcohólica. Y es que su consumo –aseveran- puede provocar inflamación en los ganglios linfáticos, los riñones, el bazo e, incluso, el cerebro. Así lo dio a conocer en un trabajo presentado en el Congreso Europeo de Gastroenterología 2016 celebrado en Viena (Austria).

Cabe agregar que el trigo que hoy se cultiva y consume masivamente en el mundo pertenece a un solo grupo de las 25.000 variedades existentes, las denominadas HYV (High Yield Varieties) o variedades de alto rendimiento, trigo hexaploide cuyo ADN contiene 42 cromosomas, plasticidad genética tan extraordinaria que contiene ¡seis veces más genes que el genoma humano siendo capaz de producir la friolera de 24.000 proteínas distintas! Y este trigo “moderno” es el que causa muy diversas patología o las agrava. Las antes citadas y además hipermeabilidad intestinal, obesidad, hipertrigliceridemia, resistencia a la insulina, diabetes tipo II, autismo, esquizofrenia, hiperactividad y cáncer. Invitamos al lector a leer en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que con el título La intolerancia al pan y a los productos hechos con trigo es cada vez mayor publicamos en dos partes en los números 163 y 164.