Qué causan los mareos y vértigos y cómo afrontarlos

El número de personas que padecen mareos o vértigos aumenta cada año de forma exponencial sin que los expertos se pongan de acuerdo ni en las causas ni en la mejor manera de afrontarlos. Y afecta a todo tipo de personas aunque se den sobre todo en quienes han alcanzado la madurez. Unas veces son pasajeras y no afectan en exceso a la vida cotidiana pero otras pueden llevar a quienes los sufren a permanecer postrados en cama varios días, repetirse el problema en el tiempo e, incluso, ponerlos en situaciones que pongan en peligro sus vidas; por ejemplo cuando están conduciendo. Hemos analizado la cuestión a fondo.

MAREOS

Tanto el mareo como el vértigo pueden hacer perder el equilibrio además de provocar náuseas, vómitos y pitidos en los oídos pero mientras el mareo dura normalmente segundos o minutos el vértigo puede llegar a durar horas e incluso días. Y en ambos casos puede ser consecuencia de muy variadas causas si bien en el caso del vértigo la mayoría de las veces se debe a alteraciones en el oído interno o en el nervio vestibular -encargado de transportar la información acústica hasta el cerebro- o a un tumor cerebral (maligno o benigno), normalmente en el tronco del encéfalo, el cerebelo o la corteza cerebral.

La diferencia fundamental es que el mareo da lugar por lo general solo a una sensación de inestabilidad e inseguridad mientras en el vértigo lo que se percibe al ladear el cuerpo -por ejemplo al recostarse- es que todo lo que se está viendo gira por completo hacia un lado –a izquierda o derecha según el oído afectado-; sensación que puede ser pasajera o durar horas e incluso días. Algo que a menudo se inicia teniendo náuseas, vómitos y nistagmo, es decir, un movimiento involuntario y espasmódico de los ojos que puede ser horizontal, vertical o rotatorio pudiendo afectar a un solo ojo o a ambos. Dato clave éste a la hora de saber si se trata de un vértigo periférico -en tal caso el problema está en el oído en el 85% de las ocasiones- o de un vértigo central -y en ese caso lo habitual es que el problema esté en el nervio vestibular o en el cerebro.

En cuanto al diagnóstico lo que hay que hacer nada más manifestarse el problema es examinar el conducto auditivo con un otoscopio y comprobar si hay dolor, algún exudado o secreción otológica que indique si hay infección o un problema anatómico. Debe hacerse asimismo un análisis de sangre para comprobar si hay infección. Y un TAC o una resonancia magnética para evaluar la presencia de posibles ictus, derrames, tumores, traumas, fracturas en el cerebro o problemas detectables en el nervio vestibular. En todo caso si el vértigo se acompaña de cefaleas, visión doble, falta de coordinación en los movimientos, debilidad en las extremidades y lenguaje ininteligible lo más probables es que se trate de un trastorno neurológico.

Hay asimismo que evaluar el reflejo vestíbulo-ocular lo que el médico comprueba pidiendo al paciente que gire la cabeza a uno y otro lado mientras fija la mirada en él a fin de valorar el nistagmo pues si éste es horizontal lo que probablemente se padece es vértigo periférico y si es vertical vértigo central.

Otras pruebas posibles son una audiometría -para valorar la capacidad auditiva-, una craneocorpografía -para valorar la inestabilidad en posición estática y ante los desplazamientos-, una electronistagmografía -para valorar más exactamente la existencia de nistagmo-, una posturografía -para valorar la inestabilidad simulando movimiento del entorno- y una radiografía dental panorámica por si en la dentadura hay alguna infección que pueda haber llegado a los oídos (además de posibles interferencias bioenergéticas que podrían resolverse con Neuralterapia mediante inyecciones de procaína, algo que asimismo ayuda en caso de problemas en las cervicales).

Dicho esto debemos agregar que los otorrinos consideran como un mareo de características propias la cinetosis, trastorno que se produce cuando existe desacuerdo entre el movimiento percibido visualmente y el sentido de movimiento del sistema vestibular que producen la aceleración y desaceleración repetitiva -lineal y angular- cuando se viaja en coches, autobuses, trenes, globos, aviones pequeños o barcos. Siendo el problema más intenso cuanto más vaivén existe; si éste es leve sólo se siente una ligera sensación de náuseas pero si es intensa la persona puede llegar a perder el equilibrio, vomitar y perder la coordinación.

Pues bien, tanto en caso de mareo como de vértigo periférico lo más habitual es que la causa sea una sobreestimulación de los canales semicirculares del oído interno cuya función es la de percibir los cambios de posición de la cabeza para mantener el equilibrio. Puede comprobarlo girando el cuerpo en círculo rápidamente en un mismo sitio y deteniéndose bruscamente. Y es que durante unos instantes, debido a la inercia, los líquidos internos del oído siguen moviéndose y envían al cerebro la información errónea de que el cuerpo continúa en movimiento y eso altera la visión y el sentido del equilibrio. Mareo que se pasa en cuanto descansamos un rato y el organismo se recupera. Obviamente si ese estimulo es prolongado -como cuando el viaje en coche, tren o barco dura horas o días- la sensación de mareo puede persistir hasta 48 horas como les ocurre a quienes padecen el llamado «mareo de tierra» que es lo que a veces experimentan quienes han estado embarcados mucho tiempo.

Una situación que médicamente se propone prevenir por cierto tomando antes de viajar Biodramina, antihistamínico que contiene un complejo equimolecular de difenhidramina con 8-cloroteofilina que bloquea los receptores H1 impidiendo que se propaguen los impulsos emetógenos aferentes a nivel de los núcleos vestibulares y que como anticolinérgico periférico inhibe la hipersecreción e hipermotilidad gástrica. Pésima solución porque además de sus contradicciones e interacciones se sabe que la ingesta de Biodramina puede dar lugar a somnolencia, sedación, cefaleas, arritmias cardiacas, glaucoma, trastornos de la visión (midriasis, visión borrosa y diplopía), aumento de la viscosidad de secreciones bronquiales, estreñimiento, diarrea, dolor epigástrico, anorexia, sequedad de boca, retención urinaria, impotencia sexual, hipersensibilidad, fotosensibilidad, ataques agudos de porfiria, hipotensión, HTA y -lo que ya es el colmo- a ¡náuseas, vómitos, mareos y vértigo!

Terminamos este apartado inicial indicando que los mareos pueden también deberse a otras causas; como un mal estado del microbioma, una infección en la dentadura, un desajuste en el atlas o en las vértebras cervicales, el consumo de fármacos –muy especialmente de aspirina-, un ataque de pánico, una intoxicación general del organismo, el uso habitual de palillos de algodón para limpiarse los oídos, infecciones, cambios bruscos de altitud, congestión nasal (catarros, sinusitis), inflamación de la garganta, una inadecuada presurización de los aviones cuando se viaja, el buceo y la natación a crol de forma intensa y continuada (al mover rítmicamente la cabeza de lado a lado durante mucho tiempo). Causas que en muchos casos se debe a que afectan a la imprescindible igualdad de presión a ambos lados del tímpano ya que cuando no es así tiene lugar unas disfunción que recibe el nombre de barotrauma ótico o barotrauma del oído y se debe a que falla la regulación que lleva a cabo en ese sentido la Trompa de Eustaquio.

EL EQUILIBRO DEPENDE DEL OÍDO

Para comprender por qué se producen los mareos y vértigos debemos pues entender someramente el funcionamiento del oído ya que es el órgano que nos permite percibir los sonidos pero también el responsable del equilibrio (vea el dibujo adjunto). Veámoslo pues de manera resumida.

El canal auditivo empieza en el oído externo -en el centro de la oreja- y llega hasta el tímpano, membrana de tejido delgado situada en el oído medio que recoge las vibraciones sonoras y las transmite a tres pequeños huesecillos conocidos como martillo, yunque y estribo.

Tras ellos se encuentra el oído interno en cuya primera parte se hallan el vestíbulo -dividido en dos sectores llamados utrículo y sáculo- y tres conductos semicirculares que parten de él y llegan hasta la cóclea, una estructura en forma de caracol o tubo enrollado en espiral formado por tres cámaras longitudinales: la rampa media -que está llena de un líquido llamado endolinfa rico en potasio y pobre en sodio-, la rampa vestibular y la rampa timpánica -estas dos llenas de un líquido llamado perilinfa rico en sodio y pobre en potasio-. Cavidades que separan ente sí dos membranas: la vestibular o membrana de Reissner entre el conducto coclear y la rampa vestibular y la basilar entre el conducto coclear y la rampa timpánica. Siendo en ésta donde se encuentra el llamado Órgano de Corti que contiene unas 16.000 células ciliadas que son las que reciben las señales acústicas; de hecho son las que transforman éstas en señales mecánicas cortilinfáticas que luego, mediante impulsos eléctricos, pasan por el nervio acústico y llegan hasta el área receptora auditiva de la corteza cerebral.

Cabe agregar que el oído medio está conectado con la nasofaringe por un pequeño conducto de unos cuatro centímetros de largo llamado trompa faringotimpánica o trompa de Eustaquio que se compone de una porción ósea y otra cartilaginosa así como de una lámina cilíndrica ciliada con abundantes células caliciformes que sirve para igualar la presión a ambos lados del tímpano (dato importante éste a recordar). ¿Y qué es la nasofaringe? Pues la parte de la faringe que se encuentra detrás de la nariz y por encima del paladar blando que, a su vez, se conecta con la orofaringe y la laringofaringe. Y si nos interesa destacarlo es porque la nasofaringe es la única de las tres cavidades que permanece permeable, es decir, continuamente abierta al aire y es pues susceptible de contraer infecciones.

Tales son, en suma, las principales partes del oído implicadas en el equilibrio del organismo siendo el conocimiento de esta estructura y su funcionamiento lo que permite ya inferir varias cosas; entre ellas que puede producirse un mal funcionamiento por infección microbiana a través del conducto nasofaríngeo y que no puede descartarse tampoco que pueda producirse un desequilibrio en la composición de la endolinfa (líquido rico en potasio y pobre en sodio) y la perilinfa (líquido rico en potasio y pobre en sodio) si hay déficit de potasio -el de sodio no es probable- por intoxicación y acidificación del organismo al alterarse la llamada «bomba sodio-potasio». Hablamos de un fenómeno biológico natural del que es responsable una proteína integral de membrana cuya función es intercambiar iones de sodio y potasio entre el medio extracelular y el citoplasma; proteína que se encarga en las células de expulsar constantemente desde su interior hacia la matriz extracelular 3 iones de sodio a la vez que ingresa 2 de potasio a fin de mantener el gradiente de solutos y la polaridad eléctrica de la membrana.​ Luego tanto un proceso infeccioso como un estado alterado de la bomba sodio-potasio puede ser causa de mareos y vértigos. Y otro tanto cabe decir de una posible diferencia de presión entre los oídos.

Algo que puede provocar una infección pero también su «limpieza» y la natación. Y lo explicamos: cuando alguien nada de forma regular y periódica -especialmente en una piscina y a crol- la presión en los oídos puede descompensarse cuando el nadador saca la cabeza para respirar solo por un lado. Pero lo mismo puede pasar si usa tapones de silicona, no se ajustan bien y entra de vez en cuando aire y/o agua.

En cuanto a la limpieza de los oídos mucha gente usa de forma habitual bastoncillos de algodón cuando realmente no están indicados para limpiar el canal auditivo ya que a menudo lo irrita y otras veces empuja el cerumen hacia dentro quedándose pegado en zonas que el organismo no puede limpiar por sí mismo. Cerumen que si contiene bacterias puede causar además una infección. Y otro tanto cabe decir del uso de velas: puede provocar quemaduras y además no son efectivas para remover el cerumen a pesar de lo que se afirma. Por lo que se refiere al uso de gotas para ablandar el cerumen -hay muchas en el mercado entre cuyos ingredientes activos están el peróxido de hidrógeno, el bicarbonato de sodio y el cloruro de sodio- pueden causar irritación en las personas con piel sensible y problemas de presión. Lo mismo que los dispositivos que lanzan chorros de agua en el canal del oído para eliminar la cera; no son eficaces, irritan y pueden incluso dañar el tímpano. El cerumen es necesario y solo en casos muy extremos conviene quitarlo; preferentemente por microsucción, técnica que debe realizar un especialista.

Cabe agregar que también el ruido demasiado intenso puede afectar a los oídos así como al corazón y al cerebro; de hecho a menudo es causa de alteraciones del sueño, hipertensión, estrés, ataques cardíacos y “ataques de pánico”. Y es que cuando el cerebro se satura puede “desconectarse” automáticamente de forma temporal para «resetearse».

Terminamos este apartado indicando que también las borrascas, los aumentos de humedad y temperatura, el descenso o aumento de velocidad del aire, los cambios bruscos de altura, la inmersión acuática o los cambios de presión en espacios cerrados pueden provocar saturación cerebral y problemas de presión en los conductos auditivos. 

LA SOBREESTIMULACIÓN DE LOS CANALES SEMICIRCULARES DEL OÍDO INTERNO 

¿Y qué puede sobreestimular los canales semicirculares del oído interno? Pues por sorprendente que parezca multitud de factores. Se han contabilizado más de 300. Puede provocarlo por ejemplo una insolación, una tensión ortostática (postural) baja -normalmente por deshidratación o período prolongado de reposo en cama-, una irritación e hinchazón del oído interno -a eso se llama Laberintitis-, una infección en los oídos, una fractura craneal o un traumatismo, la inflamación del nervio vestibular -a eso se llama Neuronitis-, la Enfermedad de Ménière, la presión en el nervio vestibular por un meningioma (tumor no maligno), una mala circulación sanguínea, la disminución del volumen de sangre circulante, un deficiente estado de la flora intestinal, déficits nutricionales, problemas de intolerancias y alergias, la intoxicación y acidificación del organismo, la anemia, la hipoglucemia, la hipertermia, la deshidratación, la ansiedad, la agorafobia, un ataque de pánico, trastornos cardiovasculares como la miocardiopatía, un ataque cardíaco, la arritmia, un accidente isquémico transitorio, trastornos neurológicos como el parkinson y la esclerosis múltiple y -muy habitual- la ingesta de fármacos; especialmente de antibióticos aminoglucósidos, anticonvulsivos, antidepresivos, sedantes, tranquilizantes, antihipertensivos, diuréticos y salicilatos así como el cisplatino (ineficaz agente alquilante usado en quimioterapia para tratar cáncer). Entre otras causas potenciales -insistimos- ya que se han asociado con los mareos y vértigos periféricos más de tres centenares de potenciales factores. Hay pues que indagar siempre la causa concreta y negarse a tomar simplemente fármacos paliativos y sintomáticos que minimicen u oculten los síntomas porque no solo no resuelven el problema sino que pueden dar lugar a numerosísimos problemas iatrogénicos añadidos.

Agregaremos que para saber qué oído está afectado basta sentarse en la cama de forma que al tumbarse la cabeza cuelgue ligeramente por fuera. Hay entonces que girar la cabeza hacia la derecha, tumbarse rápidamente y ver si hay mareo. Si es así es el derecho el oído afectado; y si no es así se hace lo mismo pero hacia la izquierda.

Dicho esto centrémonos en el vértigo.

EL VÉRTIGO 

Como ya hemos dicho el vértigo se manifiesta porque uno se siente mareado e inestable -además al caminar uno se va hacia un lado- y tiene la sensación de que todo lo que ve gira de forma global y uniforme hacia un lado cuando ladea el cuerpo (por ejemplo al acostarse). Empezando todo ello a menudo sintiendo unas náuseas que terminan llevando a vomitar una y otra vez de forma compulsiva, en ocasiones durante horas. Y lo único que puede hacerse en tales casos es tumbarse, tomar un antiemético -para evitar los vómitos- e hidratarse -preferentemente por suero en vena- hasta que se pase. Lo que puede tardar en resolverse unas horas pero a veces hasta 7 días. Lo que no ocurre en el vértigo de altura, en una lipotimia o en una crisis epiléptica cuya recuperación es más rápida. Los médicos sugieren también tomar fármacos presuntamente antivertiginosos pero lo cierto es que al menos en el vértigo su eficacia es casi nula.

En cuanto a las causas se entiende que puede deberse a un problema en el oído interno, en el nervio vestibular o en el tronco y corteza cerebrales clasificándose su etiología en dos posibilidades: vértigo central o vértigo periférico.

Ahora bien, antes de explicar las diferencias entre ambos expliquemos que hay otras condiciones que dan lugar a situaciones y síntomas similares que no deben confundirse con el vértigo propiamente dicho. Son éstas seis:

1) El Vértigo Posicional Paroxístico Benigno. Puede ser leve o severo y afectar a un lado del cuerpo o a los dos siendo la patología de este tipo más frecuente; y aunque normalmente desaparece en pocos minutos puede también durar varias semanas. ¿La causa? La salida inesperada desde el utrículo de cristales de carbonato de calcio -como resultado de una lesión, infección o la edad- que quedan atrapados en los canales semicirculares (normalmente en el posterior por su posición anatómica). Y es que si bien en el utrículo esos cristales pueden ser disueltos no acaece así en los canales semicirculares. Desplazamiento de los mismos que se produce al mover la cabeza -a derecha o izquierda pero sobre todo hacia abajo- haciendo que los cristales -al no lograr impedir que penetren los minúsculos pelitos que forran los canales- provoquen un desplazamiento anormal de sus fluidos internos dando ello lugar al vértigo.

En cuanto al tratamiento se hace con una maniobra de reposicionamiento de partículas. Si uno se despierta con vértigo posicional debe moverse despacio hacia la posición del oído bueno y esperar un minuto. A continuación hay que ponerse despacio boca abajo, deslizarse hacia el lateral de la cama, bajar lentamente hasta ponerse de rodillas o de pie y elevar despacio la cabeza hasta ponerla derecha.

El problema desaparecerá por sí solo en cuanto el organismo logre disolver los cristales, algo que a veces puede tardar hasta 6 semanas. Es pues cuestión de paciencia.

2) El Síndrome o enfermedad de Ménière. Se suele diagnosticar por exclusión de otras causas de vértigo, aparece cada cierto tiempo y se achaca a una inflamación del laberinto con aumento de la endolinfa soliendo aparecer previamente acúfenos o tinnitus (zumbidos en los oídos) que con el tiempo pueden provocar una disminución de la sensibilidad auditiva (hipoacusia) que a veces lleva finalmente a la sordera. Lo produce una dilatación del canal endolinfático coclear y aumento del volumen de la endolinfa -y por tanto de la presión- por bloqueo del conducto perilinfático que drena su exceso en el laberinto membranoso; algo que suele acaecer al estar obstruido por tejido cicatricial.

En cuanto a las posibles causas son similares a las ya descritas: infección en el oído, disfunción del nervio acústico y problemas cerebrales pero también infecciones persistentes del tracto superior respiratorio.

Cabe agregar que al igual que en el vértigo central la aspirina y el abuso de alcohol, cigarrillos, sal y café puede producir ototoxicidad al disminuir la función vascular.

En cuanto al tratamiento se recomienda eliminar o reducir notablemente la ingesta de los productos que acabamos de citar y se emplean diuréticos -para reducir la presión endolinfática del oído interno-, antibióticos -si hay infección- y antihistamínicos como la betahistina -si existe alergia o sinusitis- además de fármacos presuntamente antivertiginosos. Proponiéndose en casos resistentes la aplicación intratimpánica de gentamicina (antibiótico de mínima resistencia) o estreptomicina intramuscular (con riesgo de dañar la audición).

La intervención quirúrgica de los canales semicirculares, el nervio vestibular o el laberinto rara vez da buen resultado y puede afectar al equilibrio de forma permanente provocando una peor calidad de vida.

3) La Neuronitis vestibular. Su cuadro -agudo e intenso- se debe a la inflamación del nervio vestibular y lo provoca una infección vírica dando lugar a una crisis de uno a seis días que provoca un fuerte mareo y náuseas y una posterior sensación de inestabilidad que puede durar hasta 3 semanas. No suele afectar a la audición -a diferencia de lo que acaece en la Laberintitis– siendo sus síntomas un claro desequilibrio, vómitos, nistagmus y posibles desmayos. Empeora con los movimientos de cabeza o cambios de posición y mejora al fijar la mirada en algún punto. Se trata sintomáticamente con antieméticos y antivertiginosos pero la recuperación se logra cuando el virus desaparece de la zona.

4) La Laberintitis. En este caso lo que se inflama es el laberinto -bien por infección vírica, bien  bacteriana o fúngica-, cursa con dolor de cabeza, fiebre y nistagmo y también puede provocar vértigo apareciendo a menudo tras padecer sarampión, gripe, varicela o parotiditis​. Cuando la causa es vírica puede desarrollarse una hipoacusia neurosensorial transitoria -aunque en ocasiones se hace permanente- además de poder producir somnolencia profunda,  amnesia y pérdida del conocimiento.

Cabe agregar que cuando la inflamación del laberinto membranoso lo produce una irritación química o tóxica -lo que puede ocurrir durante una otitis, con motivo de un traumatismo o por fístula iatrogénica tras una intervención quirúrgica- se denomina Laberintitis serosa.

El tratamiento -dependiendo del tipo de infección- consiste en el uso de antivíricos, antibióticos o antifúngicos, si es necesario de forma endovenosa.

5) El Síndrome de Ramsay Hunt. La causa es una infección en el oído interno que irrita e inflama la zona lesionando primero el nervio facial y luego el acústico dañando asimismo el tímpano además de lesiones cutáneas en el interior del conducto auditivo externo y la piel circunvecina de la oreja del lado infectado. De forma extraordinaria también se acompaña en ocasiones de lesiones vesiculares en el nervio trigémino.

¿La causa? Se achaca al virus de la varicela y el herpes zoster y cursa con numerosos síntomas reconocibles: disminución de la audición e incluso sordera así como acúfenos, debilidad facial o parálisis en la parte de la cara donde está el oído infectado, asimetría al elevar las cejas, dificultad para cerrar los párpados, desviación del globo ocular hacia un lado, asimetría al fruncir los músculos de la nariz, dificultad para gesticular, masticar y comer, vesículas de contenido líquido, erupción dolorosa en tímpano, lengua o paladar, desfiguración por asimetría de la cara, regeneración aberrante y además vértigo.

Si no se ataja a tiempo puede afectar también a los ojos y provocar uveítis, queratoconjuntivitis, úlcera corneal, neuritis óptica o glaucoma y neuralgia postherpética. Y en caso de que la infección llegue al cerebro encefalitis, si llega a la médula espinal mielitis y si llega a sus membranas meningitis; y en casos graves llevar a la muerte.

Médicamente se trata con antivirales tipo aciclovir, famciclovir y valaciclovir así como -en la fase aguda- con esteroides por vía intravenosa o intramuscular. Y si aparece vértigo con medicamentos antivertiginosos. Lo bueno es que si se trata en los primeros tres días el problema puede resolverse en el 90% de los casos.

6) Un atlas desalineado. La primera vértebra de la columna -el atlas- se encarga de sustentar el cráneo y tanto por su interior como alrededor hay nervios, venas y arterias por lo que cualquier compresión de los mismos a causa de un mal posicionamiento repercute a múltiples niveles pudiendo dar lugar a dolores musculares y articulares, migrañas, cefaleas, trastornos gastrointestinales, estreñimiento, diarrea, insomnio, fatiga crónica, dolor de espalda, cadera, rodillas o pies, frío en las extremidades, arritmias, hipertensión, depresión, mareos y vértigo, entre otras dolencias. Problemas que a menudo se tratan con fármacos sintomáticos y manipulaciones musculares cuando una simple recolocación del atlas puede solucionarlo en una única sesión mediante una serie de dispositivos que vibran a frecuencias específicas; al menos así lo afirman osteópatas como Óscar Campillo –responsable del madrileño Centro Atlantotec España– quien lo explicó ampliamente en el reportaje titulado Muchas «enfermedades» se deben a una desalineación de la primera cervical que se publicó en el nº 217 de la revista y puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com.

«Alrededor del atlas fluyen el nervio vago -fundamental en la regulación de numerosos órganos internos-, el nervio espinal accesorio -que regula la actividad muscular- y el nervio glosofaríngeo -encargado de inervar los músculos de la faringe- y su comprensión patológica puede dar lugar a muchas disfunciones», explica Campillo añadiendo: «El atlas, en su unión con el occipital, deja un reducido espacio por donde pasan nervios y vasos sanguíneos y cuando se desplaza de su sitio puede comprimirlos; comprensión que puede dar lugar a un mal funcionamiento tanto muscular como vascular y nervioso».

«La desalineación del atlas –nos agregaría al preguntarle con motivo de este artículo- genera mucha tensión en la musculatura suboccipital la cual está estrechamente relacionada con los movimientos oculares. Basta hacer una sencilla prueba para comprobarlo: si uno se sienta con la cabeza apoyada en la pared -para que la musculatura esté lo más relajada posible- y abarca con sus manos y dedos la musculatura de la base del cráneo -justo en la unión entre el atlas y el occipital-, cierra los párpados y sin girar la cabeza mueve los ojos de un lado a otro y de arriba a abajo notará aún así cómo se contraen diferentes músculos de la zona. Musculatura que además está muy relacionada con el sistema propioceptivo pues a fin de cuentas hay en ella 36 husos neuromusculares por gramo cuando el glúteo mayor -sirva como ejemplo- tiene 0,7 husos por gramo. Pues bien, cuando un atlas está desalineado una apófisis transversa suele estar más levantada que la otra; es decir, la vértebra no está horizontal y ello va a hacer que el hueso que se apoya sobre el atlas, el occipital, no esté en la posición correcta. Y como estamos diseñados para llevar la vista horizontal nuestro cerebro va a tensar más los músculos de un lado que del otro para compensar ese desequilibrio dando ello lugar a un exceso de tensión muscular que puede llevar a compresiones vasculares y nerviosas por hipertonía e inflamación de los músculos. A veces sin embargo no es posible nivelar el cráneo ni con ese exceso de tensión muscular y entonces al cerebelo -que se aloja en la parte posterior del mismo- no le llega bien la información y no puede procesarla».

Terminamos indicando que según Oscar Campillo muchos casos de mareo y vértigo -entre otras dolencias cuyas causas se desconocen- se resuelven a menudo con la recolocación del atlas, algo para lo que bastan una o dos sesiones de tratamiento.

Tales son las principales patologías que también producen vértigo aunque como efecto colateral y conviene pues conocer. Centrémonos ahora en el vértigo propiamente dicho que, como ya adelantamos, puede ser según su etiología central o periférico.

EL VÉRTIGO CENTRAL 

Se caracteriza porque no suelen existir alteraciones auditivas ni síntomas neurovegetativos. Normalmente lo causa un problema en el nervio vestibular, un tumor -benigno o maligno- en el cerebelo, el tronco del encéfalo o la corteza cerebral o un accidente cerebrovascular (ACV) que puede ser hemorrágico (apoplejía) -si uno o varios de los vasos que llevan sangre al cerebro se rompen y sangran en su interior- o isquémico (ictus) -cuando uno o varios vasos son bloqueados por un coágulo de sangre (denominándose trombosis si aparece en el sitio afectado y embolia si procede de otra parte del cuerpo). Sépase en todo caso que algunos tumores que se alojan en el ángulo pontocerebeloso se manifiestan con sintomatología central aun teniendo ubicación periférica.

Los síntomas que permiten saber si se trata de un accidente cerebrovascular son mareo, pérdida de equilibrio y coordinación, dolor de cabeza severo repentino, problemas para caminar, entumecimiento y/o debilidad repentina en cara, brazos o piernas -especialmente en un lado del cuerpo-, confusión y dificultad para hablar, entender o ver (con uno o con los dos ojos).

Debe en cualquier caso descartarse que no se trate de un problema derivado de la ingesta excesiva de alcohol, de algún fármaco -como los anticonvulsivos o el ácido acetil-salicílico (aspirina) o de la pérdida de las vainas de mielina en los axones de las neuronas que dan lugar a patologías como la esclerosis múltiple y otras.

Se diferencia además del vértigo periférico en que su aparición es lenta y progresiva con manifestaciones vegetativas escasas y, sobre todo, por una recuperación aún más lenta.

En cuanto al tratamiento se recomienda simplemente reposo y fisioterapia dejando al organismo que actúe aunque muchos médicos sugieren la ingesta de tietilperazina -un antiemético- y/o benzodiazepinas -un relajante muscular-, posible intervención quirúrgica necesaria aparte. Recomendándose desde un punto de vista natural la ingesta de ginkgo biloba para aumentar el riego sanguíneo en el cerebro.

EL VÉRTIGO PERIFÉRICO

Se presenta de forma súbita y aunque a veces es de poca duración puede hacer vomitar durante horas y acompañarse igualmente de inestabilidad y pérdida de equilibrio pero también de disminución de la capacidad auditiva (hipoacusia), acúfenos, nistagmo y síntomas neurovegetativos exacerbados como sudoración, taquicardia e hipotensión. Y lo que se utiliza para paliar los síntomas son antieméticos,   antihistamínicos y anticolinérgicos aunque la única solución es reposar en cama unos días hasta que el organismo se recupere por sí solo.

Suele ser suficiente salvo en casos donde el cuadro es muy intenso, el paciente no mejora y se requiere intervenir quirúrgicamente para drenar la linfa mediante incisiones en el laberinto o -en casos drásticos- hacer una laberintectomía -extirpar el aparato vestibular- o seccionar el nervio auditivo y/o el nervio vestibular. Lo que afortunadamente es preciso solo en casos muy contados.

Añadiremos que los principales fármacos usados para aliviar la sintomatología vertiginosa son –diuréticos y antibióticos aparte- los siguientes:

La tietilperacina y la metoclopramida. Ambos son antieméticos, es decir, fármacos para controlar los vómitos.
El ondansertrón: antagonista del receptor de Serotonina 5-HT 3 utilizado principalmente como antiemético.
-La prometazina (antihistamínico) y la meclicina (otro antihistamínico considerado además antiemético).
-El diazepam (modulador alostérico positivo de los receptores GABAA con propiedades ansiolíticas, miorrelajantes, anticonvulsionantes y sedantes) y el clonazepam (benzodiazepina que actúa sobre el sistema nervioso central de propiedades ansiolíticas, anticonvulsionantes, miorrelajantes, sedantes, hipnóticas y estabilizadoras del estado de ánimo).
-La Betahistina: aunque se desconoce su mecanismo de acción se sabe que es un agonista débil de receptores H1y antagonista moderado de receptores H3 tanto en el sistema nervioso central como en el autónomo que parece inhibir los impulsos neuronales de los núcleos vestibulares medial y lateral. Se emplea pues para controlar síntomas a largo plazo.
-La Sulprida: antagonista de los receptores dopaminérgicos D2 y D3 que se usa en los trastornos depresivos con síntomas psicóticos.

Mencionados todos ellos añadiremos que no se justifica el consumo de ninguno salvo el de los antieméticos para parar los vómitos. No ayudan realmente a resolver el problema y aunque palien algunos síntomas sus efectos secundarios iatrogénicos los desaconsejan.

CONCLUSIONES

El lector habrá comprobado que aunque los otorrinos se han ocupado de clasificar los mareos y vértigos de diversas maneras en realidad desconocen la causa o causas exactas que los provocan –admiten que hay más de 300 posibles factores implicados- y salvo reposo solo postulan la ingesta de fármacos paliativos para disminuir los síntomas. Siendo la cirugía rara vez útil aunque a veces no quede más remedio que intentarlo en casos graves. Lo cierto sin embargo es que en todos los casos mencionados hay elementos comunes que parecen dar pistas sobre las principales causas potenciales. Y de forma resumida las más probables parecen ser éstas:

-Un edema, trauma, fractura o tumor en el cerebro.
-Una sobreestimulación de los canales semicirculares del oído interno.
-Alteraciones en el nervio vestibular (conformado por varias ramas que provienen de los canales semicirculares).
-La descompensación de la presión entre ambos lados del tímpano (por todas las causas ya descritas).
-Una infección microbiana (vírica, bacteriana, fúngica e incluso priónica).
-Posibles interferencias bioenergéticas en dentadura o cervicales que puedan tratarse con Neuralterapia u Osteopatía.
-La intoxicación y acidificación del organismo.
-El mal estado de la microbiota.

José Antonio Campoy

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