Un amplio estudio cuestiona los beneficios cardiovasculares de una dieta pobre en grasas

 

Disminuir la cantidad de grasa que se ingiere con la alimentación no disminuye el riesgo de cáncer o de enfermedad coronaria. Tal es al menos el resultado del estudio Iniciativa para la salud de la mujer que incluyó a 49.000 mujeres de edades comprendidas entre 50 y 79 años, ha costado 415 millones de dólares y acaba de publicarse en JAMA. Un estudio que ha durado ocho años y se diseñó para evaluar los efectos de la terapia hormonal sustitutoria, la modificación de la dieta y los suplementos de vitamina C y calcio en las enfermedades cardiacas, las fracturas, el cáncer de colon y el cáncer de mama.  El trabajo demuestra que ingerir menos grasas con la alimentación no modifica prácticamente el riesgo de padecer cáncer de mama o de colon ni aminora las probabilidades de sufrir dolencias cardiacas.
Los “expertos” están que trinan porque los datos rompen sus esquemas. Así que han empezado a buscar todo tipo de argumentos para justificarse. "Los resultados del estudio –afirma Elizabeth G. Nabel, directora del Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre de Estados Unidos- no deben cambiar las recomendaciones establecidas de prevención de la enfermedad. Las mujeres deberían seguir trabajando con sus médicos para reducir el riesgo de enfermedad cardiaca incluyendo una dieta baja en grasas trans, saturadas y colesterol".
Es decir, de la verdadera causa de esas dolencias que no es básicamente sino la excesiva ingesta de hidratos de carbono refinados y las mezclas alimentarias no dicen nada. Sugerimos al lector que lea los libros de Jan SeignaletLa alimentación, la Tercera Medicina– y José Antonio CampoyLa Dieta Definitiva– así como la entrevista que en este mismo número aparece con el catedrático en Bioquímica Enrique Meléndez-Hevia para entenderlo.