Reconfirman el peligro del flúor

El flúor es un tóxico potente que puede provocar patologías neurodegenerativas como el autismo, la hiperactividad, el déficit de atención, la dislexia y otras; tal es la conclusión de un nuevo estudio titulado Neurobehavioural effects of developmental toxicity (Efectos neurocomportamentales de la toxicidad sobre el desarrollo) efectuado por Philippe Grandjean -del Departamento de Medicina Ambiental de la Universidad del Sur de Dinamarca- y Philip J Landrigan -de la Facultad de Medicina de Mount Sinai en Nueva York- que se publicó el pasado mes de marzo en The Lancet. Lo mismo que el plomo, el metilmercurio, los bifenilos policlorados, el arsénico y el tolueno como ya advirtieron en 2006; tóxicos a los que luego se han añadido el manganeso (metal que junto al aluminio está en la mayoría de las latas de refresco), el diclorodifeniltricloroetano -un pesticida)-, el tetracloroetileno -un disolvente usado en la limpieza de tejidos y metales-, los clorpirifós -insecticidas- y los polibromodifenil éteres ("retardantes" de llamas).
Es más, según estos investigadores hay sin duda en el mercado otros neurotóxicos por descubrir por lo que ha llegado el momento de que las autoridades exijan a los fabricantes que antes de comercializar sustancias químicas demuestren que son inocuas para la salud (las personas interesadas en este nuevo trabajo pueden leer el abstract pinchando aquí: www.thelancet.com/journals/laneur/article/PIIS1474-4422(13)70278-3/abstract).
Hasta aquí la noticia; por nuestra parte recordamos que nosotros ya lo advertimos de forma extensa y documentada en el artículo que con el título Los graves peligros del flúor publicamos en el nº 155 -correspondiente a diciembre de 2012- y puede consultar en nuestra web: www.dsalud.com. Texto en el que explicamos que el flúor puede provocar a la larga graves daños en dientes, huesos, hígado, cerebro y células reproductivas. Flúor autorizado aún hoy de forma manifiestamente irresponsable y que se halla presente en la inmensa mayoría de los dentífricos -que encima "presumen" de ello-, en muchas aguas minerales y en productos como la sal, el té, el vino, la cerveza, los cereales, los zumos industriales, las bebidas sin alcohol, las carnes deshuesadas y hasta en leches especialmente formuladas para bebés. Hay fluoruros hasta en tranquilizantes, anestésicos, psicofármacos –Prozac incluido- y antibióticos.
Lamentable.