¿Indultar a un pederasta?
Número 11 - Diciembre 1999
Tiempo de lectura: 7 minutos
Un padre que acaba de ser juzgado en España violó a su hijo de cuatro años. Sólo que ese repugnante hecho no ha sido la noticia porque son tantas las violaciones de niños y, especialmente, de niñas por sus padres –y de ello, como terapeuta, puedo dar fe– que la violación de menores pareciera empezar a ser ya una práctica asumida. Tanto es así que la noticia de esa violación se ha centrado no en la misma si no en la permisividad de un juez –compartida por muchos buenos ciudadanos– de que el padre –al que ese mismo juez ha encontrado probadamente culpable y al que ha aplicado una pena de siete años de prisión– sea indultado y, en consecuencia, no cumpla la sentencia. Petición que justifica el juez con frases como las que siguen: «¿Qué sentido tiene que el padre ingrese en prisión cuando esa medida no iba a causar ningún beneficio a ninguna de las partes implicadas y cuando el hecho en sí no había tenido repercusión social?» «Fue conmovedor el cariño que he visto sentía el hijo por su padre» «Es el único caso que he visto en que el propio chico asumía la excusa con que se defendió su padre, al que nunca llegó a acusar».

Este texto solo está disponible para suscriptores.






