¿Sabe usted si come animales transgénicos?

Desde que se aprobara en 1994 el primer alimento modificado genéticamente -el tomate Flavr Savr– la carrera para desarrollar y vender alimentos transgénicos no ha cesado. Solo que mientras ecologistas, asociaciones de consumidores, agricultores y numerosos científicos advierten de los peligros para la salud y el medio ambiente de los transgénicos unas pocas multinacionales que lideran el sector no solo siguen intentando convencernos del “avance” que representan sino que ya han hecho algo mucho más grave: han creado varios animales transgénicos destinados al consumo humano y animal o a ser utilizados como fuentes de insulina o bancos de órganos para trasplantes. Sepa cuáles son, qué empresas los comercializan y qué peligros tienen.

Hasta ahora la amenaza para la salud humana proveniente de la llamada “ingeniería genética” se centraba en dos fenómenos: los cultivos transgénicos y las pretendidas “terapias génicas”, ambos analizados en profundidad en esta revista exponiendo los argumentos de científicos y organizaciones civiles que son contrarios a su utilización y denunciando la manipulación y ocultación impulsada por las grandes transnacionales biotecnológicas que intentan imponer sus productos biotecnológicos al precio que sea. Es el caso del artículo publicado en el nº 170 -correspondiente al mes de abril de 2014- en el que dimos a conocer los entresijos de la llamada “ingeniería genética” explicando que no tiene base biológica y se ha desarrollado a partir de una genética mecanicista que ignora la auténtica complejidad del organismo vivo; lo que explica el fracaso de las pretendidas “terapias génicas” y los enormes peligros de los alimentos modificados genéticamente (puede leerlo pinchando en https://www.dsalud.com/reportaje/la-ingenieria-genetica-no-tiene-base-biologica). Texto que complementaba lo denunciando en un reportaje anterior sobre los ataques que sufren científicos honestos e independientes que advierten de los peligros de la manipulación genética como -entre otros- Shiv Chopra, Arpad Pusztai, Ignacio Chapela, Andrés Carrasco o Gilles-Eric Seralini. Apareció con el título Adulteración y contaminación intencionada del agua y los alimentos en el nº 160 -correspondiente a mayo de 2013- y puede acceder a él desde https://www.dsalud.com/reportaje/adulteracion-y-contaminacion-intencionada-del-agua-y-los-alimentos.

Pues bien, hemos tenido recientemente conocimiento de los detalles de la participación del gigante biotecnológico Monsanto en la campaña de presión que sufrió el equipo del profesor Séralini. Y es que según explica Claire Robinson -de la organización GMWatch- documentos internos de Monsanto obtenidos a raíz de una demanda presentada en Estados Unidos han puesto al descubierto “los intentos desesperados de Monsanto para que se retirase el estudio (de Seralini) que mostraba los efectos adversos del herbicida Roundup” así como el hecho de que “el editor de la revista que accedió a la retractación tenía una relación contractual con la empresa” (el relato completo de los hechos puede leerse en traducción al castellano en el siguiente enlace: https://noticiasdeabajo.wordpress.com/2017/08/15/monsanto-participo-activamente-en-la-retractacion-del-estudio-de-seralini).

Posteriormente explicamos cómo los alimentos transgénicos pueden alterar la flora bacteriana dando ello lugar a numerosas patologías; nos referimos al artículo Los transgénicos pueden alterar la flora bacteriana intestinal y producir numerosas patologías publicado en el nº 182 -correspondiente a mayo de 2015- que puede leerse en https://www.dsalud.com/reportaje/los-transgenicos-pueden-alterar-la-flora-bacteriana-intestinal-y-producir-numerosas-patologias.

Asimismo denunciamos las oscuras relaciones de periodistas y científicos con las grandes corporaciones biotecnológicas y agroquímicas que ocultan la falta de consenso y manipulan la información para hacer pasar por inocuos y beneficiosos los transgénicos. Nos referimos al reportaje Ciento diez premios Nobel critican a Greenpeace por no defender los transgénicos publicado en el nº 196 -correspondiente a septiembre de 2016- que puede leerse en https://www.dsalud.com/reportaje/reportajeciento-diez-premios-nobel-critican-greenpeace-no-defender-los-transgenicos.

Y aún más recientemente nos hicimos eco de la denuncia que la organización no gubernamental Food and Water Watch hizo del informe de la Academia de Ciencias estadounidense porque en él se ocultaron los peligros de los OGM silenciando los numerosos estudios y advertencias efectuados por científicos independientes y cómo en él se manipula la información e incluso se miente descaradamente sobre las supuestas virtudes de tales alimentos. Puede leerlo en el artículo La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos oculta los peligros de los transgénicos publicado en el nº 199 -correspondiente a diciembre de 2016- que tiene en https://www.dsalud.com/reportaje/la-academia-nacional-ciencias-estados-unidos-oculta-los-peligros-los-transgenicos. 

NUEVOS PELIGROS, NUEVOS ENGAÑOS

Pues bien, a tales peligros y agresiones contra la salud y el medio ambiente cabe añadir ahora otros igual de graves o más que vamos poco a poco conociendo gracias a la labor de organizaciones civiles, ecologistas y, por supuesto, de científicos que no se venden y no ceden a las presiones y amenazas de las industrias farmacéutica, biotecnológica y alimentaria. Nos referimos a los animales transgénicos creados para producir determinadas proteínas y que son asimismo utilizados como bancos de órganos cuando no se dedican directamente a la alimentación animal y humana.

Si un organismo transgénico se obtiene introduciendo ADN extraño en un genoma en el caso de los animales el ADN extraño se introduce generalmente en cigotos de modo que al comenzar éste a dividirse el gen transgénico o transgén se supone que pasará a las siguientes generaciones integrándose sin mayores problemas en todas las células. El objetivo según los defensores de la transgénesis animal es facilitar la identificación, aislamiento y caracterización de determinados genes o secuencias, generar modelos de enfermedades que afecten al ser humano a fin de desarrollar medicamentos o utilizarlos como fuentes vivas de tejidos y órganos para trasplantes a humanos además de usarlos con fines industriales como producir moléculas de interés comercial o “mejorar” especies cuyos productos -como la leche- o sus carnes puedan ser luego consumidas por animales y humanos.

En el caso de los animales el procedimiento básico es aislar óvulos fertilizados sometiendo a las hembras a un tratamiento hormonal, introducir el transgén en los cigotos obtenidos mediante una pipeta e implantarlos en hembras que completen la gestación. Aunque existen otras técnicas más sofisticadas y más peligrosas.

Una estrategia que la Dra. Mae-Wan Ho -recientemente fallecida- denunció en 2011 recogiendo la advertencia del grupo de consumidores europeos BEUC (por la siglas en francés de Bureau Européen des Unions de Consommateurs) según el cual la Comisión Europea pretende autorizar su venta sin explicar en las etiquetas que esa leche o carne procede de animales clonados. Con argumentos no científicos sino meramente comerciales: que prohibirlos haría que Estados Unidos -que es donde se realizan la mayor parte de las clonaciones- no pudiera venderlos en Europa.

La doctora Ho agregaría entonces que no todas las clonaciones son iguales representando el mayor peligro la llamada “clonación por trasplante nuclear”, procedimiento mediante el cual se transfiere el núcleo de una célula de un animal adulto o de un embrión en desarrollo a un óvulo maduro al que se ha extraído su núcleo original. De ese modo los huevos así “reconstruidos” se activan para que se desarrollen y los embriones resultantes se implanten luego en el útero de hembras que serían tratadas con hormonas para que la implantación pueda salir adelante. Obviamente quienes se benefician -de un modo u otro- de los productos de esta técnica la presentan como un paso adelante en el desarrollo de la reproducción asistida y un procedimiento absolutamente seguro, afirmaciones que avala sin prueba alguna la FDA, agencia que lleva décadas dando sobradas pruebas de estar al servicio de las industrias farmacéutica y biotecnológica y no de los consumidores. De hecho asevera -lo recogía el Trade News Daily el 7 de agosto de 2010- lo siguiente: “La carne y la leche procedentes de clones de ganado bovino, cerdos y cabras así como la de los descendientes de tales clones de cualquier especie que tradicionalmente se consumen como alimento son tan seguros como los alimentos procedentes de animales criados convencionalmente”. Contundente afirmación sin la menor base científica o empírica.

¿EL ATAQUE DE LOS CLONES O LA AMENAZA FANTASMA?

¿Cuál de los dos títulos citados de la saga Star Wars describe con más acierto lo que está sucediendo en los laboratorios biotecnológicos? Y es que no debe olvidarse algo importante: las células acumulan las mutaciones que se producen en su desarrollo de modo que cada una de ellas puede tener un genoma propio -diferente del de otras células del organismo- ¡y se sabe que la técnica de clonación in vitro potencia esas diferencias! Luego lo más probable es que las copias acumulen muchas más mutaciones y anomalías, algo que explica el elevado porcentaje de fallos a la hora de clonar embriones.

A ello hay que añadir que parte del genoma de los seres vivos está en las mitocondrias y no se transfiere junto con el núcleo a los clones; luego realmente no se trata de clones ya que solo se “copia” parte de la información genética. Lo que constituye una importante fuente de incompatibilidades que también contribuye a provocar anomalías y muertes en los “clones”.

Peligros que obviamente se multiplican cuando se crean organismos genéticamente modificados a partir de animales “clonados” mediante transferencia nuclear; por ejemplo, para crear “rebaños de élite”, que produzcan “súper-leche” o “súper-medicamentos”. En suma, lo que las empresas de biotecnología están realmente creando son monstruos, auténticas “fábricas vivas” de fármacos y órganos por no decir sueños convertidos en pesadillas. El propio Ian Wilmut, creador de la primera oveja clonada -la famosa Dolly-, terminó reconociendo que la clonación de animales está sentenciada de muerte aludiendo a su inviabilidad.

De hecho PPL Therapeutics, la compañía involucrada en el desarrollo de Dolly, quebró en 2003 pero ello no impidió que la agencia gubernamental de Nueva Zelanda –AgResearch- tomara el relevo de una investigación a la que solo puso fin en febrero de 2011 tras reconocer que “las altas tasas de mortalidad eran inaceptables”. Y es que según la Dra. Ho la tecnología de transferencia nuclear no ha mejorado prácticamente nada desde 2003, cuando Wilmut la abandonó.

Sin embargo nada de todo esto ha detenido ni la investigación en torno a la ingeniería genética ni los intentos de desarrollar aplicaciones médicas o industriales ni, por supuesto, las operaciones de propaganda y encubrimiento para poder continuar invirtiendo en una tecnología aberrante que no deja de producir fracasos y problemas a todos los niveles.

Fue en 1982 cuando se creó el primer ratón transgénico y creció exageradamente en comparación con sus hermanos no transgénicos. El experimento se consideró sin embargo la demostración de que se pueden transferir genes de forma estable y conseguir su expresión pero tal aseveración pierde todo su significado a la luz de los últimos descubrimientos en biología que cuestionan el propio concepto y entidad biológica de “gen”. Y ello sin mencionar el sufrimiento que supone para los propios animales a los que se les causa -de modo directo e indirecto- numerosos trastornos y enfermedades.

Tres años después -en 1985- se filtró que algunos equipos de investigación decían haber conseguido cerdos y ovejas transgénicas. Al año siguiente se transferirían por primera vez embriones clónicos de ganado ovino. En 1991 se aseguró que se habían conseguido crear ovejas transgénicas que producían leche modificada. En 1992 se hablaba ya de cerdos transgénicos resistentes a infecciones virales. En 1994 se presentaba en sociedad la famosa oveja Dolly obtenida por transferencia nuclear y, por tanto, un falso clon. Cinco años después -en 1995- se afirmaría haber creado ganado transgénico en el que ya se ensayaban modelos de enfermedades humanas; es decir, animales en los que se reproducían los síntomas de enfermedades humanas a fin de ensayar fármacos para afrontarlas. Pero fue en 1998 cuando se anunció por primera vez de forma oficial que se había obtenido ganado bovino transgénico mediante transferencia nuclear usando retrovirus para introducir el gen en el genoma.

Y luego, cada cierto tiempo, fueron dándose a conocer resultados tan llamativos y espectaculares como faltos de base biológica real: cerdos transgénicos “ecológicos”, terneras con cromosomas humanos artificiales, vacas transgénicas que producen leche con proteínas alteradas y otras resistentes a infecciones, ovejas que producen más lana, peces con mayor tasa de crecimiento… y así sucesivamente.

DEL LABORATORIO A LA MESA

El primer producto biológico generado por animales transgénicos anunciado fue un fármaco anticoagulante, el ATryn, elaborado con proteínas presentes en la leche de cabras genéticamente modificadas que sería autorizado en la Unión Europea el 28 de julio de 2006 a pesar de que el Informe Público Europeo de Evaluación del Comité de Medicamentos de Uso Humano reconoce que provoca -entre otros efectos secundarios- mareos, dolores de cabeza, náuseas, hemorragias, secreción de la herida y la posibilidad de desarrollar anticuerpos con riesgo de reacción alérgica en el momento de la inyección. De ahí que el informe deje claro que se autorizaba “en circunstancias excepcionales” porque “debido a la rareza de la enfermedad no ha sido posible obtener información completa sobre este medicamento“. Añadiendo: “La Agencia Europea del Medicamento revisará toda la información nueva que pueda estar disponible cada año y este resumen se actualizará cuando sea necesario” (puede leer el informe íntegro en web.archive.org/web/20070730050354/http://www.emea.europa.eu/humandocs/PDFs/EPAR/atryn/058706es1.pdf).

Y el primer animal transgénico aprobado para consumo humano fue un salmón denominado AquAdvantage; lo autorizó la FDA el 19 de noviembre de 2015 (tiene el documento en www.fda.gov/AnimalVeterinary/DevelopmentApprovalProcess/GeneticEngineering/GeneticallyEngineeredAnimals/ucm466214.htm). Lo llamativo es que la FDA no obliga a que este salmón de piscifactoría se etiquete como transgénico alegando que “es tan seguro y nutritivo como el salmón atlántico no modificado genéticamente” añadiendo que “no es materialmente diferente”. Afortunadamente la empresa no ha solicitado aún su comercialización en Europa según Josep Casacuberta, experto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y miembro del grupo de transgénicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

En 2010 nos enteraríamos -por el New York Times- de que la leche de vaca clonada había llegado a Europa. Lo contó en su edición del 5 de agosto James Kanter explicando que productos procedentes de ganado clonado se encontraban ya en los estantes de los supermercados de varios países europeos sin que el consumidor lo supiera. Según el diario “un productor británico declaró que utilizaba leche procedente de una vaca nacida de un animal clonado” pero “no quiso desvelar su identidad por lo poco popular que es la clonación en Reino Unido y el hecho de que los consumidores nunca la comprarían de conocer su origen”. Agregando que en Suiza “el Gobierno había reconocido la existencia de varios centenares de animales descendientes de clones de segunda o tercera generación”.

Testbiotech -un organismo de revisión independiente del impacto de la biotecnología con base en Munich- alertaría por su parte en julio de 2015 que la empresa británica Oxitec tenía previsto liberar en Cataluña moscas del olivo transgénicas manipuladas para que las hembras mueran cuando se alimenten de aceitunas mientras los machos sobreviven. El proyecto consistía en liberar 5.000 a la semana en una superficie cubierta con una malla de unos mil metros cuadrados cerca de Tarragona. Reconociendo Testbiotech que si algunas escaparan se propagarían sin control y en poco tiempo ocuparían toda la región mediterránea por lo que organizaciones civiles de Francia, Grecia, Italia, Portugal y España exigieron que se prohibiera su liberación.

La Dra. Janet Cotter -de la Unidad Científica Internacional de Greenpeace– agregaría que “la liberación de insectos transgénicos al medio ambiente es un experimento peligroso y convertiría a toda Europa en un laboratorio al aire libre. Los insectos no respetan las fronteras ni son todos estériles al 100%. Pueden escapar de la zona de ensayo y si, al igual que ha ocurrido con otros experimentos, las cosas no salen según lo planeado sería imposible volver a la situación inicial porque no hay forma de retirar del medio los insectos transgénicos; es incluso más difícil que deshacerse de los cultivos transgénicos”. 

La portavoz de la Plataforma Portuguesa Libre de Transgénicos Margarida Silva diría por su parte: “No debemos tolerar experimentos irresponsables que de forma accidental pudieran liberar animales transgénicos al medio ambiente. Con los sistemas planetarios ya en situación de estrés son inaceptables más daños irreversibles. Además los consumidores no tienen interés alguno en consumir aceitunas que pudiesen contener larvas transgénicas muertas. Es hora de invertir en la protección integral y sostenible de los cultivos y satisfacer tanto a los consumidores como a los agricultores”.

Añadiendo Chritoph Then -de Testbiotech– que “esta tecnología podría dañar la biodiversidad y la agricultura ecológica y afectar a la producción olivarera en toda la región mediterránea. Este experimento solo beneficia los intereses de Oxitec y sus inversores que quieren obtener el máximo provecho de su patente tecnológica. Hay que impedir de forma firme que estos organismos transgénicos puedan ser liberados alguna vez en algún sitio”.

BIOTECNOLOGÍA SINTÉTICA

En abril de 2016 hablamos también del diseño y fabricación de organismos vivos artificiales centrándonos en el peligro que representa la creación de bacterias sintéticas con las que se pretende transportar fármacos por el interior del organismo para tratar determinadas enfermedades, regenerar tejidos, reprogramar células-madre y “garantizar” la seguridad de medicamentos y organismos transgénicos… Algo todo ello sin fundamento real a decir de los expertos a los que citamos o entrevistamos (lea el texto publicado en el º 192 con el título El peligro de las bacterias sintéticas diseñadas mediante bioingeniería al que puede acceder en https://www.dsalud.com/reportaje/el-peligro-de-las-bacterias-sinteticas-disenadas-mediante-bioingenieria).

Nuevo peligro de la biotecnología sintética que no se detiene ahí pues su arsenal parece inagotable. Lo demuestra que Bill gates ha invertido millones de dólares en una hamburguesa sintética cuyo parecido con la carne es tal que incluso parece gotear sangre aunque se debe a un tipo de hemoglobina de soja producida a partir de levaduras genéticamente modificadas.

La empresa Intrexon ha presentado por su parte una manzana transgénica. Y Cargill un sustituto de la stevia, el eversweet, compuesto producido por levadura transgénica que además de sus potenciales peligros para la salud puede llevar a la ruina al pueblo guaraní que lleva cultivando esta planta desde hace siglos.

Otros productos que amenazan con introducirse en nuestra dieta cotidiana son la manteca de karité transgénica de la empresa TerraVía y la vainilla sintética de Evolva, empresa suiza de biotecnología sintética que ha modificado la levadura de cerveza para que al fermentar produzca vainillina y la puso ya a la venta en 2014 según la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación/Agricultura. Ésta advertía además de que “el azafrán está prometido para dentro de unos años y la versión de stevia derivada de la biología sintética deberá estar en el mercado el año próximo (2015)”.

Evolva va aun más allá y promete comercializar pronto ají picante, ginseng y cafeína de fabricación transgénica sintética. Y Solazyme, Allylix y Isobionics sustitutos de aceite de coco, manteca de cacao y aceites de pomelo y naranja. Algunos de los cuales, por cierto, ya están en el mercado promocionándose y vendiéndose como “productos naturales” al amparo de una legislación permisiva y la complicidad de las agencias de control.

Grave problema que se verá incrementado con la reciente aprobación del CETA, el tratado de comercio de Europa con Canadá que abrirá la puerta a productos y modos de producción hasta ahora no permitidos en la Unión Europea; empezando por el ya mencionado salmón transgénico -en filetes, aceite de pescado y alimento para peces- así como aceites transgénicos de colza, maíz, soja y remolacha.

De hecho Testbiotech, en un informe hecho público el pasado 7 de febrero encargado por el Grupo de los Verdes del Parlamento Europeo, considera muy probable que un número considerable de animales procedentes de clones hayan entrado ya en la Unión Europea“. Algo posible por la falta de normativa específica sobre etiquetado y registro de estas importaciones lo que se agravará con la entrada en vigor del CETA.

Nuestro informe -advierte su portavoz, Christoph Then- muestra que después de todas las discusiones en torno al CETA los ganaderos, productores de alimentos y consumidores se quedarán en un estado de incertidumbre si no se puede garantizar la transparencia y la libertad de elección. A menos que no se resuelva esta importante cuestión el CETA seguirá siendo una pesadilla para todas aquellas personas que consideren que el Tratado de Libre Comercio nunca debería invalidar los derechos de los consumidores”. El lector tiene el informe completo en https://www.testbiotech.org/sites/default/files/Testbiotech_cloned%20bulls%20and%20CETA.pdf.

MOTIVOS PARA RECHAZAR TODOS LOS ORGANISMOS GENÉTICAMENTE MODIFICADOS

Según el documento de la organización independiente ETC Group titulado ¿Hay organismos genéticamente modificados en nuestra comida y cosméticos? Guía para los consumidores -lo tiene en www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/files/etc_synbiobookletspanish-fin_ligero.pdf- hay al menos tres razones fundamentales para rechazar estos productos:

-Son inseguros ya que sus efectos no han sido verificados al no exigir apenas los gobiernos verificaciones y dejar en manos de las propias empresas fabricantes las pruebas que “demuestran” su seguridad. De ahí que en julio pasado el Dr. Jonathan Latham advirtiera en independentsciencenews.org que “la industria biotecnológica pretende tomar el control del sistema de evaluación de riesgos de los nuevos productos transgénicos”. Asegurando por su parte la organización independiente GM Watch que de hecho ya controlan por ejemplo el Comité Asesor de Biotecnología Agrícola de Argentina donde 26 de sus 34 miembros son empleados de alguna empresa relacionada con negocios agrícolas y tienen por tanto importantes conflictos de interés.

-Son impredecibles por la razón básica ya apuntada: la “ingeniería genética” carece de base biológica y eso significa que los más que probables cambios en la información genética manipulada pueden ocasionar todo tipo de efectos inesperados, indeseables, peligrosos y, en ocasiones, enormemente agresivos. Lo que contrasta con lo descubierto en un reciente estudio publicado en International Journal of Human Nutrition and Functional Medicine según el cual una dieta libre de productos transgénicos mejora la salud; especialmente los problemas digestivos, las alergias y la obesidad (puede leerlo íntegramente en http://responsibletechnology.org/irtnew/wp-content/uploads/2017/11/Improved-Health-by-Avoiding-GMOs-by-Jeffrey-Smith.pdf).

-Son injustos. De hecho llevan años desplazando a agricultores de todo el mundo, arruinando sus ecosistemas y sus vidas. Y es que mienten cuando presentan los transgénicos como naturales y sostenibles. Los productos de la biología sintética dependen de la producción de azúcar proveniente de monocultivos que emplean gran cantidad de agrotóxicos así como contaminantes como el gas de lutitas obtenido mediante fractura hidráulica.

Por todo ello lo más saludable es evitar los numerosos ingredientes que provienen de la manipulación genética -sintética o no- ya que son potencialmente peligrosos. De ahí que mientras no existan leyes adecuadas de protección que obliguen a etiquetar a los fabricantes grupos activistas como Global Healing Center aconsejan evitar los siguientes alimentos salvo que en sus etiquetas se haga constar específicamente que no contienen ingredientes de procedencia transgénica: aspartamo, maíz y almidón de maíz, remolachas azucareras, jarabe de maíz alto en fructosa, soja y lecitina de soja, tomates, salchichas, vitaminas sintéticas, leches de fórmula infantiles, carne y leche de vaca, alfalfa, aceite vegetal y de canola, margarina y manteca, papaya hawaiana, calabaza y lino.

ETC Group advierte además de los impactos para la salud y la biodiversidad -así como para los agricultores tradicionales- de los siguientes productos por ser todos ellos procedentes de biología sintética:

-El aceite de madera de agar utilizada para destilar aceites esenciales de las compañías Evolva y Efflorus.

-El ámbar gris y el aceite de esclarea utilizados como saborizantes y en perfumes por Efflorus, Firmenich, Evolva y Amyris.

-La artemisina de Sanofi-Aventis.

-El pachuli obtenido mediante microorganismos alterados sintéticamente por Amyris.

-El caucho de DuPont, Goodyear, Global Bioenergies y Bridgestone en alianza con Ajinomoto.

-El aceite de rosas -ingrediente habitual en perfumes y cosméticos- de Ginkgo BioWorks, empresa asociada con Robertet y Celbius.

-El azafrán de Evolva.

-El sándalo obtenido a partir de levadura de diseño genético por Evolva, Isobionics y Firmenich.

-La manteca de cacao, principal ingrediente del chocolate de Solazyme.

-El escualeno obtenido a partir de levadura transgénica de Amyris.

-La estevia de Evolva, Cargill, Stevia First y DSM.

-La vainillina de Evolva.

-El vetiver -aceite utilizado comúnmente en cosméticos y perfumería- de Allylix.

-Los aceites de coco, palmiste y babasu de Solazyme, Codexis INC y LS9.

-El ácido siquímico obtenido a partir de fermentación microbiana por Roche para producir el antiviral Tamiflú.

Cabe añadir que además existen otros proyectos de investigación en curso; entre ellos un ginseng de levaduras de diseño que podría estar ya en el mercado.

Puede leer la guía completa en www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/files/syn_bio_case_studies_-spanish_dec_2016.pdf.

CIENTOS DE CIENTÍFICOS EN CONTRA

Debemos recordar que ya en 1999 un importante número de científicos publicó una conocida declaración contra los transgénicos, que en 2003 el llamado Grupo de Científicos Independientes hizo lo mismo (www.i-sis.org.uk/list.php) y que diez años después -en 2013- se presentó el informe Ban GMO Now (Prohibir los OGM ahora) –lo tiene en www.i-sis.org.uk/Ban_GMOs_Now.php– firmado por 815 científicos de 29 países que comienza así: “Las patentes sobre formas de vida y procesos vivos deberían prohibirse porque amenazan la seguridad alimentaria, promueven la biopiratería de los conocimientos indígenas y los recursos genéticos, violan los derechos humanos básicos, la dignidad y el compromiso de la salud, impiden la investigación médica y científica, y están en contra del bienestar de los animales (…) Los organismos, semillas, líneas celulares y genes no son descubrimientos y no son pues patentables. Las actuales técnicas de modificación genética que explotan procesos vivos no son fiables sino incontrolables e impredecibles y no pueden considerarse invenciones. Además tales técnicas son inherentemente inseguras al igual que muchos organismos y productos transgénicos”.

El documento enumera a continuación los inconvenientes, peligros y amenazas de los organismos genéticamente modificados que han sido documentados por numerosos estudios y denuncian que están dando lugar a un monopolio cada vez más reducido y poderoso de empresas cuando sus productos ni son beneficiosos ni necesarios ya que la propia FAO afirma que hay suficientes alimentos como para alimentar a toda la población del planeta vez y media. Es más, afirman que provocan desempleo, agravan la deuda y amenazan sistemas agrícolas sostenibles y la diversidad biológica constituyendo pues un auténtico peligro para la salud humana y animal.

Y no solo eso: denuncian que se han aprobado ignorando las advertencias de los científicos independientes a pesar de que 130 gobiernos se comprometieron en el Protocolo de Bioseguridad negociado en enero de 2000 en Montreal a aplicar en este caso el Principio de Precaución. De ahí que sus firmantes insten a todos los gobiernos a tener en cuenta la sustancial evidencia científica existente sobre sus peligros e impongan una moratoria inmediata sobre ellos, incluyendo las pruebas a campo abierto. Es preciso rechazar los cultivos transgénicos porque son peligrosos y contrarios a un uso ecológicamente sostenible de los recursos –se dice en el informe-. Lo que debería apoyarse es la investigación y desarrollo de métodos de agricultura sostenibles que realmente puedan beneficiar a las familias de agricultores de todo el mundo” (tiene el texto íntegro en www.lagranepoca.com/medio-ambiente/30682-mas-de-800-cientificos-del-mundo-firmaron-para-eliminar-los-transgenicos-del-planeta.html).

 

Jesús García Blanca

Este reportaje aparece en
211
Enero 2018
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