El precio de la libertad

La Noesiterapia es una escuela humanística dentro de la Medicina creada por el cirujano español Ángel Escudero Juan en Valencia y que desde 1972 permite operar sin anestesia química a los pacientes y dar a luz a las mujeres utilizando sólo anestesia psicológica. Para ello basta enseñar a programar el cerebro con el propio pensamiento y movilizar los mecanismos naturales de la curación. La Noesiterapia se convierte así en la base de la mejor Medicina Preventiva y en un punto de apoyo para luchar contra las ideas de «imposible» e «incurable» tan arraigadas en nuestra cultura. Es más, el conocimiento y uso inteligente de los fundamentos de la Noesiterapia mejora los resultados de cualquier actividad humana: estudio, trabajo, deporte, relaciones sociales, etc. Y, por descontado, el resultado de cualquier práctica médica.

Pensar es algo tan simple que no concedemos apenas importancia a nuestros pensamientos. Y, sin embargo, nada hay más importante en la vida del hombre que su pensamiento. Puedes pensar lo que te venga en gana, eres libre de hacerlo porque Dios te hizo así. Eso diferencia al ser humano de los demás animales: su libertad de pensamiento. Pero ¡atención! Esa libertad tiene un precio: tu propia felicidad.

El hombre, con la capacidad creadora del pensamiento, tiene a su alcance el Bien Infinito si lo usa positiva y adecuadamente. O crea su propio infierno en vida. Por eso el precio de la libertad de pensamiento es la propia felicidad.

Pero eso no es todo. Nuestros pensamientos trascienden. Salen de nosotros y son captados a nivel inconsciente -a veces incluso consciente- por todos nuestros semejantes (telepatía). En consecuencia, estamos mucho más unidos de lo que se piensa de ordinario. Somos parte del alma colectiva intemporal que identifica a la humanidad y a través de la cual compartimos luz o tinieblas, bien o mal, creados en nuestras vidas por medio de ese maravilloso poder creador de nuestros pensamientos. Esa es la comunión de los santos… y de los no santos.

Mis pacientes, con un pensamiento, son capaces de pasar por el quirófano sin necesidad de usar anestesia química convirtiendo lo que para otros sería dolor en gozo. Son capaces de superar la enfermedad sin medicinas o con las menos posibles. Las madres paren con una felicidad casi increíble y los niños nacen bajo el efecto de la anestesia psicológica materno-fetal que sus madres les proporcionan, con la felicidad reflejada en sus semblantes y con el fulgor de la inteligencia en sus miradas. Y además, con algo maravilloso: una mayor libertad para escoger entre las situaciones que la vida les plantea al no haberse sembrado en sus almas la semilla del miedo a los cambios de situación, que en ellos hubiera prendido si el nacer les hubiera supuesto pérdida de la protección -que tenían dentro de sus madres- y sufrimiento. En una palabra, podrán ser más felices si su libertad la usan para amar en lugar de para temer, para compartir con sus semejantes el bien.

Todo lo que acabo de mencionar, que son hechos ordinarios y corrientes dentro de la Noesiterapia o curación por el pensamiento -del griego noesis: acción de pensar- son sólo botones de muestra de lo que el pensamiento es capaz de producir en la vida del hombre.

Es triste constatar que sólo nos han enseñado a hablar y pensar en el mal. En su presencia o en su ausencia. Y eso atrae nuevos males a nuestra vida. Es un hecho que podemos observar en la vida ordinaria. Encuentras a una persona torturada por la enfermedad y el dolor, y te cuenta con todo lujo de detalles su mal hasta el punto de que te lo hace vivir, con lo que está aumentando su propio mal. Haz algo que le devuelva el bien que necesita y oirás decir: «Ya no tengo nada». Curioso. O triste. Al «bien» le llama «nada». Trata de que te hable del bien que siente ahora y verás de qué repertorio tan corto dispone para describir su nueva situación de bienestar. Y es que así como el mal lo aumentamos al pensar en él, con el bien sucede otro tanto. En cualquier caso, me vas a permitir, amigo lector, que por mi experiencia te ofrezca un consejo -sólo uno- para cambiar tu vida si quieres: usa tu libertad de pensamiento para hacerlo siempre positivamente. Piensa que tienes ese bien que necesitas -no importa cuál- y verás lo que pasa en tu vida. Aumentará tu paz, tu salud y, en definitiva, tu felicidad. Piensa negativamente, piensa en el mal y la felicidad se esfumará de tu vida. Y es que el precio de la libertad es la propia felicidad.

UN EJEMPLO ILUSTRATIVO

Permítaseme que transcriba, para terminar, un mensaje recibido de una paciente: Carmen Pacheco.

Querido Dr. Escudero: ante todo, mis mejores deseos para este año 2000 aunque no me cabe ninguna duda de que tú atraes toda clase de bienes hacia tí y hacia todos los que te rodean, entre los cuales me incluyo.

Me he convertido en una especie de apóstol de la Noesiterapia pues el cambio que he realizado en mi vida sobrepasa las expectativas que he tenido en mis mejores sueños.

Utilizo la Noesiterapia a diario y para todo. Por ejemplo: hace dos días tuve un accidente casero que pudo ser una quemadura seria (agarré un quemador de cocina con mis manos cuando estaba recién apagado) y rápidamente me llené la boca de saliva y me imaginé la piel recobrando la normalidad y sana. No se me levantó ninguna ampolla.

Debido a mi trabajo (es maestra) conozco a mucha gente que a veces me consulta sus problemas y dificultades. Antes de las vacaciones de Navidad, un hombre me consultó sobre un cambio de trabajo. Tenía sus dudas acerca de dejar a su socio vendiéndole su parte y marchándose a continuación a otra población a hacer algo radicalmente distinto y aparentemente más rentable. En vez de darle mi opinión, se me ocurrió decirle que se llenara la boca de saliva antes de dormirse y que encargase a su cerebro la búsqueda de la solución. Y que estuviese seguro de que a la mañana siguiente tendría una idea clara de lo que tenía que hacer. Me llamó por teléfono al día siguiente y me contó que la Noesiterapia le había funcionado de tal manera que emplearía esa técnica en el futuro siempre.

Me llena de alegría ésta y otras experiencias por lo que concluyo diciendo lo que tantas veces está demostrado: la casualidad no existe. Estoy convencida de que la operación de varices de mis piernas con anestesia psicológica fue providencial. Un abrazo.

Este reportaje aparece en
15
Abril 2000
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