Productos peligrosos

 

La mayoría de las personas no son conscientes de ello pero todos los seres vivos del planeta estamos cada vez contaminados. Y es que existen en la actualidad más de 100.000 sustancias químicas que envenenan al aire, el agua y la tierra. Muchas de ellas cancerígenas. Es el caso de las radiaciones electromagnéticas -especialmente las generadas por las torres de alta tensión, centrales y transformadores de electricidad, antenas de telefonía y teléfonos móviles-, fármacos, aditivos alimentarios (colorantes, conservantes, antioxidantes, reguladores del PH, estabilizantes, emulsionantes, espesantes, gelificantes y edulcorantes), alimentos transgénicos, pesticidas, herbicidas, fungicidas, insecticidas, abonos químicos, estrógenos, anabolizantes esteroideos,  clembuterol… La lista es, sencillamente, gigantesca.  Empero, hay algunos alimentos y aditivos, productos de uso masivo y fármacos peligrosos que destacan notablemente y por eso les hemos dedicado amplios reportajes en la revista. Estos son los principales:

El estrés

El estrés es un problema tan mal conocido que la mayoría de los médicos ignora casi todo sobre él y sus consecuencias. De hecho suele ser tratado como una mera cuestión de cansancio excesivo que muchos galenos pretenden resolver con la recomendación de descansar, dormir más, tomarse unas vacaciones, reforzar el organismo con pastillas y recetar ansiolíticos. No parecen, pues, conocer lo que realmente significa el estrés. Y eso a pesar de que, en mayor o menor medida, cada vez afecta a mayor número de personas y son ya decenas de millones los que lo sufren en todo el mundo. Hablamos de un problema que hace bajar las defensas del sistema inmune, que compromete a todo el organismo en su conjunto y que puede llevar a quien lo sufre a contraer numerosas patologías distintas e, incluso, a la muerte.¿Y a qué se debe esa peligrosa situación? Pues básicamente a que casi todos vivimos por encima de nuestro ritmo vital y en una constante pugna con nuestros semejantes para conseguir satisfacciones meramente materiales que en realidad no nos satisfacen y terminan conduciéndonos a la frustración, el sufrimiento, la enfermedad y hasta la muerte.
Más información en los números 6 y 20. 

El tabaco

El tabaco mata cada año a más de cuatro millones de personas en todo el mundo (60.000 de ellas en España) y a varios millones más los lleva a enfermar gravemente. La razón es sencilla: muchas de las sustancias que contiene –especialmente los cigarrillos- son venenosas. De hecho, el humo del tabaco contiene más de 4.700 componentes tóxicos conocidos de los que al menos 60 son demostrados carcinógenos. Otros de sus ingredientes son adictivos y se añaden únicamente para extinguir la voluntad del fumador y convertirle en un ser dependiente que consuma cada vez dosis superiores. No en vano según los expertos la capacidad de la nicotina para generar adicción es 5 veces superior a la de la heroína. La lista de los ingredientes que ya se conocen –aún se mantienen en secreto más de 600 componentes- es para poner los pelos de punta: monóxido de carbono, nitrosaminas, nitrosonornicotina, polonio 210, plomo, ácido butílico, ácido carbónico, ácido fénico, ácidos carboxílicos, acroleína, alcaloides, aldehídos volátiles, alquitranes, aminas, amoníaco, arsénico, benceno, benzofluorantano, benzopireno, butano, isótopos radiactivos, metales pesados, radón, sustancias nitrogenoides terpenoides,… entre otras muchas sustancias. A pesar de lo cual su comercialización es legal. Un sarcasmo.
(Más información en los números 43 y 92).

ALIMENTOS A EVITAR

Los transgénicos

El 60% de los alimentos elaborados que consumimos en España contienen organismos genéticamente modificados; lo que coloquialmente se conoce como transgénicos. Así lo denunció en su día Greenpeace. Y ello a pesar de que numerosos colectivos vienen alertando desde hace años de los riesgos que pueden suponer tanto para el medio ambiente y la agricultura como para nuestra salud. Por ejemplo, provocando alergias de tratamiento y potenciales repercusiones aún desconocidas e impredecibles. También pueden hacer que algunas bacterias patógenas para el hombre se vuelvan resistentes a los antibióticos con las graves consecuencias que ello acarrearía. Y aunque los dos únicos transgénicos que de momento están autorizados en la Unión Europea para consumo humano y animal son el maíz y la soja –así como sus derivados- se encuentran ya en multitud de productos alimenticios de consumo habitual: desde las bolsas de patatas fritas y los platos preparados hasta la margarina, el chocolate, los aceites y la cerveza pasando por numerosos alimentos dietéticos e infantiles. Y sin que la inmensa mayoría de consumidores lo sepa y pueda decidir si quiere consumir o no alimentos transgénicos. Nuestra sugerencia es que deje de comprar todo alimento envasado que contenga maíz y soja -o sus harinas y aceites- y no especifique claramente que no son transgénicas. Especialmente si cae enfermo y no sabe la causa.
(Más información en los números 3 y 83).

La leche

El ser humano es único en la naturaleza por múltiples razones destacando entre ellas el hecho de que se trata del único mamífero que ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia. Y lo hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamífero es específica para su especie y que la naturaleza la ha hecho idónea para las necesidades de su cría y no para las de otra. Pero los humanos, en el convencimiento de que es sano seguir tomando leche de adultos, hemos alterado su naturaleza para poder mantenerla en condiciones adecuadas de consumo. Y, sin embargo, todo indica que la leche causa muchas enfermedades. De hecho el consumo de lácteos se ha asociado ya con la anemia ferropénica, la artritis reumatoidea, la osteoartritis, la osteoporosis, el asma, el autismo, las cataratas, la colitis ulcerosa, la diabetes tipo I, la enfermedad de Crohn, las patologíascoronarias, la esclerosis múltiple, el estreñimiento, la incontinencia urinaria, la migraña, las infecciones de oídos y garganta, la sinusitis, distintas reacciones alérgicas, la fatiga crónica, los trastornos del sueño, las úlceras pépticas, el sangrado gastrointestinal, el síndrome de mala absorción, las fístulas y fisuras anales, la acidosis láctica severa, el aumento del riesgo de preeclampsia en mujeres sensibles, la dificultad de aprendizaje en niños y algunos casos de infertilidad femenina, entre otras muchas dolencias. Y muchas de las personas que sufren esas dolencias provocadas por la leche -y sus derivados- ignoran que ésta es la causa, siguen tomándola y son tratadas con fármacos que no sólo no van a ayudarlas sino que probablemente les provoquen otros problemas que no tenían. La leche es responsable de tantas patologías –al menos para el 20% de la población- que muchas recuperarían la salud simplemente dejando de tomar lácteos. Sepa en cualquier caso que tales dolencias las provoca sobre todo la leche de vaca. Los productos de cabra, oveja y otros animales dan hoy muchos menos problemas. Añadiremos finalmente que la causa de todo lo dicho no está sólo en la intolerancia a la lactosa, problema del que hablamos en recuadro aparte.
(Más información en el número 84).

La lactosa

La lactosa es un disacárido compuesto por galactosa y glucosa presente en las leches de casi todos los mamíferos que sólo puede digerirse mediante la acción de una enzima denominada lactasa. Cuando hay déficit de ella la lactosa no se desdobla y, como consecuencia, el intestino no la puede absorber. Y resulta que el cuerpo humano empieza a dejar de fabricar lactasa aproximadamente a los 3 años. A partir de entonces actúan las bacterias intestinales provocando su fermentación y generando ácido láctico, ácidos grasos de cadena corta, hidrógeno, anhídrido carbónico y metano pudiendo provocar flatulencia, diarrea líquida, dolores, espasmos, hinchazón abdominal, estreñimiento o vómitos. Es lo que se conoce como intolerancia a la lactosa que puede ser de origen genético o adquirido. Hoy se calcula que afecta a unos 4 millones de españoles y lo malo es que muchos no saben que la padecen porque la reacción no siempre es inmediata y porque no se han sometido a un test de intolerancia alimentaria que confirme que el origen de su malestar puede encontrarse en esa sustancia. Y, sin embargo, bastaría eliminar la leche de la dieta para que los síntomas desaparezcan.
Más información en el número 16. 

El azúcar

El azúcar es una sustancia acidificante y oxidada que carece de elementos nutritivos –los pierde en su proceso de elaboración- y, por tanto, no es recomendable. Podemos permitirnos un consumo ocasional si nuestra salud es buena pero se debe ser muy prudente si nuestro estado no es óptimo. Porque nuestro organismo no está capacitado para metabolizarlo de forma constante y, por consiguiente, ingerir azúcar a diario es un factor de riesgo para la salud. De hecho expertos de la Universidad de Londres consideran el azúcar como la primera causa de infarto de miocardio, por encima de la ingesta de grasas. Otras investigaciones confirman la estrecha relación entre el azúcar refinado y la predisposición a la parálisis infantil, la irritación de las mucosas, la diabetes, la colagenosis, las úlceras estomacales, las caries, el estreñimiento, las enfermedades circulatorias, numerosos trastornos metabólicos, obesidad, ensanchamiento del hígado y de los riñones y menor densidad de los huesos, entre otras alteraciones. Y en el caso de los niños se sabe que puede provocar problemas en su desarrollo y crecimiento, fatiga, falta de memoria, miedo, nerviosismo, introversión, sueño prolongado, emociones incontroladas y falta de concentración. Agregaremos que tomar algo azucarado cuando en una comida se han ingerido grasas es nefasto para la salud. Tenga todo lo dicho en cuenta.
Más información en el número 8. 

El gluten

La llamada enfermedad celiaca no es sino el conjunto de reacciones que provoca en el organismo el gluten, una proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno y la avena cuya ingesta puede lesionar severamente la mucosa del intestino delgado provocando la destrucción de sus vellosidades y dando lugar a una mala absorción de los nutrientes de los alimentos. Se dice que la intolerancia es de origen genético pero parece desmentirlo que tales síntomas a veces no se manifiestan hasta edades muy avanzadas. De hecho casi siempre hay un detonante. Desde un elevado o continuo consumo de gluten a un embarazo o una infección viral. Y si bien el problema afecta a ambos sexos es dos veces más frecuente entre las mujeres. Los expertos calculan que 9 de cada 10 celiacos están sin diagnosticar porque mientras muchas personas intolerantes al gluten no presentan ningún síntoma otras padecen trastornos tan variados que resulta difícil establecer un cuadro sintomático preciso. Y sólo tiene un tratamiento: eliminar el gluten de la dieta. El problema es que, al igual que pasa con el azúcar y el maíz, son muchos los productos elaborados en los que hay gluten. Y aunque legalmente deben declararse muchas veces no es así. Incluso los alimentos especiales para celiacos son motivo de fraude.
(Más información en el número 19).

La sal de mesa

La sal es necesaria para la vida porque el sodio forma parte del líquido que baña las células pero su consumo excesivo es perjudicial para la salud porque su cantidad debe estar equilibrada en relación a los demás minerales, muy especialmente con el potasio. Además la llamada sal de mesa tiene muy poco que ver con la sal cristalina natural. La sal de mesa es cloruro sódico a la que en algunos casos se añade yodo y flúor y, por tanto, no es el tipo de sal que necesita el cuerpo. De hecho muchos científicos afirman que es veneno puro ya que sobrecarga el organismo y le lleva a enfermar. Por ponerlo en cifras diremos que al ser humano le bastan 0,2 gramos al día para cubrir sus necesidades de sal pero en Occidente el consumo medio diario está entre 12 y 20 gramos. Añádase a ello el hecho de que nuestro cuerpo sólo tiene capacidad para eliminar entre 5 y 7 gramos diarios de cloruro sódico y a nadie le extrañará que nuestros órganos estén sobrecargados y debilitados para prevenir diferentes dolencias. Sin embargo, la sal cristalina natural -tanto la que procede del mar como la de las montañas- sí contiene los 84 elementos que componen el cuerpo humano… en su proporción exacta. Abismal diferencia. Lo que no implica tampoco que pueda abusar de ella. Especialmente si toma usted poca fruta porque puede afectar la conocida e imprescindible bomba sodio-potasio.
(Más información en el número 43).

SUSTANCIAS QUÍMICAS 

El látex

Hoy día estamos en contacto con el látex desde la infancia. Está en chupetes, juguetes de goma, globos, caretas, telas, colchones, guantes domésticos… Hasta en las ventosas de los electrocardiógrafos, las mascarillas oxígeno, los fonendos de los médicos y los guantes de los cirujanos. Se calcula que más de 40.000 productos de uso cotidiano lo contienen. Y, sin embargo, no es una sustancia inocua ya que las proteínas que lo forman provocan importantes reacciones alérgicas en muchas personas.Los síntomas pueden comenzar por comezón, enrojecimiento, tos seca, estornudos, dificultad respiratoria e inflamación de garganta y mucosas. Y agudizarse hasta causar reacciones alérgicas severas con pérdida de conciencia e, incluso, la muerte. Además la reacción puede ser inmediata ya que se conocen casos de reacciones alérgicas graves sólo por hinchar globos en una fiesta infantil y se estima que de cada ocho accidentes ocurridos en quirófanos que se han saldado con paradas cardíacas de los enfermos uno de ellos se debe a la alergia al látex. Es fundamental también que los alérgicos al látex sepan que pueden tener reacciones cruzadas tras ingerir determinadas frutas, vegetales y hortalizas.
(Más información en el número 26).

Los contaminantes químicos

Nuestro entorno ambiental está hoy tan contaminado que en general es muy insano. El número de xenobióticos (sustancias extrañas) presentes en medicamentos, pesticidas, químicos industriales, productos de limpieza e higiene, ropa, cosméticos, muebles, envases, juguetes, materiales de construcción, aditivos alimentarios y contaminantes ambientales conocidos es de unos 100.000. ¿Y cuál es el resultado de la exposición constante -incluso en dosis bajas- a esas sustancias? Escalofriantes. Hace apenas unos años un estudio realizado por la Mount Sinai School of Medicine (EEUU) analizó a 9 personas que no pertenecían a grupos de especial riesgo y encontró en ellas hasta 167 sustancias tóxicas de las que 76 son cancerígenas, 94 dañinas para el sistema nervioso y el cerebro, y 79 pueden provocar defectos de nacimiento o un desarrollo deficiente, entre otras cosas. Y lo más preocupante es que a día hoy aún se desconoce el impacto real sobre nuestra salud del 95% de esas sustancias químicas que forman parte de nuestro entorno cotidiano. Eso sí, cada vez es más evidente la responsabilidad de la contaminación química en el desarrollo y agravamiento de enfermedades. Por poner un ejemplo diremos que hoy la probabilidad de que un residente en Estados Unidos –uno de los países más contaminantes- desarrolle cáncer en algún momento de su vida es de un 50% en el hombre y de un 33% en las mujeres. Todo ello sin olvidar la contaminación electromagnética a la que nos referimos en otro apartado.
(Más información en los números 54, 58, 59 y 63).

Los nitratos

Los nitratos llegan a nuestra mesa principalmente a través de las verduras y el agua o como conservantes de carnes curadas, embutidos, salchichas, cerveza, fiambres, bacon, foie-gras, leche, algunos quesos y conservas de pescados. Y aunque en sí mismos no son nocivos para la salud –se emplean como conservantes para protegernos de la acción de la toxina botulínica- su peligro reside en su transformación química en nitritos mediante un proceso conocido como nitrificación, algo que puede suceder bien durante la elaboración o almacenaje de los alimentos, bien en el interior del cuerpo humano por la intervención de precursores de la nitrificación. Así, por ejemplo, bajo condiciones específicas -como puede ser una gastritis- los nitratos reaccionan en el medio ácido del estómago con las aminas producidas por el metabolismo de los alimentos proteicos originando nitrosaminas que son potentes carcinógenos. Lo mismo que puede ocurrir cuando se mezcla café con leche. De ahí que los expertos coincidan casi unánimemente en señalar que lo razonable sea procurar evitar la formación previa de nitritos en los alimentos y contrarrestar las efectos negativos que producen controlando cuidadosamente la ingesta que hacemos de aquellos que los contienen.
(Más información en la sección de Alimentacióndel número 77).

El Glutamato Monosódico (E-621) 

El Glutamato Monosódico (E-621) es un potenciador del sabor clasificado por la Unión Europea como aditivo alimentario que se agrega a alimentos salados preparados y procesados como productos congelados, mezclas de especias, sopas envasadas, aliños para ensaladas, productos a base de carne o pescado y, sobre todo, a una gran cantidad de aperitivos salados presentados en bolsas que son consumidas masivamente por los niños: patatas fritas, ganchitos, quicos, etc. Y su utilización por la industria alimentaria no se justifica porque ni hay necesidad manifiesta de emplearlo ni se ha demostrado que mejore la calidad de ningún alimento. Antes bien, existen evidencias científicas de que despierta en quienes lo consumen un hambre ansiosa que incrementa su voracidad hasta en un 40% al impedir el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito. Voracidad irrefrenable que, huelga decirlo, acaba conduciendo a problemas de sobrepeso, obesidad, diabetes, etc., que comprometen la salud de los más jóvenes. Además legalmente no se ha establecido cuál es el máximo de esta sustancia -a la que algunos denominan la nicotina de los alimentos– que se puede añadir a las comidas por lo que las cantidades utilizadas ni siquiera aparecen en los envases.
(Más información en el número 89).

El Aspartamo (E-951)

El aspartamo es -tras la sacarina– el segundo edulcorante artificial más usado en el mundo y lo consumen habitualmente más de 200 millones de personas, bien directamente, bien como ingrediente de los más de 6.000 productos que lo contienen, entre los que se incluyen bebidas carbónicas -especialmente las denominadas light-, chocolates, chicles, caramelos, postres, yogures y productos farmacéuticos, entre otros. Para los organismos reguladores está demostrada su seguridad y, sin embargo, ex funcionarios de la propia FDA norteamericana -el primer organismo que dio su aprobación-, organizaciones de consumidores, médicos e investigadores independientes lo relacionan desde hace años con gran número de síntomas y patologías considerándolo un neurotóxico capaz de provocar, cuando se ingiere o acumula en cantidades importantes comportamientos agresivos, desorientación, hiperactividad, entumecimiento de las extremidades, pérdida de memoria, debilitamiento de la vista con pérdida de la percepción de profundidad, disfunciones hepáticas, oscilaciones severas de humor, degeneración neurológica y cáncer. De hecho un reciente estudio de laFundación Ramazzini para la Investigación y Prevención del Cáncer asegura que su consumo excesivo podría contribuir a la aparición de linfomas y leucemia, especialmente entre los más jóvenes.
(Más información en el número 98).

Las amalgamas de mercurio

A mucha gente le mortifica aún acudir al dentista por el miedo al taladro pero mucho más fundado sería tenerlo por un motivo bien distinto: la intoxicación que puede provocar en nuestro cuerpo el mercurio que contienen las amalgamas con que algunos profesionales empastan todavía las piezas dentales. Intoxicación conocida por médicos y autoridades que hacen caso omiso de los cientos de estudios que demuestran su potencial peligro para la salud. Y eso que en muchos países están prohibidas desde hace tiempo porque se sabe que pueden ser causa de poca vitalidad, irritabilidad, problemas de coordinación, dolor de cabeza, mareos, temblores, molestias intestinales, pérdida de memoria, insomnio, pérdida de apetito, debilidad muscular, dolor de espalda, alergias, nerviosismo, depresión, sistema inmune debilitado, anemia… Es más, hay estudios que demuestran cómo personas con enfermedades graves mejoraron cuando se les sustituyó la amalgama por otros materiales. Incluidas personas con esclerosis múltiple, poliartritis reumatoide e, incluso, algunas leucemias infantiles.
(Más información en el número 54).

FÁRMACOS

Los antidepresivos

Cada vez más personas recurren a los antidepresivos como “solución” a sus problemas mentales y/o emocionales. Los más utilizados hoy son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) e incluyen la fluoxetina -el conocido Prozac– la sertralina, el citalopram, la fluvoxamina y el escitalopram. Y aunque estas personas aseguren sentirse mejor tras tomar psicofármacos lo cierto es que quienes los consumen, los van a consumir o -lo que aún es más grave- están dispuestos a que los tomen niños y adolescentes para “solucionar” sus problemas deberían ser conscientes de algo indiscutible: ningún antidepresivo es inocuo. De hecho su larga lista de efectos secundarios graves causaría espanto sin más si no fuera por el “aval” que reciben de tantos psiquiatras y médicos de cabecera. Porque no hablamos sólo de efectos como malestar estomacal, mareos y subidas de tensión además de problemas de insomnio y alteraciones que impiden la conducción sino incluso de inestabilidad emocional, hostilidad, agresividad, ideas suicidas o intentos de suicidio, acatisia -incremento de la inquietud-, despersonalización o agravamiento de la depresión, entre otros… Pudiendo en ocasiones tener lugar cualquiera de esos efectos ¡varias semanas después de iniciado el tratamiento e, incluso, tras su retirada!
(Más información en el número 88).

Rubifeny Concerta (Metilfedinato)

Es cada vez mayor el número de niños y adolescentes diagnosticados de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) que son tratados farmacológicamente con Metilfenidato, principio que en España se comercializa como Rubifen y Concerta. Lo que muchos padres ignoran es que la propia existencia del TDAH es cuestionable ya que es una “dolencia” sin causa específica conocida. Se trata de un síndrome, es decir, de un conjunto de síntomas -lo que implica una valoración subjetiva por parte del profesional- al que se ha dado injustificadamente categoría de enfermedad. De hecho hay científicos que ni siquiera la consideran una enfermedad y creen injustificada la medicación que se les da a estos niños. Porque lo que tampoco se les dice a los padres es que el Metilfenidato es una potente droga controlada en Estados Unidos por la DEA –la agencia antidroga- que la cataloga como la antesala del consumo de otras drogas. Además no se les cuenta que hay alertas internacionales contra estos medicamentos avisando de que causan adicción e incitan a comportamientos suicidas. Tampoco se conocen sus efectos a largo plazo y hay expertos que afirman que este fármaco podría conducir a quienes lo toman a la senda de la cocaína pediátrica, al deterioro físico y mental irreversible o, sencillamente, a la muerte.
(Más información en el número 80).

El VIOXX

El de los antiinflamatorios es, en la actualidad, uno de los negocios más rentables… y uno de los que más deja al descubierto la falta de ética de buena parte de las multinacionales farmacéuticas.  Baste mencionar el ejemplo de los antiinflamatorios COX2 o superaspirinas que surgieron como alternativa a los antiinflamatorios no esteroideos tradicionales porque presuntamente carecían de sus efectos negativos y no provocaban complicaciones hemorrágicas gastrointestinales cuando la verdad es que no sólo ocasionan gravísimos efectos secundarios –entre ellos el aumento del riesgo de problemas cardiovasculares- sino que producen sangrado gastrointestinal. Algo que se sabía ya en el 2000 aunque no se retiró del mercado hasta varios años después. Pues bien, el escándalo del fármaco Vioxx –otro antiinflamatorio de similares características- comercializado por Merck Sharp & Dohme y retirado del mercado por haber causado miles de muertes- debería llevar a plantearse a las autoridades si se justifican los peligrosos medicamentos que se indican para combatir las inflamaciones cuando una alimentación adecuada bastaría para evitarlas.
(Más información en el número 80).

El AGREAL

Hace algo más de un año se dictó la primera sentencia en nuestro país sobre el Agreal, fármaco que desde 1983 se ha estado recetando en España para el “tratamiento” de los sofocos y otras manifestaciones psicofuncionales de la menopausia y que Sanidad y Consumo no retiró hasta junio del 2005 -¡después de 22 años de comercialización!- a pesar de los graves efectos secundarios denunciados en todo el mundo. El Juzgado de Primera Instancia nº 12 de Barcelona reconoció que este medicamento puede provocar trastornos extrapiramidales y crear adicción además de admitir que la información del prospecto era defectuosa. Es más, los datos que Sanofi Aventis -el laboratorio fabricante- proporcionaba en el prospecto español del Agreal no recogían muchos de los potenciales efectos secundarios negativos que sí se detallaban en los prospectos de otros países. Establecida la responsabilidad y reconocidos los daños lo que no se comprende son las exiguas indemnizaciones decididas. ¿Cómo puede la jueza valorar una vida destrozada por un fármaco en menos de 7.000 euros… después de reconocer la relación entre su consumoy el padecimiento que llevó al suicidio a una persona?
(Más información en los números 82 y 91)

ZYPREXA

Zyprexaes un antipsicótico aprobado en 1996 por la FDA norteamericana sólo para tratar a personas adultas que padecieran esquizofrenia y episodios maniáticos producto de un desorden bipolar. Sin embargo, los documentos que se han ido conociendo en los últimos años -sobre todo los publicados por el New York Times hace ahora un año- indican que los laboratorios Lilly –fabricantes de Zyprexa– no sólo ocultaron los graves efectos adversos que su consumo producía sino que a pesar de conocerlos se lanzaron a una gran campaña de marketing destinada a conseguir que los médicos prescribieran el medicamento para otras patologías para las que nunca fue aprobado. Estas prácticas irregulares le han costado hasta el momento cerca de mil doscientos millones de euros en acuerdos fuera de los tribunales. Mejor pagar que afrontar pleitos. Es lo que ha debido pensar el laboratorio ante la perspectiva de tener que lidiar con miles de demandas por los graves efectos secundarios que se han asociado con su consumo: desarrollo de pancreatitis, aumento del riesgo de ictus, empeoramiento del Alzheimer, cetoacidosis, hiperglicemia, ganancia de peso, coma diabético, síndrome maligno neuroléptico y disquinesia tardía, entre otras. Además, se sospecha que este fármaco pude haberle provocado la muerte a decenas de personas en todo el mundo.
(Más información en el número 92).

Este reportaje aparece en
100
Diciembre 2007
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