La alimentación marca hasta nuestra manera de ser

Obsesionado desde joven por encontrar fórmulas que pudieran llevar a la humanidad a un estado de confraternización mundial que hiciera imposibles las guerras, Michio Kushi terminaría llegando a la conclusión de que la transformación global sólo llegará a través de la transformación individual. Y que, en buena medida, es la inadecuada alimentación de los seres humanos la que impide que eso se generalice. De ahí que terminara proponiendo un método de alimentación que hoy es conocido en el mundo entero: la Dieta Macrobiótica Estándar. Sólo que es mucho más que una dieta: se trata de toda una filosofía de vida.

Nacido en Japón,Michio Kushi viviría con 20 años cómo su país recibía el impacto de dos bombas atómicas, una experiencia que le impactó tan profundamente que a raíz de ella sintió la necesidad de encontrar respuestas que le permitieran ayudar a lograr un mundo en paz en el que la gente fuera sana y feliz.

Con aquella idea en su mente y en su corazón comenzaría la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Tokio, viajando tres años después a la Universidad de Columbia (EE.UU.) a fin de recopilar datos de cómo se estaba trabajando por la paz.

Tuvo entonces la oportunidad de entrevistarse con grandes personajes de la época que trabajaban por lo mismo como Gandhi u Openhauer pero se dio cuenta de que todos pensaban en mejorar los recursos materiales, los programas educacionales… ideas que, sin embargo, una vez puestas en práctica no lograban que el hombre fuera más humano, menos violento. Aquello podía mejorar su calidad de vida –pensó- pero no su carácter, su personalidad.

Kushi se preguntaba por qué arraigaba con tanta facilidad el odio o el rencor en los corazones de las personas y por qué la gente enfermaba de forma tan habitual… Y llegó a la conclusión de que mientras no consiguiéramos todos estar mentalmente en paz, mientras no tuviéramos buenos sentimientos individuales, jamás se podría lograr la paz mundial.

Así que durante mucho tiempo se dedicó a estudiar al ser humano, a observarlo en la calle, en la oficina, en los lugares de ocio… y encontró respuestas que no había leído en los libros ni le habían enseñado en la universidad. Llegaría así a la conclusión de que cuando el entorno cambia, nosotros también cambiamos. Y de que parte de ese entorno se introduce además en nuestro cuerpo como alimento: los rayos del sol, los rayos cósmicos, el aire que respiramos, el agua… Aún más, entendió que el entorno y las relaciones sociales también son “alimento”. Y que lo que se toma como alimento –en ese sentido amplio- se expande luego al exterior, a nuestro entorno, en un movimiento de intercambio igual al de la respiración.

Quiso entonces determinar cuál o cuáles eran los factores controlables en esos entornos cambiantes y descubrió que el único realmente controlable es el libre albedrío, la capacidad de elegir. Y, por ende, la facultad de decidir lo que queremos que nos “alimente” y lo que no. Porque la posibilidad de ver una película violenta en televisión o un documental formativo depende de nosotros. En definitiva, el alimento espiritual del que se nutre nuestra alma es decisión personal, no del entorno. De nuestro libre albedrío. Luego comprobaría además que las decisiones que uno toma al elegir el alimento pueden, incluso, cambiar el carácter de la persona. Y dando un paso más allá se dio cuenta de que eso era así incluso hablando del alimento físico, de la comida y de la bebida. Recordaría entonces lo que un día le aconsejó George Ohsawa, creador de la Dieta Macrobiótica (en realidad, toda una filosofía), cuando al decirle que buscaba caminos para lograr la paz mundial éste le respondió que tuviera en cuenta la dieta; un consejo que en aquella ocasión no entendió bien.

Pero tenía razón. YMichio Kushi se dio entonces cuenta de la importancia que tenía la alimentación tanto en la salud como en la personalidad y el carácter. Como se dio cuenta de que se pueden elegir no sólo los alimentos que se quieren ingerir sino también la forma de cocinarlos, la cantidad, la frecuencia con que se toman, la procedencia de los mismos…

Quiso entonces saber cuáles serían los alimentos más convenientes para la salud y se dedicó a estudiar las cocinas de muchos países y todo lo que se sabía sobre nutrición, incluidos los conocimientos de las antiguas culturas. Y descubriría así lo más importante: que a partir de que la alimentación se convirtiera en un producto comercial, las cadenas de comida rápida se expandieran, los productos se refinaran cada vez más y se empezara a abusar de los azúcares y las grasas… fue cuando la gente empezó a sentirse mal, aumentando las enfermedades y potenciándose las dificultades en las relaciones sociales.

Fue entonces cuando, partiendo de las enseñanzas de Ohsawa, decidiría crear una dieta en el convencimiento de que si lograba cambiar la forma de alimentarse de la gente cambiaría la sociedad. Una nueva y a la vez antiquísima forma de alimentación basada principalmente en el consumo de cereales integrales, granos, legumbres, verduras, algas marinas y pequeñas porciones de pescado evitando los productos lácteos, los azúcares y las carnes. Nacía así la Dieta Macrobiótica Estándar.

Estos principios y otros muchos conocimientos los ha vertido Kushi en cuarenta libros, traducidos a ocho idiomas. Asimismo, lleva años impartiendo conferencias y desarrollando seminarios por todo el mundo. Claro que, en realidad, la dieta de Kushi no es sólo una dieta: encierra toda una filosofía de vida que conlleva cambiar otros muchos hábitos y comportamientos.

LA REVOLUCIÓN BIOLÓGICA 

Gran parte de los sociólogos, psicólogos y políticos del mundo son conscientes de que la sociedad actual está en crisis. Y todos entienden que es preciso llevar a cabo algún tipo de revolución pacífica. Lo malo es que la mayoría busca las causas fuera, en el entorno, siempre a la caza de “culpables”, sin considerar siquiera la posibilidad de que el culpable sea uno mismo y que la revolución haya que hacerla de dentro a fuera. Como se olvida que no hay nada mejor que predicar con el ejemplo.

Kushi, en cambio, lo tiene claro. Para él, si realmente deseamos proseguir feliz y dignamente nuestra existencia sobre la Tierra tendríamos que fijarnos como objetivo la reconstrucción de la humanidad a todos los niveles: individual, familiar, comunitario, nacional e internacional; pero comenzando por el primero: el individual.

Y si gracias a estos esfuerzos conseguimos modificar el curso de esta degeneración hacia una existencia continua dará comienzo un nuevo ciclo asentado en un sólido fundamento biológico, con nuevas orientaciones sociales, ideológicas y espirituales.
Ahora bien, para poder recobrar nuestra salud física, mental, emocional y espiritual cada uno de nosotros debe trabajar en la reorientación individual. Tales son sus consejos:

1) Debemos reflexionar sobre nuestra vida diaria, aprender a ser sinceros con nosotros mismos y descubrir si estamos meramente en busca de placeres sensoriales y del confort emocional. Muchas veces nos olvidamos -e incluso, renegamos- de nuestro potencial innato para disfrutar de una mayor felicidad y de una libertad más elevada.
2) También debemos reflexionar sobre nuestra comida y bebida diarias. ¿Son realmente las adecuadas para producir la mejor calidad de sangre y células a fin de asegurar nuestro mejor estado mental y espiritual?
3) Además debemos reflexionar sobre nuestros pensamientos respecto de nuestros padres, familia, amigos y demás personas. Observar si les respetamos y queremos de corazón así como si nuestra conducta para con ellos es correcta y eso les ayuda a estar sanos y sentirse bien.
4) Igualmente debemos recapacitar para saber si estamos construyendo un mundo de acuerdo con el orden natural respetando el medio ambiente.
5) Debemos, asimismo, meditar sobre nuestra comprensión: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene nuestra vida?
6) Finalmente, debemos intentar recobrar nuestra memoria profunda oculta en el subconsciente así como intentar comprender los mecanismos por los que se rige la vida, el universo y su manifestación en nuestra vida y actividad diarias.

Y es que la recuperación de la felicidad y del equilibrio físico y mental pasa por la comprensión del orden perpetuo de contracción/expansión del universo, de la dialéctica y cambio dinámico que gobierna cada fenómeno de la existencia. De hecho, para poder liberarnos de las enfermedades físicas y mentales y transformar nuestras tendencias degenerativas en salud y felicidad debemos, ante todo, aplicar esa comprensión en nuestra forma de comer y aprender a elegir los alimentos, a prepararlos y a ingerirlos. Hacerlo permitirá que nuestro cuerpo sane y sintamos bienestar físico, mental y espiritual.
Porque una alimentación adecuada nos permite, además de mantener una buena salud física, tener una mente clara y mejor dispuesta que nos permita comprender y aprender más fácilmente las cosas así como estar más dispuestos de forma natural a sentir amor hacia quienes nos rodean y a estar en armonía con el entorno. Es más, estaremos más inspirados, dejaremos de tener sentimientos destructivos y violentos y nos sentiremos unidos tanto a cada ser vivo como a todo lo que nos rodea.

Así lo piensa Mushi, al menos, convencido de que “el alimento nos crea” y que cuando uno come adecuadamente se siente físicamente más enérgico, mentalmente más lúcido, emocionalmente más cómodo y espiritualmente más elevado. Si, por el contrario, el alimento es inadecuado nuestra salud declina, nuestra mente se enturbia, nuestras emociones se perturban y nuestro espíritu se vuelve caótico.

Para Mushi está fuera de toda duda que los sentimientos personales, las relaciones sociales y la forma de encarar cualquier problema están influidos por lo que comemos. Y que al sentir cualquier frustración, perturbación, dificultad o molestia debemos ante todo reflexionar sobre lo que hemos ingerido. El problema es que tanto nuestros hábitos físicos y mentales como las tendencias en nuestra forma de pensar y nuestra capacidad de conciencia dependen de lo que hemos estado comiendo durante un largo período de tiempo hasta el presente. Por tanto, hace falta un periodo de adaptación para que el proceso de transformación se desarrolle por entero.

Modificar nuestros hábitos alimentarios puede implicar, pues, una transformación total de nuestro ser. Anímese a hacerlo y cambiará su vida.

 Sabina Roleff

Este reportaje aparece en
20
Septiembre 2000
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