Sanidad ataca de nuevo y retira otros 17 productos fitoterapéuticos

 

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios -organismo dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo- ha decidido reanudar la guerra contra los productos que quitan cuota del mercado a los fármacos. Y esta vez ha ordenado la retirada de otros diecisiete productos basados en plantas medicinales que los laboratorios Arkochim España comercializaba en cápsulas y ampollas bajo la denominación Verdalia. Los productos retirados se distribuían principalmente en herboristerías, parafarmacias y tiendas de dietética y contenían amapola de California, brezo, cardo María, castaño de Indias, eleuterococo, equinácea, ginkgo biloba, gugulón, hamamelis, harpagofito, ortosifón, pasiflora o vellosilla.
La excusa de la Subdirección General de Inspección y Control de Medicamentos es que se trata de “fármacos” que no habían sido evaluados ni autorizados por la agencia antes de su comercialización como se establece en la Ley del Medicamento por lo que su presencia en el mercado era ilegal. Sólo que el ministerio miente una vez más. Porque la razón argüida es que las plantas retiradas no aparecen en la lista de productos autorizados en la Orden Ministerial de 1973 cuando todo el mundo sabe que esa lista está absolutamente obsoleta y, sobre todo, porque los productos retirados llevaban vendiéndose desde hace años con conocimiento de la Agencia de la Medicamento. Asegurar lo contrario sería tanto como decir que la agencia no se entera de lo que se vende en España o de que se entera mal y muy tarde… lo que hablaría a las claras de su grado de incompetencia. Es más, si los productos retirados fueran realmente peligrosos el hecho de que se hayan mantenido tantos años en el mercado exige que se denuncie en los tribunales a los responsables de la agencia por poner en peligro la salud de los ciudadanos. Claro que no es así… porque productos con las mismas plantas siguen vendiéndose libremente con conocimiento de la agencia por otras empresas. Y a eso se le llama pre-va-ri-ca-ción. ¿Hasta cuándo va la sociedad a permitir lo que está sucediendo?