Brécol: la verdura anticancerígena por excelencia

Además de extraordinariamente nutritivo y versátil en la cocina el brécol o brócoli es uno de los vegetales que más a menudo aparece en las páginas de la prensa de todo el mundo desde hace años. ¿Por qué? Pues porque las investigaciones lo colocan en el número uno de la lista de las verduras anticancerígenas ya que tiene un papel fundamental en el sistema de desintoxicación natural del organismo y le ayuda a destruir toxinas y carcinógenos además de protegerle contra diversos cánceres y favorecer la apoptosis de las células cancerosas. Pero además se ha comprobado que contribuye al buen funcionamiento del sistema inmune, protege frente a las dolencias cardiacas, ayuda a eliminar la bacteria Helicobacter pylori y tiene propiedades diuréticas, antianémicas, laxantes y depuradoras de la sangre, entre otras. Sobradas razones, pues, para dedicarle varias páginas en nuestra revista.

Si teclea las palabras “brécol” o “brócoli” en cualquier buscador de Internet comprobará que existen en la red decenas de miles de referencias. Muchas son simples recetas para cocinar tan versátil y nutritivo alimento pero otras muchas recogen los resultados de los múltiples estudios llevados a cabo por instituciones de todo el mundo que demuestran que este miembro de la familia de las crucíferas –como lo son también la coliflor, el repollo, la lombarda, la col o las coles de Bruselas- constituye, sin duda, uno de los alimentos más saludables que podemos llevar a nuestra mesa. Y no sólo porque aporte importantes cantidades de vitaminas, minerales y elementos fitoquímicos de contrastada eficacia en la prevención y tratamiento de diversas dolencias sino porque se ha comprobado que es sumamente eficaz tanto para evitar el cáncer como para combatirlo, que bloquea la nefasta actividad de los radicales libres por su gran capacidad antioxidante, que por eso mismo es capaz de prevenir diversas enfermedades degenerativas así como las cardio y cerebrovasculares, que es fundamental en la dieta de las embarazadas por su excelente contenido en folatos, que alivia la retención de líquidos y la hipertensión, que destruye la bacteria Helicobacter pylori y que ayuda a desintoxicar el organismo además de protegerlo de la radiación ultravioleta… por citar sólo algunas de sus propiedades.
¿La clave de su éxito? Al parecer el sulforafano, un compuesto químico presente en el brécol -y especialmente en los brotes tiernos de este vegetal- que fue aislado por primera vez en 1992 por el equipo de investigadores dirigido por el doctor Paul Talalay -director del Laboratorio de Ciencia Molecular de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos) y fundador de The Brassica Chemoprotection Laboratory– que se dedica a estudiar plantas comestibles que promuevan la actividad de enzimas protectoras del organismo que puedan ayudar a prevenir el desarrollo de distintas enfermedades, entre ellas el cáncer. Sólo que desde entonces, como decíamos, no ha hecho sino multiplicarse el número de estudios que tratan de esclarecer las bondades de dicha sustancia. Y los resultados son más que sorprendentes.

MEDICINA DE LA HUERTA

El brécol, brócoli o bróculi pertenece a la familia de las crucíferas que se caracterizan porque sus flores tienen los pétalos en forma de cruz. En ella se incluyen más de 300 géneros y unas 3.000 especies vegetales propias de regiones templadas y frías del hemisferio norte. Su origen parece estar en los países bañados por el Mediterráneo oriental, en concreto en Oriente Próximo. De hecho está documentado que los romanos ya la cultivaban y consumían con frecuencia. Hoy, sin embargo, Estados Unidos es el mayor productor mundial gracias a las extensas plantaciones de esta verdura que se cultivan en California.
Por lo que respecta a su aporte nutricional quizás resulte suficientemente significativo que algunos estudios la califiquen como “la hortaliza de mayor valor nutritivo por unidad de peso de producto comestible”. No en vano aunque su componente mayoritario es el agua –casi un 80%- este vegetal es también muy generoso en vitaminas y minerales. Así, es una excelente fuente de vitamina C. De hecho se considera que 200 gramos de esta hortaliza cubren con creces las necesidades mínimas diarias de esa vitamina ya que aporta 116 mg por cada 100 gramos de brécol. Ración que sería también suficiente para satisfacer los requerimientos diarios de ácido fólico y niacina así como dos terceras partes de provitamina A en forma de  betacaroteno. Asimismo contiene vitaminas B1, B2, B6 y E. Cabe señalar que en el brécol los betacarotenos –pigmentos naturales que el organismo transforma en vitamina A según sus necesidades- están enmascarados por la clorofila, el pigmento más abundante en esta verdura y que también le confiere importantes propiedades terapéuticas (hablamos de ellas en la sección de Alimentación del nº 88 que puede consultar en nuestra web: www.dsalud.com).
En cuanto a su contenido mineral destaca su riqueza en potasio y sus cantidades significativas de calcio, magnesio, manganeso, cobre, fósforo, zinc, hierro, selenio y azufre. Además el brécol es rico en una serie de sustancias fitoquímicas cuyos potenciales efectos beneficiosos para la salud justifican el creciente interés científico por esta planta. Nos referimos, por ejemplo, a sus glucosinolatos, sustancias aromáticas contenidas en el brécol a las que se atribuyen efectos anticancerígenos además de la capacidad de eliminar microorganismos indeseables del cuerpo. Y cuando catabolizan dan lugar a otros compuestos bioactivos no menos interesantes como los indoles -que favorecen la desintoxicación del organismo (el indol-3-carbinol en concreto interviene en el metabolismo de los estrógenos por lo que se investiga su papel en la prevención del cáncer de mama y ovarios)- y los isotiocianatos -a los que se les considera los agentes quimiopreventivos más efectivos que se conocen y entre los que destaca el sulforafano, presente en grandes cantidades en el brécol-. Asimismo, entre esos compuestos fitoquímicos contenidos en el brécol destacan también varios bioflavonoides -entre ellos la quercetina, que actúa como antiinflamatorio y parece ralentizar el crecimiento de algunos tipos de cáncer-, carotenos -entre ellos la luteína, una sustancia abundante en el ojo humano que actúa como protector frente al desarrollo de cataratas y que además se ha relacionado con la disminución del riesgo de padecer trastornos cardiovasculares- y fibra -a la que también se atribuyen importantes propiedades terapéuticas como veremos más adelante-. Pero antes de analizar esas propiedades detengámonos un momento en el sulforafano, el compuesto que ha convertido al brécol en una de las hortalizas más estudiadas por laboratorios de todo el mundo.

EL SULFORAFANO Y LAS ENZIMAS DE DETOXIFICACIÓN

Convencido como Hipócrates de que la dieta puede ser la mejor herramienta preventiva frente a las llamadas enfermedades el ya citado doctor Talalay ha consagrado su carrera al estudio de los efectos protectores frente al daño celular y el cáncer de distintas variedades de verduras. Y fruto de su ingente trabajo este investigador elaboraría una especie de estrategia quimioprotectora que consiste en sacar partido de las enzimas de detoxificación de la Fase II del organismo, aquéllas que nuestro cuerpo produce para neutralizar tanto las sustancias químicas potencialmente carcinógenas, como los radicales libres –responsables del envejecimiento y del daño celular- antes de que puedan dañar el ADN e iniciar el desarrollo del cáncer y otras enfermedades.
Pues bien, sería como resultado de esa investigación que el doctor Talalay y su equipo aislaron e identificaron en 1992 el sulforafano –y su precursor natural: el sulforafano glucosinolato– descubriendo que este compuesto natural presente en el brócoli –en concreto emplearon la variedad llamada Brassica Oleracea Italica– es el más potente estimulador natural conocido de las mencionadas enzimas de Fase II. Además desentrañaron sus mecanismos antioxidantes y dedujeron que funciona de forma indirecta. Es decir, que no neutraliza directamente los radicales libres como sí lo hacen antioxidantes directos –las vitaminas C y E o los betacarotenos, por mencionar algunos- sino que lo logra induciendo o estimulando la actividad de esas enzimas detoxificadoras que, según explica Talalay, “actúan como un mecanismo de defensa al provocar una actividad antioxidante amplia que neutraliza muchos radicales libres haciendo el ciclo una y otra vez antes de que puedan causar el daño celular que podría llevar a mutaciones y provocar cáncer”. Aclararemos que los efectos de los antioxidantes indirectos como el sulforafano pueden además durar días pues crean una especie de “ejército” de antioxidantes preparado para neutralizar los radicales libres mientras los antioxidantes directos sólo neutralizan cada uno una molécula de un radical libre y se destruyen durante el propio proceso. De ahí que los indirectos resulten más eficaces a la hora de estimular a las células para protegerse frente a cualquier patología, cáncer incluido.
Pero, ¿qué son esas importantes enzimas y cuáles son sus funciones? Bien, pues estas enzimas detoxificadoras –tanto las de la fase I como las de la fase II- son enzimas hepáticas a las que se considera la primera línea de defensa del cuerpo frente a las enfermedades. Y adelantamos que el funcionamiento armónico de ambas familias es esencial para que el organismo pueda protegerse de forma efectiva de todo tipo de sustancias tóxicas a las que está expuesto en todo momento. Armonía que es fundamental porque resulta que esos dos grupos de enzimas trabajan el uno contra el otro de manera que sólo cuando sus efectos contradictorios se equilibran se consigue esa eficaz protección frente a la enfermedad. Lo explicamos. Por un lado, las enzimas de la fase I se encargan de localizar las sustancias tóxicas y carcinógenas que han entrado en el cuerpo –por la dieta, por la contaminación del entorno, por la exposición a toxinas, etc.- y hacerlas más reactivas -es decir, potencialmente más cancerígenas-, más solubles en agua y más fáciles de eliminar del cuerpo por la acción de las enzimas de fase II. Cuando éstas son activadas por algún componente de la dieta -como es el caso del sulforafano– el cuerpo es más capaz de detoxificar los reactivos producidos por las enzimas de fase I, bien atacándolos directamente, bien volviéndolos inertes y favoreciendo su expulsión del organismo por los mecanismos de depuración habituales. Pero si se rompe el equilibrio de este sistema podría ocurrir que la fase I activara carcinógenos que la fase II no pudiera eliminar y entonces se producirían daños que conducirían a la enfermedad.
Conocido este delicado mecanismo los científicos se dedicaron a buscar sustancias contenidas en alimentos que pudieran afectar a una parte del sistema sin interferir en la otra pero lo cierto es que no conseguían inhibir la potencialmente peligrosa actividad de la fase I sin inhibir también la capacidad anticancerígena de la fase II. Afortunadamente eso cambió cuando Talalay y su equipo descubrieron que el sulforafano es capaz de estimular selectivamente sólo las enzimas de la fase II. Por tanto, teóricamente al menos, sería posible mantener una dieta que produzca los dos efectos deseables a la vez: inhibir la fase I -con lo que se minimiza el riesgo- y aumentar las enzimas de la fase II -lo que favorece la capacidad defensiva del organismo-. A lo que hay que sumar, como mencionábamos anteriormente, que el sulforafano es un antioxidante indirecto o a largo plazo que al estimular la actividad de las enzimas fase II -que son capaces de neutralizar los radicales libres- pone en marcha diferentes mecanismos de defensa en las células de todo el cuerpo. Esto permite, por ejemplo, prevenir el daño celular oxidativo, aumentar la respuesta inmune y disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas y cáncer. Protección que permanece incluso después de haber eliminado el sulforafano ya que las enzimas fase II que éste estimula siguen haciendo su labor detoxificadora durante días.

ANTICANCERÍGENO, ANTIOXIDANTE, CARDIOPROTECTOR,…

Explicada la implicación del sulforafano en la estimulación de las enzimas detoxificadoras fase II y su capacidad antioxidante indirecta, y enumerados sus más que numerosos nutrientes suponemos que al lector le será sencillo comprender las razones por las que a este compuesto propio de la mayoría de las crucíferas -pero especialmente del brócoli- se le atribuyen tan numerosas propiedades. Solo que además a esa actividad terapéutica se suma la propia del resto de sus nutrientes. Por eso la literatura científica no tiene reparos en afirmar hoy que esta verdura:

-Previene el cáncer.

Como dijimos antes los sorprendentes resultados de los más de 350 estudios publicados sobre esta sustancia han llevado a numerosos expertos a colocar al brécol –y por extensión a las crucíferas- a la cabeza del listado de los vegetales considerados anticancerígenos. Y es que gracias a esos mismos trabajos de investigación se sabe que su capacidad para combatir el cáncer no se debe sólo a su capacidad para modular las enzimas de la fase I y II sino a que también tiene actividad antiinflamatoria, antibacteriana y antiviral además de inducir la apoptosis selectiva de las células cancerosas, inhibir la formación de nuevos vasos sanguíneos que puedan alimentar al tumor y provocar el paro del ciclo celular al evitar la división en las líneas celulares cancerígenas en cánceres de colon (algunas fuentes señalan que tomar unos 350 gramos de brécol fresco a la semana resulta muy eficaz para reducir el riesgo de padecerlo), próstata, vejiga, páncreas, mama, leucemia, etc. De hecho el cáncer de mama fue el primero que abordaron Talalay y sus colaboradores. Así, en 1994 estos expertos comprobaron que el sulforafano bloqueaba la formación de tumores mamarios en ratas a las que se les había inoculado un potente carcinógeno y así lo publicaron en Proceedings of the National Academy of Sciences. “No sólo disminuyó en un 60% el número de animales que desarrollaron un tumor –explica el científico norteamericano en dicha publicación- sino que la cantidad de tumores en cada uno de ellos se redujo en un 80% y el tamaño de las tumoraciones desarrolladas era un 75% inferior”. En cuanto al cáncer de vejiga, por poner otro ejemplo, en febrero del presente 2008 se publicaban los resultados de un estudio llevado a cabo sobre ratones por investigadores del Instituto Oncológico Roswell Park (Estados Unidos) según el cual extractos concentrados de brócoli seco y congelado frenarían el desarrollo de tumores de vejiga y eliminarían la progresión tumoral en más del 50% de los casos. Según Yuesheng Zhang, autor principal del estudio, “los efectos positivos provienen en parte de los isotiocianatos (el principal de los cuales es el sulforafano), un grupo de fitoquímicos de los que ya se conocen algunas propiedades anticancerígenas”. Y añade que el brécol fresco cuenta con 30 veces más isotiocianatos que el que ha madurado y que otras crucíferas -col y repollo- también tienen estas propiedades.
Al sulforafano se le atribuye además un efecto protector frente a cánceres de pulmón (según las investigaciones el consumo habitual de verduras que lo contengan podría reducir de forma importante la aparición de tumores pulmonares entre personas fumadoras), endometrio, útero, estómago o hígado. De hecho el primer ensayo clínico realizado con sulforafano sobre humanos se realizó para comprobar su capacidad preventiva sobre el cáncer hepático. Los resultados de esta investigación -realizada en China por un equipo de científicos del Instituto Qidong sobre el Cáncer de Hígado y de la Universidad de Shangai Jiao Tong (ambos en China) que trabajaron en colaboración con la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, la Escuela Bloomberg de Salud Pública y la Universidad de Minnesota (todas ellas en Estados Unidos)- se publicaron en 2005 y demostraban que los brotes de brécol pueden ayudar al cuerpo a detoxificar los carcinógenos lo que reduce el riesgo de desarrollar cáncer y, en concreto, cáncer de hígado. Este estudio doble ciego –el primero, insistimos, que constataba que el brócoli ayuda a prevenir el cáncer en humanos- se llevó a cabo sobre 100 personas de la provincia china de Jiangsu, una zona rural donde la incidencia de cáncer de hígado es extremadamente alta por el consumo de cereales contaminados con un moho que produce aflatoxina, poderoso carcinógeno que se une al ADN y hace aumentar considerablemente el riesgo de desarrollar cáncer hepático. Bien, pues a una parte de estas personas se les dio un placebo y a otra parte se les dio a beber -cinco veces al día durante dos semanas- un preparado líquido de extracto de brotes de brócoli con niveles conocidos de sulforafano glucosinolato, el precursor del sulforafano. Los análisis de orina que se recogieron de las personas que tomaban el preparado demostraron que los carcinógenos estaban siendo eliminados del cuerpo y que a medida que aumentaban los niveles de derivados de esta sustancia en la orina disminuía la cantidad de daños en el ADN lo que según los expertos indica que se reducía el riesgo de desarrollar cáncer. “Falta más investigación de sus efectos anticancerígenos en humanos -reconoce Talalay- pero sin duda el pronóstico es muy prometedor”. Especialmente, añadimos, si tenemos en cuenta que investigadores tanto de la Universidad de Toulouse (Francia) como del Institute of Food Research británico llegaron, mediante investigaciones separadas, a la misma conclusión: que el sulforafano puede provocar, al menos in vitro, la apoptosis selectiva de las células cancerosas. En el caso de la investigación francesa, por ejemplo, se observó que esta sustancia inducía la muerte de células humanas de carcinoma de colon. Y si a esto le sumamos que se ha comprobado que esta sustancia protege de forma efectiva contra el potencial cancerígeno de gases diesel, humo de cigarrillos, radiación ultravioleta, carne y pescados demasiado cocinados, etc., entenderemos porqué se considera al brécol –especialmente rico en sulforafano y sulforafano glucosinolato, su precursor- la verdura anticancerígena por excelencia.

-Es un potente antioxidante y detoxificante.

Como se ha mencionado ya varios de los nutrientes contenidos en el brécol justifican sobradamente que se le considere un alimento con capacidad antioxidante pero es que además su riqueza en sulforafano le convierte en una verdura con actividad antirradicalar indirecta y duradera que además ayuda a las enzimas de detoxificación a neutralizar las sustancias dañinas que penetran en nuestro cuerpo a través de diferentes vías. Y por esa capacidad para bloquear los negativos efectos de los radicales libres se considera que también contribuye a reducir el riesgo cardiovascular y cerebrovascular y que previene el desarrollo de numerosas dolencias degenerativas al evitar el daño celular y el envejecimiento provocado por las moléculas reactivas.

-Fortalece las defensas del organismo.

Por su alto contenido en betacarotenos y vitamina C contribuye al buen funcionamiento del sistema inmune y ayuda a combatir infecciones pero además, gracias de nuevo al sulforafano, fortalece las defensas del cuerpo frente a diversas sustancias tóxicas y potencialmente cancerígenas. A este respecto, por ejemplo, en marzo de 2008 un nuevo estudio de la Universidad de Los Ángeles (UCLA, Estados Unidos) ha comprobado que el sulforafano protege a las células del sistema inmune de la acción de los radicales libres. El estudio, realizado con ratones de avanzada edad, demuestra que este compuesto es capaz de estimular las defensas antioxidantes del organismo y retrasar el declive del sistema inmune. Concretamente se ha visto que el sulforafano interfiere con una proteína denominada Nrf2 que sirve de regulador de múltiples sustancias antioxidantes rejuveneciendo genes y enzimas.

-Es cardioprotector.

A principios de 2008 se publicaron asimismo los resultados de un estudio realizado por el profesor Dipak Das -investigador de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos)- según el cual el brócoli parece favorecer que el cuerpo produzca una proteína llamada thioredoxin que protege frente al daño celular en el corazón y que sería el sulforafano el que resultaría especialmente efectivo para activar dicho proceso. Además, como ya hemos mencionado, sus nutrientes ayudan a prevenir dolencias cardiovasculares, cerebrovasculares y degenerativas.

-Elimina la bacteria Helicobacter pylori.

“Elsulforafano ayuda –in vitro y en ratones- a eliminar la bacteria Helicobacter pylori, responsable de las gastritis y del 70% de las úlceras gástricas además de importante factor de riesgo para desarrollar cáncer de estómago”. Al menos así lo afirma el profesor Jed Fahey, coordinador del Departamento de Farmacología y Ciencia Molecular de la Escuela de Medicina de la ya mencionada Universidad John Hopkins que, junto con expertos del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia realizó un estudio que revela que el sulforafano es capaz de detener el crecimiento de esta bacteria y de destruirla. Es más, según esta investigación acabaría incluso con los microorganismos que han llegado a hacerse resistentes a los antibióticos y con los que se “esconden” en el interior de las células que componen los tejidos del estómago. “Desde hace tiempo –afirma Fahey- conocíamos que el sulforafano ejercía una modesta acción antibiótica. Sin embargo, su potencia contra la Helicobacter pylori, incluso contra aquellas cepas resistentes a los antibióticos convencionales, ha sido una grata sorpresa”.

-Desintoxica el organismo.

Además de ayudar al hígado a desintoxicar el organismo eliminando -mediante la acción de las enzimas de fase II las toxinas que podrían desencadenar el desarrollo de enfermedades y células cancerosas- el brécol estimula la depuración interna. Por ejemplo, se sabe que favorece la depuración de la sangre. Asimismo, por su elevado contenido en agua y en potasio, y su carencia casi completa de sodio es un eficaz diurético y su consumo favorece la eliminación del exceso de líquidos lo que resulta beneficioso para quienes padecen hipertensión, retienen líquidos o sufren oliguria (escasa producción de orina). A fin de cuentas con la orina se excretan numerosas sustancias de desecho –entre ellas el exceso de ácido úrico- por lo que también resulta interesante para quienes padecen hiperuricemia y gota o para quienes tienen tendencia a padecer cálculos renales. También se ha constatado que tiene actividad laxante por su contenido en fibra que, entre otras propiedades, previene o mejora el estreñimiento, ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre (disminuye la absorción intestinal de este lípido) y favorece el adecuado control de la glucemia en diabéticos.

 -Aliado durante el embarazo y la menopausia.

Por su ya mencionado contenido en folatos se considera asimismo al brécol una verdura recomendable para las mujeres embarazadas ya que la deficiencia de esta vitamina durante las primeras semanas de gestación puede provocar en el bebé defectos como la espina bífida o la anencefalia. No en vano el ácido fólico juega un importante papel en la síntesis del ADN y del ARN siendo imprescindible para que las células puedan replicarse. Además tenga en cuenta, si toma anticonceptivos orales, que éstos reducen la disponibilidad de folatos en el organismo. Por otro lado, al igual que la soja algunos de los nutrientes del brécol actúan como fitoestrógenos y, a su vez, esta verdura aporta calcio por lo que se aconseja su ingesta durante la menopausia para prevenir sus indeseables síntomas.

Por si fuera poco lo dicho el brécol combate también el envejecimiento, mejora la función prostática y la calidad del esperma (por su aporte en zinc), mantiene el buen estado de la piel y las mucosas (por su contenido en sulforafano, betacarotenos, selenio, vitamina C y zinc), reduce en hasta un 37% los daños ocasionados sobre la piel por los rayos ultravioletas e induce la síntesis de proteínas que favorecen la protección y reparación de la misma, es muy adecuado en las dietas de adelgazamiento porque nutre y no engorda y resulta un eficaz antianémico por ser fuente de hierro, clorofila y ácido fólico.
En resumen, el brécol y sus parientes crucíferas son una más que interesante forma natural de prevenir enfermedades y asegurarnos el mantenimiento de nuestra buena salud.

CRUDO, POCO HECHO O EN CÁPSULAS

En fin, si se decide a comprar brécol sepa que las épocas de máxima calidad son el invierno y la primavera aunque en el mercado se puede encontrar durante todo el año. Eso sí, elija siempre piezas de pedúnculos florales pequeños y compactos que sean de color verde brillante y tengan el tallo firme rechazando aquellas cuyas flores estén abiertas o amarillentas, o resulten blandos a la presión. Para conservarlo adecuadamente no lave el brécol y métalo en una bolsa de plástico perforada en el verdulero del frigorífico (un máximo de 5 días). Y cuando vaya a prepararlo para ingerir lávelo bajo un chorro de agua fría y nunca lo deje en remojo. Luego, a lo hora de consumirlo, si prefiere no ingerirlo crudo en ensalada puede prepararlo al vapor o cocerlo echándolo en agua –poca cantidad- que ya esté hirviendo durante tres o cuatro minutos. Así se reduce de forma considerable la pérdida de sustancias nutritivas (los folatos y otras vitaminas y las sales minerales son muy sensibles al calor).
Otra recomendación importante: según los expertos se necesitan 300 gramos diarios de brócoli para reforzar las enzimas protectoras del cuerpo en su lucha contra el crecimiento de las células cancerosas. El problema es que la cantidad de nutrientes contenidos en el brécol dependen de si éste está fresco o maduro, de si lo hemos conservado o cocinado adecuadamente, etc. De ahí que  para procurarse suficiente sulforafano sin tener que incluir en la dieta grandes cantidades de verdura sea una opción tomarlo en forma de suplemento dietético. El propio laboratorio que dirige el doctor Talalay comercializa hoy el sulforafano glucosalinato tras obtenerlo a partir de un proceso de extracción patentado -cuyo dueño es la Universidad John Hopkins– que respeta la integridad de la estructura química de los brotes de brócoli y que en España comercializa 100% Natural bajo el nombre de NutriSGS. Este sulforafano glucosinolato se extrae sólo de los germinados de la variedad de brécol Brassica oleracea italica cuando tienen tres días de vida y los suplementos elaborados con ellos poseen -según Talalay- entre 20 y 50 veces más concentración que la verdura madura y cocinada.
Un último consejo: si prefiere consumirlo en forma de verdura tenga en cuenta que la fibra y los compuestos de azufre -abundantes en el brécol- pueden causar flatulencia, especialmente a las personas que tengan problemas para digerirlo. Por otra parte, ingerida cruda puede irritar el tejido renal (también a causa del azufre) por lo que se recomienda que las personas con problemas renales no la consuman de esa forma. Cabe añadir, para terminar, que las crucíferas contienen compuestos bociógenos que pueden bloquear la absorción y utilización del yodo frenando o ralentizando así la actividad de la tiroides pero esas sustancias se producen por la acción de una enzima que se libera cuando se machaca –o mastica- el brécol crudo, no el cocinado. Y aunque es poco probable que llegue a producir bocio se recomienda por eso evitar el consumo habitual de crucíferas cuando se padece hipotiroidismo.

L.J.

Recuadro:


Propiedades del brécol

-Ayuda a eliminar las sustancias tóxicas –incluidas las carcinógenas- que llegan al organismo.
-Inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos tumorales.
-Induce la apoptosis selectiva de las células cancerosas.
-Modula las enzimas detoxificadoras de las fases I y II.
-Potencia el sistema inmune.
-Previene el desarrollo de enfermedades hepáticas, renales, oculares, cardiovasculares, cerebrovasculares, etc.
-Protege frente a la contaminación ambiental.
-Constituye una protección eficaz contra el daño causado por la radiación ultravioleta.
-Tiene capacidad bactericida -especialmente frente a la Helicobacter pylori– y antiviral.
-Es un potente antioxidante que combate eficazmente los radicales libres por lo que evita el daño oxidativo y el envejecimiento prematuro.
-Favorece la función hepática.
-Ayuda a depurar el organismo.
-Tiene propiedades antiinflamatorias.
-Estimula la función prostática.
-Es diurético, laxante, antianémico y dermoprotector.


Indicaciones

-Anemia.
-Cálculos renales.
-Cáncer.
-Cataratas.
-Degeneración macular.
-Diabetes.
-Dolencias dérmicas.
-Estreñimiento.
-Gota.
-Hipercolesterolemia.
-Hipertensión.
-Hiperuricemia.
-Molestias de la menopausia.
-Oliguria.
-Problemas de próstata.
-Retención de líquidos.
-Úlcera estomacal.

Este reportaje aparece en
106
Junio 2008
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