Singular iniciativa del abogado español Juan Prada Bécares


Propone a los ciudadanos firmar un documento manifestando su oposición a ser vacunados 

Como nuestros lectores saben esta revista ha denunciado de forma documentada que a pesar de lo que comúnmente se cree nunca se ha demostrado que la vacunación permita prevenir enfermedades. El estudio a doble ciego con grupo de control frente a grupo placebo no se ha utilizado jamás para comparar personas vacunadas con personas no vacunadas. Por tanto, la vacunación no está científicamente probada, no hay prueba alguna de su presunta capacidad para prevenir enfermedades. De lo que sí hay pruebas en cambio es de los graves efectos secundarios que pueden provocar. De hecho pueden terminar provocando -a corto, medio o largo plazo- numerosas patologías -especialmente neurológicas (autismo, trastornos específicos del aprendizaje, déficit de atención…) además de demencia, convulsiones, cáncer y muchas otras.Tanto por los antígenos que llevan como por las sustancias “coadyuvantes” que se les añaden -especialmente el aluminio, el mercurio y el escualeno- ya que son extrañas al organismo e inducen respuestas electrostáticas –además de inmunológicas- que alteran el flujo sanguíneo dañando con ello los tejidos y provocando estrechamientos microscópicos de los vasos sanguíneos tanto en el cerebro como en el resto del cuerpo, bien de forma inmediata o diferida. En suma, son peligrosas y su eficacia jamás se ha constatado. Por otra parte es rotundamente falso que haya vacunas obligatorias. Nadie puede ser obligado a vacunarse aunque es cierto que para forzar a la gente a que lo haga –el poder de las multinacionales farmacéuticas es inmenso- hay países que exigen que uno se haya puesto determinadas vacunas para poder acceder a sus territorios. Y que cuando se orquestan campañas de supuestas pandemias –que hasta ahora se han constatado en todos los casos falsas- las autoridades sanitarias –en general políticos sin conocimientos de salud- tengan la facultad legal de hacerlas “obligatorias” (lo que ha ocurrido en contadísimos casos y jamás se justificó) para “proteger a la población” (una simple excusa en realidad para vender vacunas y fármacos tan inútiles como peligrosos).
Pues bien, a fin de evitar que médicos ignorantes de esta realidad presionen o engañen a la ciudadanía el abogado español Juan Prada Bécares –miembro de nuestro Consejo Asesor- ha elaborado un dictamen jurídico sobre las vacunas en el que afirma que de acuerdo con los preceptos de la Declaración de Derechos Humanos asumida por la vigente constitución española y las disposiciones legales compatibles:

1) No se pueden imponer medidas que comporten riesgo para la vida ni, por tanto, establecer vacunación obligatoria alguna, máxime estando científicamente demostrado que las vacunas conllevan peligro por sus efectos secundarios, posibles contraindicaciones y debilitamientos orgánicos capaces de afectar a la integridad física y psíquica así como producir minusvalías y fallecimientos sin garantizar la protección absoluta de nada.

2) Alegar motivos de excepción contra la libertad de rechazo de cualquier vacuna aduciendo amenazas extraordinarias a la salud pública carece de fundamento. Negarse a recibir algo que se da o se vende o a ingerir sustancias reactivas o alérgenos no es una acción sino una omisión que no implica alteración del orden existente ni del estado vital que cada cual tiene.

3) Ingerir o ser inoculado con una vacuna, por el contrario, sí es una acción que puede implicar riesgos generales hacia la persona y el resto de la sociedad entrando a participar en la difusión de respuestas biológicas imprevisibles a las sustancias empleadas que, además, pueden ser simples basuras como se evidenció en el negocio de la Gripe A amadrinado por la corrompida Organización Mundial de la Salud (OMS) en el que se distribuyeron hasta lotes venenosos que, gracias a su revisión en Europa tras observarse la muerte de todos los hurones pinchados, se pudieron retirar.

4) Debemos convenir que antes de dar pasos en falso gastando dinero particular o público en beneficio de las industrias de la farmacoquímica se nos debe demostrar el valor real de lo que se nos quiere introducir en el cuerpo y solo ofertándolo, nunca presionándonos mediáticamente con el concurso de autoridades serviles y sin garantizar las consecuencias de nuestras cesiones ingenuas inducidas de tal manera”.

Juan Prada aconseja pues firmar un documento para que quien quiera vacunarnos -a nosotros o a nuestros hijos- sepa que deberá asumir las responsabilidades correspondientes. El documento que ha preparado puede el lector descargarlo de nuestra web: www.dsalud.com/manifiestoantivacuna.html