¿El polvo de talco puede provocar cáncer?

La multinacional farmacéutica y de productos de higiene Johnson & Johnson ha sido condenada a pagar 417 millones de dólares por no advertir durante años que el polvo de talco puede provocar cáncer. La decisión la tomó un jurado de Los Ángeles (EEUU) tras constatarse que tras años de utilizarlo la denunciante, Eva Echeverria, sufrió cáncer de ovarios. El jurado acordó que se le indemnizara a ella con 70 millones y se condenara a la empresa a pagar otros 347 millones como multa.

Un auténtico varapalo porque hay en Estados Unidos ¡más de 4.500 denuncias similares! La compañía, obviamente, apelará pero lo cierto es que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) -organismo perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS)– clasifica el talco como “posible cancerígeno para humanos” (riesgo IIB) y advierte de que su intoxicación  puede producirse por  inhalación, ingesta o vía intravenosa al inyectarse heroína. De hecho el talco se utiliza para pulir arroz, como aditivo coadyuvante en la obtención de aceite de oliva y orujo y como excipiente en muchos medicamentos pudiendo dar lugar su ingesta a cáncer de estómago.

Por otra parte, una exposición aguda al talco puede hacer que al inhalarse aparezcan problemas respiratorios e irritación de la tráquea y en caso de exposición crónica dolor torácico, insuficiencia respiratoria y sibilancias. En cuanto al contacto directo con la piel puede producir sequedad, irritación, ampollas y amoratar labios, uñas y piel. Está asimismo constatado que el polvo de talco puede provocar diarrea, vómitos, somnolencia, fiebre, hipotensión, desmayos, convulsiones, disfunciones en la vejiga y los riñones, apatía y tics en los músculos faciales y las extremidades.

Las empresas de higiene alegan que ello se debía a la presencia natural en él de amianto -mineral demostradamente cancerígeno- pero que desde hace tiempo ya no se encuentra en sus productos.