Promueven la rapamicina como una maravilla pero el biólogo que descubrió cómo actúa prefiere no tomarla

La rapamicina o sirolimus es una lactosa macrocíclica aislada de una bacteria -la Streptomyces hygroscopicus– que inhibe el crecimiento de hongos -como la Candida albicans, el Microsporum gypseum y el Trichophyton granulosum- y se usa además como inmunosupresor para evitar el rechazo de órganos trasplantados, para frenar la proliferación celular y el crecimiento tumoral, para recubrir stents a fin de evitar la reestenosis (el cierre de la arteria) y hasta para prolongar la vida. De momento sin embargo se comercializa como Rapamune por la multinacional norteamericana Wyeth solo para impedir el rechazo de los riñones trasplantados -normalmente junto con corticosteroides y ciclosporina- y para tratar a pacientes con linfangioleiomiomatosis esporádica (S-LAM).

Su mecanismo de acción lo descubrió el profesor estadounidense de Biología del Instituto Tecnológico  de Massachusetts y miembro del Instituto Whitehead de Investigación Biomédica de Cambridge David M. Sabatini comprobando que esa molécula inhibe en las células la proteína mTOR que al activarse permite el crecimiento celular. Pues bien, acaba de ser premiado junto a  su colega Michael Hall con el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA -dotado con 400.000 euros-, reconocimiento que se une al Premio Paul Marks para la Investigación del Cáncer (2009), al Premio NAS en Biología Molecular (2014), al Premio Lurie en Ciencias Biomédicas (2017) y al Premio Louisa Gross Horwitz (2019) y con tal motivo fue entrevistado a finales del pasado mes de enero por Manuel Ansede en el diario español El País.

Y si nos hacemos eco de ello es porque en la entrevista dijo cosas tan significativas como que el gran desafío ahora es saber «cómo usarla para hacer el bien y al mismo tiempo no hacer daño  porque obviamente la proteína mTOR tiene otras funciones importantes. Ahí está el campo ahora: en cómo encontrar ese equilibrio». Llamativa afirmación para un fármaco que ya se está recetando. Luego añadiría: «Creo que con el tiempo sabremos cómo mandar moléculas como la rapamicina a tejidos concretos. Y eso va a abrir muchas otras posibilidades: por ejemplo, dirigirse a algunas enfermedades de los músculos, como el deterioro asociado a la vejez». Claro reconocimiento de que hoy no puede hacerse.

Al ser interrogado sobre si cree que en el futuro viviremos más de 100 años gracias a esta molécula respondería: «Yo creo que gracias a la medicina, a una mejor alimentación, al ejercicio y a fármacos como la rapamicina«. Dando pues clara prioridad a la alimentación, al ejercicio y a la medicina.

La respuesta más sorprendente sería en cualquier caso la que dio a la pregunta de si él pensaba tomar rapamicina: «Tengo muchos amigos que toman rapamicina -diría- pero yo no me lo he planteado. Por ahora, no. Hago otras cosas, como el ayuno. No como durante un tiempo. Trato de no desayunar, por ejemplo». Respuesta ante la cual el periodista, probablemente atónito, insistiría: ¿Pero usted recomienda que la gente consuma rapamicina? Y David Sabatini respondió: «No. Yo creo que nos falta información por ahora. Quiero ver lo que pasa con el ensayo clínico con perros. Va a ser muy interesante» (la negrita es nuestra).