Una superbacteria asesina aterroriza Europa

A primeros de junio investigadores del Instituto Genómico de Pekín (China) habían descifrado ya el ADN de la agresiva bacteria -les fue facilitada por la Clínica Universitaria Eppendorf de Hamburgo (Alemania)- que ha infectado a miles de personas y provocado la muerte de otras muchas en Europa constatando que se trata deuna variante hasta ahora desconocida de la E.coli (Escherichia Coli)-"un pariente lejano” según el bacteriólogo germano Holger Rohd– con una combinación de genes nunca vista". Bacteria que permanece más tiempo del normal en el intestino provocando graves disfunciones en los riñones y el sistema nervioso al punto de que la persona infectada puede morir. Lo singular es que todo indica que se trata de la mutación de una bacteria perteneciente al grupo O104 que en condiciones normales sucumben fácilmente ante los antibióticos y, sin embargo, la que nos ocupa –al menos eso afirman los genetistas chinos- posee unos genes que la hacen resistente a los principales; entre ellos, a la penicilina, la estreptomicina, la sulfonamida y la cefalotina.
De hecho la E.coli corriente es una bacteria tan común que suele encontrarse en los intestinos de muchos animales y humanos siendo normalmente inocua pero pudiendo provocar a veces diarreas, infecciones urinarias y respiratorias aunque determinadas cepas pueden causar patologías tan graves como la meningitis o el Síndrome Urémico Hemolítico (HUS). Algo, por otra parte, que no tendría tampoco por qué producirse si se aplicasen tratamientos integrales correctos en lugar de limitarse a dar a los infectados antibióticos. Porque acabar con este tipo de bacterias comunes no es difícil cuando sabe hacerse. De hecho cuando la infección es reciente y leve basta ingerir 6 cápsulas de cúrcuma y 6 de hinojo con cada una de las 3 comidas ¡un solo día! Ahora bien, el problema es que como está tan presente –al igual que las salmonellas- en nuestro entorno, agua y alimentos -incluidos los ya cocinados y envasados- uno puede re-infectarse fácilmente.
En todo caso el problema sólo es grave cuando la infección se extiende o afecta a órganos y funciones vitales estando el organismo bajo de defensas; de ahí que la mayor parte de los fallecidos fueran personas mayores o inmunodeprimidas. Y es que en tales casos puede asegurarse que la bacteria está actuando de manera conjunta con otros patógenos, generalmente virus y parásitos. Por eso las infecciones graves no se deben tratar sólo con antibióticos. Porque cuando así se hace el estado del enfermo puede agravarse ya que al destruir las bacterias se liberan los virus y parásitos que normalmente conviven en su interior en simbiosis. Algo que no suele detectarse en los análisis habituales… y no               ya porque no se busquen –que también- sino porque es difícil detectarlos.
Sucede pues lo mismo que en muchos pacientes de cáncer cuyos síntomas -según contaría la conocida Dra. Hulda Clark- no se deben a menudo a la enfermedad sino a los microbios patógenos presentes. Asegurando que en ellos la característica hinchazón que les aqueja suele deberse precisamente a la E.Coli, la diarrea a la salmonella, la sudoración nocturna a la Mycobacterum avium, el mareo a la presencia de priones, las manchas rosadas de la piel al Staphilococcus aureus, el dolor al Streptococcus pheumoniae, la tos al Streptococcus G., etc. Nuestros médicos debieran recordar pues cómo trataban estos cuadros los curanderos de las antiguas civilizaciones: usando conjuntamente varios remedios que incluyan antibióticos, antivíricos, antifúngicos y antiparasitarios naturales a fin de conseguir el mayor espectro de acción posible.
Así que independientemente de si esa superbacteria es obra de la naturaleza o de la bioingeniería el primer paso debe ser intentar inactivar o eliminar del organismo todo microbio patógeno presente y, por supuesto, evitar nuevas infecciones. Algo para lo que la doctora Hulda R. Clark sugirió la ingesta -5 veces al día de un suplemento que destruye las verotoxinas: el metilsulfonilmetano (MSM). Producto que igualmente rompe, por cierto, las cadenas intermedias de los procesos de formación de tumores al destruir los conocidos “agentes alquilantes”.
Y el segundo paso –paralelo- debería ser impedir que los microbios y parásitos patógenos se multipliquen. Y para ello es primordial asegurarse de no ingerir nada que contenga cloro pues está constatado que en su presencia aumenta la producción microbiana patógena así como la de los agentes alquilantes en los procesos precancerosos y cancerosos. De ahí que deba evitarse la ingesta de agua clorada y, por tanto, no desinfectar con lejía -hipoclorito de sodio- las verduras y hortalizas como han recomendado algunos "expertos" y recogido muchos medios de comunicación.
Obviamente lo ideal es prevenir –especialmente teniendo cuidado con la higiene cuando se va a cuartos de baño públicos- y limpiar las verduras y hortalizas con agua caliente no clorada; bien destilada, bien mineral.