Postulan que el alzheimer es una patología provocada por una infección priónica 

 

Un equipo de investigadores dirigido por el Dr. Claudio Soto -profesor de Neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas (EEUU)- en el que ha participado -entre otros- Joaquín Castilla, investigador del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias de Bilbao, afirma en un trabajo titulado De novo induction of amyloid-β deposition in vivo publicado el pasado mes de octubre en Molecular Psychiatry que algunas de las anomalías cerebrales asociadas con el alzheimer parecen estar relacionadas con procesos infecciosos similares a los que se producen en las patologías priónicas; como la Enfermedad de Creutzfeltd-Jakob o “mal de las vacas locas" y su variante humana. “Nuestros resultados –se dice en las Conclusiones de ese trabajo- sugieren que algunas de las anormalidades típicas en el cerebro asociadas con la enfermedad de alzheimer pueden ser inducidas por un mecanismo de transmisión de enfermedad similar al de los priones”.
La importancia de este trabajo -efectuado con ratones- es que ha demostrado que el alzheimer puede transmitirse o “contagiarse”. Sencillamente, los científicos tomaron muestras de un cerebro con alzheimer de una persona fallecida, inyectaron el tejido enfermo en el cerebro de ratones sanos y los animales comenzaron a desarrollar las placas beta-amiloide que caracterizan a la patología; incluso en zonas alejadas del punto donde se puso la inyección siendo este hecho precisamente el que les llevó a sospechar del carácter infeccioso de la enfermedad.
Según estos investigadores si un prión -o proteína infecciosa- penetra en un organismo sano, animal o humano -por ejemplo a través de una transfusión sanguínea, un trasplante o incluso al ingerir un alimento- “infecta” a otras proteínas del mismo modo que lo hacen un virus o una bacteria. Con lo que al final, tras varios años –a veces décadas-, esas proteínas terminan en el cerebro provocando daño neurológico. Según esta hipótesis el alzheimer puede ser pues una enfermedad priónica.
Estudio científico que, por cierto, respalda de nuevo el descubrimiento realizado hace ya décadas por D. Fernando Chacón, creador de la autovacuna de enzimas vivientes así como del Bio-Bac –hoy comercializado en España como Renovén– y primera persona en el mundo que dio a conocer la existencia de proteínas sin código genético -a las que llamó pribios– capaces de provocar muy diversas enfermedades degenerativas así como cáncer y por el que, sin embargo, se dio el Premio Nobel en 1997 al profesor estadounidense de Neurología y Bioquímica de la Universidad de California Stanley B. Prusiner que las llamó priones. Algo irrefutable porque así aparece en el libro que D. Fernando Chacón publicó ¡en 1959! con el título Pribios o enzimas vivientes. En él contaría que una proteína derivada de una bacteria apatógena –el Bacillus Aerus Esporuladus- que puede encontrarse de forma natural en el ser humano puede penetrar en determinadas circunstancias en el núcleo de una célula, alterar su código genético y provocar distintos trastornos en su replicación y, por tanto, distintas enfermedades. “Las enzimas vivientes –escribió al respecto- son seres vivos de tamaño molecular y, en consecuencia, invisibles por medios ópticos que autocatalizan su propia dinámica vital a nivel de ultraespecialistas y cuya constitución química es la de proteínas termorresistentes, globulares o cristalinas en cuyas secuencias existen aminoácidos dextrógiros”. D. Fernando Chacón señaló asimismo que las causas por las que la proteína consigue atravesar la membrana celular y penetrar en el interior de la célula pudiendo alcanzar su núcleo pueden ser diversas: radicales libres, desequilibrios emocionales o energéticos que alteran la célula, contaminantes químicos, desequilibrios alimentarios, etc. El resultado es que la debilidad de la membrana permite el acceso de una proteína capaz de activar un programa de multiplicación continua. Por tanto el planteamiento de los investigadores antes citados es no ya similar sino idéntico al formulado por D. Fernando Chacón hace ¡más de 60 años”. Y de ahí que las patologías causadas por proteínas debieran llamarse enfermedades pribiónicas en lugar de priónicas.
Lo lamentable –porque nadie quiso escucharle- es que D. Fernando Chacón propuso ya entonces una solución a todas esas patologías producidas por pribios o priones: introducir por medio de inyecciones determinadas enzimas inactivadas procedentes de bacilos aerobios esporulados a fin de detener el avance de la enfermedad.