Se reconoce la enorme importancia de la alimentación en el cáncer

El consumo de alcohol, leche -y sus derivados-, carnes rojas y procesadas y alimentos ahumados o a la barbacoa es negativo para la salud y puede llevar a padecer diversas patologías, entre ellas cáncer. Así lo acaba de corroborar un equipo de investigación -cuyo estudio se publicó en julio pasado en Journal of the American College of Nutrition- tras revisar los principales metaanálisis, investigaciones epidemiológicas, ecológicas y ensayos de cohorte y control en pacientes sanos y diagnosticados recopilados tanto por el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer como por el Fondo Mundial para la Investigación en Cáncer. Es más, reconocen que las frutas y verduras contribuyen a prevenir muy distintas patologías, cáncer incluido. Se "oficializa" así pues todo lo que en esta revista llevamos quince años afirmando; es más, lo que ahora se reconoce se cuenta en el libro La Dieta Definitiva de nuestro director, José Antonio Campoy, cuya primera edición apareció en 2002 hace ya doce años. El tiempo, de nuevo, nos da la razón.

Los investigadores añaden concretamente que ingerir leche y sus derivados lácteos dificulta la síntesis de vitamina D y aumenta en sangre los niveles de grasas y colesterol, los trastornos gastrointestinales, las patologías cardiovasculares y el riesgo de padecer cáncer, especialmente el de próstata.

En cuanto al alcohol se asevera que su ingesta aumenta notablemente el riesgo de cáncer en boca, faringe, laringe, esófago, colon, recto y mama. Una sola copa a la semana -independientemente de su graduación- incrementa el riesgo de cáncer de boca, laringe y faringe en un 24% (un 4% en el caso del cáncer de esófago). Incrementándose el riesgo de cáncer en el tracto aéreo-digestivo superior y en el carcinoma escamoso celular entre un 10-15% ¡por cada 10 gramos más de alcohol!; sobre todo entre las mujeres en quienes aumenta asimismo el riesgo de padecer tumores de mama un 12%. Asimismo se constató que  tomar más de una bebida alcohólica al día aumenta el riesgo de padecer cáncer colorrectal; riesgo que aumenta un 9% por cada 10 gramos más. En suma, el riesgo de padecer cáncer en general aumenta respecto a quienes no beben alcohol nunca o solo de forma ocasional un 21%. ¿El responsable? El etanol presente tanto en el vino y la cerveza como en la ginebra, el coñac, el whisky, el vodka y demás bebidas alcohólicas y otros componentes tóxicos; como el acetaldehído que genera metabolitos reactivos tóxicos y libera radicales libres. Además el alcohol interfiere en el metabolismo de los folatos, vitaminas indispensables para el funcionamiento del organismo. Es más, la ingesta de alcohol puede dar lugar a obesidad, pancreatitis, cirrosis de hígado, complicaciones en el embarazo, accidentes y suicidios.

Por lo que se refiere a la ingesta de carne roja o procesada -la precocinada y los fiambres, salchichas, embutidos, etc.- se explica que su consumo puede dar lugar sobre todo a diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, ictus y cáncer de colon y recto; incrementándose en este último caso el riesgo de tener tumores un 21% ¡por cada 50 gramos consumidos al día! ¿La razón? Especialmente la presencia en ella de hierro hemo y nitritos que promueven la formación de aminas heterocíclicas.

Se corrobora asimismo que ingerir carnes y pescados ahumados, fritos, asados, a la brasa o a la parrilla aumenta el riesgo de padecer obesidad, problemas cardiovasculares y cáncer; al menos de colon, recto, mama, próstata, riñón y páncreas. Y en este caso la razón -como ya hemos explicado muchas veces en la revista- es que las altas temperaturas dan igualmente lugar a la formación de aminas heterocíclicas (AHC) e hidrocarburos aromáticos policíclicos, sustancias genotóxicas y mutagénicas.

El estudio explica que todos esos problemas se minimizan en cambio con la ingesta de suficientes frutas y verduras gracias a sus fitoquímicos antioxidantes y a su riqueza en fibra. Siendo especialmente útiles en caso de cánceres digestivos las crucíferas -coles, coliflores, coles de bruselas, rábanos, brócoli, etc-, el ajo, la cebolla, la cebolleta, el aceite de oliva virgen y los tomates, ricos en carotenoides (la ingesta diaria de éstos reduce de hecho entre un 10% y un 19% el riesgo de padecer cáncer de mama). Asimismo se reconoce la capacidad apoptótica y de regeneración celular de los vegetales de hoja verde, la soja, el té verde, la cúrcuma, el jengibre, el curry, las uvas y los tomates.

Los investigadores llegan a admitir que el riesgo de padecer cáncer entre los vegetarianos es la mitad que entre los carnívoros. Y por si lo dicho fuera poco se reconoce asimismo que la ingesta diarias de frutas y verduras reduce un 17% el riesgo de sufrir patologías cardiacas, ictus, hipertensión y diabetes tipo 2 (además del cáncer).

¿Y ahora qué tienen que decir los médicos, muy en especial los oncólogos? ¿Asumirán de una vez las evidencias o seguirá la mayoría diciéndoles a sus pacientes que coman lo que quieran que ello no va a influir en sus procesos patológicos?