Los distintos láseres que se usan en Oftalmología

Los láseres que se utilizan en Oftalmología son de distintos tipos dependiendo de la patología que quiera tratarse el uso de uno u otro. Así, hay láseres que queman tejido, láseres que lo cortan y láseres que moldean la córnea. Le explicamos las diferencias entre ellos, para qué se utiliza cada uno y sus ventajas e inconvenientes, especialmente ahora que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas acaba de advertir de sus posibles riesgos.

Cientos de miles de personas en nuestro país se deciden cada año a someterse a cirugía para mejorar su visión. Miopía, hipermetropía, astigmatismo, cataratas, retinopatías, glaucomas, etc., son algunas de las patologías oculares que son tratadas con éxito. Herramienta fundamental para todas estas intervenciones es el láser, un instrumento muy preciso y que –por sus diversas utilidades- es empleado por los profesionales de todas las especialidades quirúrgicas. Es más, un mismo sistema puede tener aplicaciones diferentes en función del órgano tratado y distintos sistemas pueden tratar con éxito una misma enfermedad. Pues bien, en el campo de la Oftalmología se usan actualmente distintos sistemas muy diferentes entre sí con los que cada vez se obtienen resultados más espectaculares en pocos minutos.

Pero, ¡cuidado!, no cualquier patología y no cualquier persona con problemas oculares puede ser intervenida con láser. Consulte su propio caso y asegúrese de que se pone en manos de un profesional que le advierta de los posibles riesgos. No en vano, hablamos de cirugía y de sus ojos.

LÁSERES EN OFTALMOLOGÍA: POR Y PARA QUÉ

Como sabe el lector, el láser se define como “luz amplificada en la que todos sus rayos se desplazan en una misma dirección de forma coherente y que poseen un solo color”. Estas propiedades le permiten acumular una gran cantidad de energía y concentrarla en un solo punto. De ahí su utilidad terapéutica en general y en el campo de la Oftalmología en particular.

Aclarado esto, añadiremos que en este área de la Medicina, se emplean tres grandes tipos de láseres según sus características y utilidades:

-láseres que queman tejido: el más utilizado para este fin es el láser de Argón y con él se tratan fundamentalmente patologías que afectan a la retina, algunas de forma tan grave como la degeneración macular en su tipo húmedo.
-láseres que cortan tejido: el principal es el de Neodimio-YAG que sirve para tratar casos de catarata secundaria y glaucoma.
-láseres que moldean: el más avanzado y utilizado es el láser Excimer con el que se corrigen los defectos de refracción (miopía, hipermetropía y astigmatismo).

LÁSERES QUE QUEMAN TEJIDO 

Como decíamos, el más utilizado en Oftalmología para tal fin es el láser de Argón pero el de Diodo, el de Kripton y el Dye-láser ofrecen prestaciones similares. Se recurre a ellos por su capacidad para provocar sobre los tejidos oculares un efecto térmico que permite subir la temperatura del tejido y quemar el que –a causa de la patología que padezca el paciente- presente anomalías.

Estos láseres se emplean, por tanto, para las patologías que tengan ese tipo de manifestación y que son, principalmente, las que afectan a la retina (por ejemplo, retinopatías diabéticas o degeneraciones maculares) y patologías vasculares como embolias y trombosis. Estas enfermedades provocan una proliferación de pequeños y frágiles vasos sanguíneos en el interior del ojo que se pueden romper y producir hemorragias. El láser, en este caso, destruye no sólo esos vasos sanguíneos sino también el tejido anómalo que daría lugar a la formación de más neovasos.

El problema es que como estos láseres destruyen tejido hay que utilizarlos con mucha precaución y vigilando en qué punto exacto se están aplicando porque han de destruir selectivamente el tejido patológico respetando el sano. El riesgo principal es que el haz de luz toque la parte central de la retina –la mácula- ya que su lesión implicaría ceguera.

Sin embargo, la evolución tecnológica ha permitido que al menos una de las formas de maculopatía, la de tipo húmedo, pueda ser tratada con láseres térmicos con buenos resultados que evitan la propagación de la dolencia y la consecuente ceguera del afectado.

LÁSERES QUE CORTAN 

En este caso el láser más utilizado es el de Neodimio-YAG. Se trata de un láser que ha evolucionado desde el campo militar donde se emplea para la destrucción de misiles por su capacidad de enfoque selectivo. Y es precisamente por esta cualidad por la que dio el salto a la cirugía. Su mecanismo se basa en la emisión de dos haces convergentes de luz, haces tan potentes que en el punto en el que se cruzan la energía es muy alta y se produce la desionización de la materia en la que actúa. Es decir, destruye la estructura molecular de la materia en la que impacta y vaporiza las partículas de esa materia pero sin producir aumento de temperatura. Y esa es su gran utilidad: que al no subir la temperatura y al actuar tan selectivamente se le puede emplear a modo de bisturí con el que cortar los tejidos más sensibles y se le puede acercar a estructuras tan delicadas como la retina.

Entre sus utilidades en el tratamiento de dolencias oculares destaca el hecho de que el Neodimio-YAG es el láser que se emplea para cortar tejido en fibrosis intravítreas (en particular, en pacientes con retinopatías diabéticas) o para eliminar lo que se llama “catarata secundaria”, que consiste en la opacificación de la cápsula del cristalino que se deja en el interior de la córnea cuando se opera al paciente para eliminar las cataratas que le impedían la visión. Hay que aclarar a este respecto que cuando se operan las cataratas no se extrae el cristalino natural del paciente sino que lo que se hace es vaciarlo -respetando su cápsula- para colocar una lente intraocular. Con el tiempo, la cápsula puede hacerse opaca y el paciente puede tener la impresión de que se le reproduce la catarata aunque en realidad esto no es así.

Pues bien, antes de que se dispusiera de este láser para resolver esta situación el cirujano oftalmólogo tenía que hacer una intervención intraocular y abrir esa cápsula. Pero el Neodimio-YAG permite actuar desde fuera cortando la cápsula sin entrar en el ojo.

Otra de las utilidades de este láser se centra en el acto quirúrgico conocido como Iridotomía que consiste en realizar un corte o pequeña ventana en el iris en casos de glaucoma de ángulo cerrado o cuando se han de implantar lentes intraoculares detrás del iris. Tal y como describíamos para la situación anterior, la aplicación de esta tecnología al tratamiento del glaucoma ha permitido que, desde fuera del ojo y con un solo disparo, se consigan los cortes precisos para lograr prevenir o solucionar lo que se denomina “bloqueo pupilar” cuya consecuencia más grave es el incremento de la presión intraocular que, a su vez, degenera en ceguera.

LÁSERES QUE MOLDEAN 

En este caso, el láser por excelencia es el Excimer, el más utilizado en cirugía refractiva para eliminar dioptrías de miopía, hipermetropía y astigmatismo. Lo que hace este láser es moldear la córnea para corregir el problema de visión que presente el paciente tratado y representa la más sofisticada tecnología láser en Oftalmología. Consiste en una fuente de energía que permite tallar la córnea (como se talla el cristal de gafas o lentes de contacto) y modificar su curvatura mediante la eliminación de una cantidad determinada de tejido. De esa forma, mediante el empleo del láser se corrige la refracción ocular y se permite el enfoque correcto de las imágenes en la retina. El resultado de esta intervención con láser Excimer -método que se conoce como “técnica LASIK”- es que la propia córnea hace de lente por lo que el paciente ya no tendrá que utilizar gafas ni lentillas.

En cuanto a las posibilidades de esta técnica, hay que decir que con ella se pueden tratar –en el mismo acto quirúrgico- todos los defectos de refracción que presente una persona. Por ejemplo, hipermetropía y astigmatismo a la vez. O miopía y astigmatismo.

Eso sí, sepa que el caso de miopías e hipermetropías severas –esto es, en pacientes que superan las 14 dioptrías de miopía o las 6 de hipermetropía- este tipo de tratamiento no ofrece resultados tan satisfactorios. Además, hay otros supuestos que desaconsejan la aplicación de esta técnica y que enumeramos en el recuadro adjunto.

Esta “limitación” de la técnica está en función del espesor y de la curvatura de la córnea a tratar. Por eso mismo habrá casos en los que no se considere adecuado utilizar este procedimiento. Por ejemplo, el tratamiento de la miopía mediante esta técnica LASIK no se considera conveniente en aquellos casos que tengan un rango de medidas corneales que no se ajusten a los parámetros de seguridad. La explicación es que el moldeado de la córnea precisa reducir el tejido que la constituye. Es como si el láser se la “comiera”. Por tanto, si el paciente ya presenta de por sí una córnea muy delgada, no se le operará con esta técnica. Con ella se puede moldear y eliminar tejido pero siempre debe quedar el suficiente como base para que la córnea siga funcionando en su aspecto biomecánico.

Sabiendo esto, ni que decir tiene que, sea cual sea su caso, lo más adecuado es asesorarse sobre la conveniencia o inconveniencia de ser tratado con láser. No en vano estamos hablando de sus ojos y de su salud. Pero recomendaciones aparte, lo cierto es que -gracias a esta herramienta y a sus cada vez más aplicaciones en Oftalmología- no es descabellado pensar que en pocos años con él se podrían mejorar patologías oculares que hoy no tienen solución.

 L. J.
Recuadro:


Condiciones necesarias para someterse al LASIK

No todas las personas son candidatas para el procedimiento LASIK, algo que se determinará tras una exhaustiva evaluación previa del paciente. Los requisitos que se han de cumplir para obtener un procedimiento quirúrgico seguro y con éxito son los siguientes:

-Tener una miopía menor de 14 dioptrías y una hipermetropía por debajo de las 6. Además, el defecto refractivo debe haberse mantenido estable al menos durante el año anterior al momento de la intervención láser.
-No padecer glaucoma, queratocono, ojo seco severo, blefaritis severa, signos de padecer desprendimiento de retina, catarata, retinopatía diabética avanzada, ojo vago o estar en situaciones como embarazo o lactancia.
-Tener el espesor y la curvatura corneal adecuadas.

Además, las personas miopes de más de 40 años de edad deberán asesorarse bien antes de decidirse por esta intervención ya que, por efecto de la presbicia, el resultado final puede no ser cien por cien efectivo. A veces la miopía puede ocultar un problema de vista cansada y dejar uno de usar gafas o lentillas tras la operación que solucione ese problema para encontrarse con que tiene que usar gafas por otro motivo: la vista cansada.

Este reportaje aparece en
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Junio 2002
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