Anatheóresis

Desde que apareció en la revista esta sección son muchas las cartas que recibo de lectores que cada mes me interrogan sobre aspectos concretos de lo que es y supone Anatheóresis.

Y como quiera que es prácticamente imposible dar respuesta una por una a todas ellas, recojo en este espacio algunas de las preguntas básicas cuya respuesta puede ser de mayor interés para todos.

Empiezo pues por la de una adolescente que pregunta si Anatheóresis es una terapia científicamente fundamentada. La respuesta es sí. Nada en Anatheóresis se aparta de los postulados de la más moderna neurología. Así, utiliza unos muy concretos ritmos cerebrales para inducir al paciente a un estado de relajación especial -cuatro ciclos por segundo- que le permite vivenciar -ver y sentir- su historia personal hasta cuando estaba en el útero de su madre. No se utiliza pues la hipnosis profunda sino una relajación que permite al paciente ser consciente de cuanto ve y siente. Por otro lado, Anatheóresis no es una terapia reencarnacionista. Las creencias no son ciencia. Y Anatheóresis es un cuerpo de doctrina científico perfectamente articulado.

Otro lector pregunta qué cura Anatheóresis. Y la respuesta es que lo cura todo y que no cura nada. Porque Anatheóresis no cura enfermedades sino enfermos. Y la curación, por tanto, depende del enfermo no de la «enfermedad» que la medicina convencional diagnostica. Anatheóresis no resuelve, pues, somatizaciones; ni las da nombre siquiera. Anatheóresis ahonda hasta las raíces de la enfermedad para que, sanada la raíz, desaparezca la somatización, sea ésta mental o física. Y recordemos que es a la somatización a lo que la medicina convencional da el nombre de enfermedad.

Otra pregunta es a qué llamo «raíz de la enfermedad». Bien, pues diré de manera somera que nuestros órganos de percepción, desde que somos concebidos, pasan por distintas fases hasta alcanzar los ritmos cerebrales beta maduros que caracterizan al ser adulto. Así, en una primera fase vamos ascendiendo perceptivamente desde una memoria prácticamente celular hasta el mundo altamente emotivo y con lenguaje simbólico de los ritmos cerebrales theta. Y desde el cigoto hasta esos ritmos theta nuestro mundo es subjetivo. Nosotros somos el mundo, un espejismo que se rompe al pasar de los ritmos theta -que marcan la frontera de los ritmos lentos o bajos- a los ritmos beta, que son los que crean la objetividad. Así pues, los daños que vamos recibiendo desde el momento de ser concebidos -daños emocionales que nos llegan de la madre, aun cuando sea otro el causante- se integran en nuestro mundo subjetivo de ritmos bajos. E integramos también las respuestas reflejas de defensa que creamos ante ellos. Y los daños que recibimos pueden ser múltiples: rechazo continuado de la madre al saberse embarazada, tristeza, agobio, disputas matrimoniales, un parto patológico o, simplemente, daños por anestesia, por pérdida prematura de agua amniótica, por inmovilizaciones del feto en el conducto de nacimiento, sentimiento de soledad del bebé en la cuna, etc. Y estos son los daños -lo que yo denomino Cúmulos Analógicos Traumáticos (CATs)- que al llegar a los indicados siete a doce años el ritmo beta de vigilia sumerge en la banda baja de nuestra percepción «olvidándolos». Lo que no significa que dejen de existir. Porque esos daños, desde su infierno de oscuridad viva, forman el guión que luego, ya adultos, seguimos interpretando. Y esa oscuridad viva, esa biografia ahora oculta que contiene nuestra topografia de daños -que son la raíz de nuestras enfermedades- es la que en un momento dado puede estallar somatizando. Y a esa somatización -insisto- es a lo que se le llama enfermedad.

Pero, ¿cómo se puede sanar la raíz de una enfermedad? La respuesta es que con la relajación especial a la que ya me he referido así como con una dialéctica paciente-anatheorólogo de claves también especiales. Con ello se puede acceder a la zona abisal de la conciencia y hacer que el paciente vivencie su biografía oculta -sus CATs- a fin de que, extrayéndolos de la oscuridad de los ritmos bajos cerebrales donde se han formado y donde se encuentran, se hagan presentes en la zona luminosa -o sea, capaz de discernir- de los ritmos altos beta. Y así, al vivenciarlos y comprenderlos, se disuelven. Aunque a veces es preciso un complemento terapéutico de conversión de esos CATs ya comprendidos. De hecho, lo que ocurre con eso que yo llamo comprensión -que no es un simple entender- es que los dos hemisferios cerebrales que todos tenemos lateralizados -casi enfrentados uno contra el otro, siendo uno el de los ritmos bajos y el otro el de los ritmos altos-, lo que ocurre, insisto, es que esos dos hemisferios se sincronizan en fase. Y esto es lo que permite la comprensión. Siendo la comprensión una toma profunda de conciencia de nosotros mismos. Algo que nada tiene de misterioso y que ahora la neurociencia conoce ya muy bien. Si bien es cierto que si ahora Anatheóresis es ya entendida -sólo entendida, no comprendida- por la ciencia, esta misma ciencia estaba muy lejos de aceptar los postulados de mis experiencias en laboratorio cuando empecé a realizarlas hace ya unos treinta años.

¿Entonces Anatheóresis no utiliza fármacos? No, no utiliza fármacos. Anatheóresis es una terapia de liberación. Anatheóresis no acoraza a los enfermos a fin de mantener bloqueada la enfermedad y evitar así que se manifieste, que somatice. Tampoco combate microorganismos. Slo que no significa que haya que repudiar a una medicina que extirpa y combate. Porque esto puede ser a veces -y de hecho es- necesario. Lo que se trata aquí es de comprender que toda terapia puede ser válida. Y que toda terapia tiene su aplicación. Así, ante alguien que tiene por costumbre dañarse hasta el punto de provocarse una hemorragia, lo lógico es que esa hemorragia sea detenida por la medicina convencional. Pero es lógico también preguntarse qué es lo que lleva a ese paciente a provocarse esas hemorragias. Y esto es lo que considera Anatheóresis. Porque un psiquiatra puede resolver, bloqueándola, una depresión grave. Pero, hecho esto, ¿no es lógico intentar buscar la razón de esa depresión para eliminarla definitivamente?

Una última cuestión para terminar: ¿puede dañar la terapia Anatheóresis?

Ante esta misma pregunta, pero referida al Psicoanálisis, Carl G. Jung respondió que sí, que era muy peligroso ponerse en manos de un mal psicoanalista porque eso podía llevar a que el enfermo no sanara, cosa que habría logrado de haber ido a un buen psicoanalista. Y ese era -y sigue siendo- el único y no pequeño daño que podía -y puede- causar el Psicoanálisis. Bien, pues lo mismo afirmo yo: Anatheóresis nunca daña pero un anatheorólogo poco experimentado sí puede dañar no sanando al enfermo que otro anatheorólogo experimentado sí habría sanado.

Joaquín Grau

Este reportaje aparece en
15
Abril 2000
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