Una diabética de 20 años fallece por los reiterados errores médicos

 

Una joven de 20 años falleció a finales del pasado año en un hospital británico a consecuencia de los reiterados errores que cometieron los médicos que la trataron. La joven, que padecía diabetes de tipo 1, fue diagnosticada de forma errónea y eso hizo que no se le suministrara la insulina necesaria para superar su problema.
Un año después la enferma acudió de nuevo al médico y éste la dijo –en un nuevo error de diagnóstico- que tenía una simple gastritis. Veinticuatro horas después, tras ser ingresada por urgencias a causa de una complicación derivada de la diabetes, fallecía.
El caso no es una anécdota. El número de diagnósticos incorrectos a causa de la mala -o nula formación- de algunos “médicos” (¿se puede llamar así a todo el que saca un título de licenciado en Medicina?) aumenta en todo el mundo cada año. Y el problema es que el corporativismo mal entendido por el miedo de los demás médicos a ser también víctimas de una denuncia va a terminar haciendo de este tipo de casos un problema endémico. Los propios médicos deberían tomar la iniciativa. De lo contrario, la van a tomar otros y con mayor dureza. Recuérdese que sólo en Gran Bretaña se produjeron en un año 65.000 agresiones a profesionales de la salud por pacientes descontentos y al ministro de Salud británico no se le ocurrió otra cosa que sugerir a éstos –cuando no obligarles por ley- que deberían aprender técnicas de defensa personal. Un sarcasmo.