Las bebidas naturales del verano

 

Nuestro organismo es agua en su mayor parte y, por tanto, no hay más remedio que reponer la que se pierde o la que se utiliza para poder seguir en funcionamiento. En circunstancias normales una persona necesita beber al menos dos litros de agua diariamente para mantener su equilibrio interno pero cuando la temperatura ambiente sube la cantidad de líquido a consumir debe doblarse o, incluso, triplicarse para evitar la temible deshidratación, que puede llegar a conducir a la muerte.

En verano el cuerpo pide líquido y hay que dárselo. Pero hay otras maneras, aparte del agua, para reponer el fluido necesario y que, bien manejadas, pueden además aportar otros beneficios a nuestro organismo que la simple hidratación. Y de ellas vamos a ocuparnos este mes. 

LAS BEBIDAS DEL VERANO 

Refrescos, colas, tonificantes, zumos, granizados, estimulantes helados, jarabes, horchatas… El panorama veraniego de las bebidas se abre en un inmenso abanico de posibilidades para aliviar la sed del calor.
En definitiva, cualquier bebida es simplemente agua con mínimas cantidades de otras cosas. Sólo que en esas otras cosas está, precisamente, el punto que puede dar la diferencia entre un simple aporte de agua y los otros beneficios que pueden conseguirse de las bebidas. 

LOS ZUMOS 

Se consiguen exprimiendo directamente las frutas y consumiendo el jugo resultante. No hay que confundirlos con los extractos o los néctares de frutas que utilizan concentrados o gran cantidad de azúcar para su estabilización. 

Beneficios: los zumos -especialmente de cítricos- aportan al organismo la necesaria vitamina C y, sobre todo, elementos minerales -como el potasio- fundamentales para la buena regulación de un organismo que está perdiendo líquido y iones por la transpiración.
Además, entonan el organismo y la fructosa que contienen ayuda a abrir el apetito. Son ideales, pues, para tomar antes de comer y cenar.
Actualmente pueden conseguirse también con facilidad frutas tropicales, como la papaya, la maracuyá o la piña que además son ricas en fermentos digestivos, especialmente en papaína, con lo que ayudan a una buena digestión. 

LAS HORCHATAS 

Se preparan machacando o pasando por la batidora los frutos correspondientes con una pequeña cantidad de agua y luego exprimiendo primero el líquido por presión a través de un colador y luego de un trapo para añadir posteriormente agua y azúcar al gusto del consumidor.
Uno de los problemas de las horchatas es que deben consumirse al poco tiempo –menos de 24 horas- porque fermentan y pierden su sabor característico.

Beneficios: las horchatas no aportan vitamina C como los zumos pero son bebidas ricas en féculas y grasas vegetales por lo que pueden considerarse bebidas energéticas, muy adecuadas para las mañanas y media tarde, cuando empieza a ceder el calor de mediodía.

LA HORCHATA DE CHUFAS 

Buque insignia de nuestras bebidas veraniegas autóctonas, la chufa valenciana -el exquisito tubérculo de la juncia avellanada- es rica en grasas vegetales, azúcares y numerosos fermentos que la hacen ideal para ayudar a la digestión -especialmente en la fase de intestino delgado- y es un diurético moderado.
Por supuesto, la chufa -como la almendra o la cebada, que también dan buenas horchatas- deben ponerse a remojo el día anterior y después proceder como con cualquier otro fruto para conseguir el punto deseado. 

LAS OTRAS HORCHATAS 

El coco seco tropical permite mediante el mismo sistema que la horchata -es decir, rallado y mezclado con agua para después exprimirlo- conseguir una deliciosa horchata -la leche de coco tropical- que puede consumirse con algo de azúcar o bien mezclada a partes iguales con zumo de piña (mejor si se hace natural, exprimiendo la pulpa del fruto), que es lo que se llama lapiña colada, realmente sencilla de hacer y mucho más exquisitas que las procedentes de preparados comerciales.
La almendra, las pipas de melón o de calabaza y algunos cereales como la cebada pueden convertirse en horchatas por el mismo procedimiento. En el caso de la cebada, conviene tostarla previamente, ponerla en remojo 24 horas y después de extraer la horchata -de color oscuro por el tueste- y luego mezclarla con agua y algo de zumo de limón y azúcar para darle alegría. 

LAS INFUSIONES 

Reinas del verano, las infusiones heladas de té, café o hierbas aromáticas proporcionan los beneficios de las hierbas correspondientes y la delicia de uno de los mejores sistemas para aliviar la sed.
Lo adecuado es tomarlas con poco azúcar porque las bebidas en extremo dulces alivian en una primera fase la sensación subjetiva de sed pero después la aumentan, como saben muy bien los fabricantes de bebidas refrescantes.
En cualquier caso, no hay que olvidar que, aunque heladas y azucaradas, las infusiones mantienen sus virtudes –y sus defectos- básicos: el café y el té, que son estimulantes potentes, pueden tener efectos sobre la tensión arterial y deben tomarse con moderación y, sobre todo, por las mañanas temprano para evitar los problemas de trastornos del sueño que pueden producir.
Las mentas y tomillos -tanto el habitual como el tomillo limón o el té de roca- son ideales para después de comer y las clásicas infusiones sedantes de manzanilla y tila son perfectas para la noche. 

EL SIROPE DE SAVIA 

Mezclado con agua y limón es un buen aporte hídrico, especialmente para la noche en que prima la necesidad de aporte calórico con bajo gasto digestivo ya que es muy rico en hidratos de carbono. 

Beneficios: además de ayudar a desintoxicar el organismo esta bebida nos aporta nutrientes esenciales, activa nuestras defensas y mejora el metabolismo global por su acción depurativa y antioxidante.

El sirope de savia  se obtiene de la combinación de las savias de dos árboles diferentes: la palmera y el arce. Esta mezcla contiene la mayor parte de las vitaminas, minerales (potasio, sodio, calcio, zinc, magnesio, manganeso y hierro), enzimas y demás oligoelementos que el cuerpo necesita. En cuanto a los hidratos de carbono del sirope de savia –fructosa y glucosa- son naturales y no contienen azúcar artificial alguno. 

La receta: una forma refrescante y agradable de tomarlo –y que además nos permitirá desintoxicar nuestro cuerpo y perder peso- es mezclado con zumo de limón y agua a los que se añade un poco de canela y una pizca de cayena picante. La mezcla del sirope con estos productos supone un aporte adicional de nutrientes. Por ejemplo, el limón –también fuente de minerales y vitaminas, especialmente la C- es un antioxidante natural que ayuda en la eliminación de los depósitos grasos y mejora la actividad del metabolismo, además de ser un buen diurético. En cuanto a la cayena, además de contrarrestar el fuerte sabor dulzón del sirope de savia es una buena fuente de vitaminas del complejo B, disuelve flemas y regenera la sangre.
Esta mezcla puede ser utilizada como cura depurativa. La duración del tratamiento con sirope de savia es variable pero en ningún caso debe exceder de los 10 días (ver el número 12 de nuestra revista). El preparado garantiza los mínimos nutricionales indispensables para el organismo mientras que, como en todo ayuno, el cuerpo pone en marcha un sistema de autodigestión, toma energía de sus reservas y lleva a cabo una profunda desintoxicación. 

REFRESCARSE COMIENDO: LOS GAZPACHOS 

En verano uno de los problemas habituales y frecuente es la digestión. Con el calor -especialmente en las playas y piscinas-, una comida fuerte a mediodía es un riesgo potencial de corte de digestión, lo que puede dar un serio disgusto.
Una sabrosa alternativa es, pues, sustituir la comida de mediodía por un buen gazpacho, fresco y fácil de digerir. 

EL GAZPACHO ANDALUZ 

En un país históricamente pobre y caluroso como el nuestro, el campesino -obligado a trabajar de sol a sol- no podía hacer comidas fuertes que necesitaran un gran trabajo digestivo; además, precisaba una aportación de líquidos abundantes para evitar la deshidratación y una energía rápida y barata para su gran desgaste calórico.
Pus bien, el gazpacho viene a cubrir todas esas necesidades y aún más: el pan proporciona la energía suficiente para ayudar a un trabajo duro a altas temperaturas. Una de sus ventajas es que sus hidratos de carbono son prácticamente predigeridos en la boca con los fermentos digestivos de la saliva y energía puede utilizarse casi de inmediato. El vinagre, imprescindible, se absorbe desde la misma mucosa de la boca y los azúcares del alcohol pasan directamente a la sangre y además contribuyen a aumentar la salivación proporcionando una sensación subjetiva de frescor general.
Las verduras -pepino, tomate y pimiento- aportan, además de sus propios elementos nutritivos, una buena cantidad de vitaminas; y el ajo fortalece el sistema vascular y limpia el aparato digestivo.
El aceite constituye, por su parte, una fuente equilibrada de grasas poliinsaturadas que compiten con el colesterol en el organismo y protegen el aparato cardiovascular evitando la temible arteriosclerosis.
Eso sí, al gazpacho le faltan proteínas. Bien equilibrado en féculas y grasas, carece de ese tercer grupo fundamental de nutrientes que forman la arquitectura de nuestro cuerpo. Pero en el campo nunca se toma el gazpacho solo. Habitualmente se acompaña de sardinas, arenques o, simplemente, de unos tacos de jamón que pueden transportarse cómodamente y no se dañan con el calor de un día de verano andaluz. En muchos sitios -especialmente con alguna de sus sabrosas variantes de ajoblanco- se le incluyen tropezones de jamón y huevo duro que lo convierten en un plato equilibrado, digestivo y que puede ser plato único en las fechas en que el calor aprieta.

La receta: tradicionalmente el gazpacho se confecciona en el dornillo -un recipiente redondo de barro- machacando el ajo con el aceite hasta convertirlo en una pasta emulsionada a la que se añade lenta y trabajosamente el resto de los componentes en una secuencia muy variable en cada zona y casi en cada familia; pero los tiempos cambian y estamos en la edad de la batidora.
Así que ponga en el fondo de la batidora uno o dos dientes de ajo (algunos le añaden un trozo de cebolla con gran escándalo de los puristas y bátalos con un poco de aceite para emulsionarlo: luego añada los tomates pelados y cortados en cuartos. Esa pasta se bate y se le añaden los trozos de pan seco -mojados previamente en un poco de agua-, el pepino y el pimiento -troceados y limpios- y unos granos de comino. A continuación se bate todo con el aceite, el vinagre y la sal y se va añadiendo agua hasta conseguir el punto deseado. Guárdelo luego en la nevera con unos trozos de hielo para mantenerlo frío.
Al servirlo se presenta con trocitos de pan seco o frito, tomate, pepino y cebolla que pueden añadirse al plato.
Si se quiere convertir el gazpacho en plato único pueden añadirse trozos de huevo duro o tacos de jamón. 

OTROS GAZPACHOS 

Las sopas vegetales frías son también perfectas como complemento de la comida veraniega e, incluso, como plato único. Como los gazpachos tradicionales, contienen fundamentalmente agua -necesario aporte líquido para evitar la deshidratación- y todas ellas, desde la clásica vichissoise hasta las cremas de calabaza o melón, pueden  enriquecerse con las proteínas que la fantasía o el buen hacer quieran aportar: una crema de puerros con gambas o langostinos, una crema de melón con taquitos de jamón o una crema de calabaza con huevos duros constituyen un toque de alta cocina y equilibrio hídrico muy de agradecer en los rigores de la canícula. Y además, nuestro cuerpo nos los agradecerá.

Este reportaje aparece en
30
Julio - Agosto 2001
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