Sanidad restringe la vacuna para la varicela Varivax

La Agencia Española de Medicamentos (AEMPS) decidió en julio pasado impedir a Sanofi Pasteur-MSD que volviera a enviar a las farmacias su vacuna para la varicela, Varivax, porque hay "incertidumbres desde el punto de vista de salud pública". Una decisión que ha sentado muy mal al Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Asociación Española de Vacunología (AEV) y la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph) –al parecer más preocupadas por la pérdida económica que eso le pueda causar a la multinacional farmacéutica que por la seguridad de quienes se la ponen- alegando que las autoridades sanitarias españolas no pueden aplicar restricciones de uso adicionales a las establecidas para el resto de países de la Unión Europea. Sin embargo la verdad es que la vacuna exige que sea prescrita por un especialista y si se vende libremente en farmacias eso no sucede. De hecho la agencia española afirma que los pediatras la prescriben de forma abusiva. Una situación que para Francisco Salmerón, jefe de la División de Productos Biológicos y Biotecnología de la AEMPS, "contraviene la recomendación oficial“.
David Moreno, coordinador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, se opone a la medida alegando que es "un medicamento autorizado en España y Europa y, encima, apoyado por la evidencia que aportan las sociedades científicas". Por supuesto no aportando tales “evidencias”; ni las de esas sociedades ni las de fabricante. A juicio de esta publicación porque no existen. Retamos al laboratorio y a los dirigentes de esas sociedades pediátricas a que nos hagan llegar la documentación que demuestra que la vacuna es realmente “eficaz y segura”. Obviamente no esperamos respuesta. Es más, según afirman los pediatras –suponiendo que esas sociedades representen su opinión porque dudamos que se la hayan preguntado alguna vez a sus asociados- están enormemente molestos porque ya saben que la AEMPS tampoco va a dejar que se comercialice en las farmacias la vacuna del meningococo B restringiéndose su uso a nivel hospitalario.
Varivax se autorizó en España por primera vez hace ya diez años -en octubre de 2003- y contiene como principio activo virus vivo atenuado de la varicela-zóster (derivados de la cepa Oka) estando indicada a partir de los 12 meses de edad (9 en circunstancias especiales). En 1988 se recomendó –no hay ninguna vacuna obligatoria– que se pusiera “a grupos de población considerados de riesgo y a sus contactos inmediatos susceptibles” pero en 2005 la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) –un órgano claramente político– amplió esa recomendación a los niños de entre 10 y 14 años en función de los criterios que cada comunidad autónoma decidiera (exceptuando a los niños que hubieran sufrido ya la enfermedad o hubieran sido vacunados anteriormente). Y posteriormente -en febrero de 2009- la Ponencia de Programas y Registro de Vacunaciones propuso a la Comisión de Salud Pública -con la abstención inicial de las comunidades de Navarra y Madrid y las ciudades autonómicas de Ceuta y Melilla que luego se incorporarían al acuerdo- "no realizar cambios en la política de vacunación frente a la varicela en la infancia en el momento actual manteniendo la vacunación en grupos de riesgo y no recomendando la vacunación generalizada en la infancia." Es decir, no se vacuna sistemáticamente a los menores de dos años pero sí a muchos adolescentes; normalmente sin advertir a los padres que la vacuna no es ni obligatoria ni realmente necesaria y además es potencialmente peligrosa. De hecho ya en un documento del CISNS de 2005 se manifestaba que “existen varias incertidumbres, desde el punto de vista de salud pública, sobre las ventajas e inconvenientes de la introducción de la vacunación sistemática en la infancia con las actuales vacunas antivaricela”.
Pero lo más ridículo de todo esto –y grave- es que se trata de una “enfermedad” que cursa en general de forma benigna confiriendo la infección a los niños protección de por vida. De hecho lo peligroso es padecerla ya siendo adulto y eso se evita pasándola en la infancia. De ahí que antiguamente los padres aprovecharan para llevar a sus hijos a propósito a que se contagiaran cuando se enteraban de que algún niño de la familia o un vecino estaba infectado. Eso les protegía de infectarse siendo adultos. Cabe agregar en cuanto al “peligro” de éstos que en España hubo solo 103 muertes por varicela de mayores de 25 años entre 1999 y 2010; es decir, ¡menos de 9 al año! en una población que hoy es de poco más de 47 millones de personas.
Luego, ¿qué sentido tiene la vacunación? El propio Francisco Salmerón afirma en un documento colgado en la web de la Agencia Española de Medicamentos (AEMPS) que “las vacunas actuales inducen una protección limitada y se desconoce cuántas dosis serán necesarias para inducir protección de por vida, si es que ello es posible. Por ello hay la incertidumbre de que la inclusión de la vacuna en el calendario pediátrico pueda producir un cambio epidemiológico desplazando la enfermedad de la niñez a la edad adulta creando entonces un problema mayor del que hay en la actualidad en ausencia de vacunación. Además la vacunación sistemática dificultaría la circulación del virus salvaje y se postula que esta situación conduciría a un mayor número de casos de herpes zóster que el que hay en ausencia de vacunación; es decir, (…) la vacunación sistemática podría crear un problema mayor del que resuelve”.
Así que la pregunta es obligada: ¿se han vuelto lelos los pediatras a los que se supone representan las asociaciones citadas al principio de esta noticia? Nuestra sugerencia es pues simple: si su pediatra le sugiere que vacune a algún hijo para evitar que se contagie de la varicela ¡mándelo al cuerno!