Ahora afirman que los antioxidantes ¡ayudan a expandir el cáncer y no a afrontarlo!

por José Antonio Campoy

James Watson, codescubridor en 1953 junto a Francis Crick y Maurice Wilkins de la estructura en forma de doble hélice del ADN -éste fue aislado en 1869 por el suizo Friedrich Miescher– acaba de publicar a sus 84 años un extenso artículo en Open Biology -que él mismo denomina su «trabajo más importante desde la doble hélice»- en el que critica con dureza a la industria farmacéutica y al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos porque despilfarran sus recursos económicos y centran sus estudios e investigaciones en proyectos sin futuro pero en el que también asegura que los pacientes con cáncer no deberían ingerir antioxidantes porque eso ayuda a los tumores a crecer en lugar de a combatirlos. Y es que a su juicio el cáncer debe afrontarse ¡generando radicales libres! que promuevan la apoptosis o suicidio de las células cancerosas –y eso lo hacen tanto la Quimioterapia como la Radioterapia- e inhibiendo la formación de antioxidantes naturales; por lo que obviamente desaconseja que los enfermos de cáncer ingieran suplementos ricos en antioxidantes y, por tanto, polifenoles, betacarotenos, vitaminas C y E, selenio, glutatión o zinc –entre muchos otros- y enzimas como la catalasa, la superóxido dismutasa y varias peroxidasas. Y, por ende, es de suponer que no considera recomendable la ingesta de ningún alimento rico en ellos como el ajo, la cebolla, la coliflor, el brócoli, el jengibre, el perejil, el arroz integral, las uvas, los arándanos, los cítricos, los tomates, el té, el romero… y otros muchos. Lo singular es que Watson es de los que niega cualquier capacidad curativa o preventiva a los suplementos antioxidantes pero luego, contradiciéndose ya que los considera “ineficaces”, alega que algunos -como la vitamina E- pueden ser causa de cáncer! En pocas palabras, Watson considera que el cáncer debe combatirse ¡con radicales libres y no con antioxidantes! Al punto de que asegura en su texto que una de las claves en la curación del cáncer es encontrar medicamentos que inhiban la producción natural por el organismo de antioxidantes además de potenciar la formación de radicales libres. Recordemos que la polémica sobre los antioxidantes, ya vieja, se avivó en 2007 cuando Serge Hercberg -del Hospital Avicenne en Bobigny (Francia)- dio a conocer un estudio bautizado como Su.Vi.Max con el que intentó desmentir su papel en la prevención del cáncer y la enfermedad cardiovascular y Goran Bjelakovic -de la Facultad de Medicina de Nis en Serbia- publicó en el Journal of the American Medical Association (JAMA) un metaanálisis según el cual no son solo ineficaces sino en los casos del betacaroteno y las vitaminas A y E además peligrosos. Afirmaciones a las que en su día respondió adecuadamente en la revista José Ramón Llorente, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular, en un esclarecedor artículo que apareció en el nº 97 con el título ¿Son o no eficaces los antioxidantes? que puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. James Watson critica pues a los oncólogos, sí, pero se trata de alguien que está en su mismo ámbito y defiende los productos quimioterápicos y la Radioterapia, alguien que se ha educado en el viejo y obsoleto paradigma que impulsó “la guerra contra el cáncer” como demuestra el hecho de que utiliza el lenguaje bélico más agresivo que jamás hayamos visto en Medicina y cree que las células cancerosas son un “enemigo” a “combatir”, “destruir” o “vencer” y, como tantos otros de sus colegas, habla de “librar combates”, de hacer la “guerra a la enfermedad”, de “ataques” -sistémicos o localizados-, de “victorias” y “derrotas…. Incluso habla de la necesidad de un nuevo general Patton que dirija la “guerra contra el cáncer” de modo más eficaz las 24 horas del día. De ahí el lamentable lenguaje con el que se describen las técnicas “médicas” en las que se habla habitualmente de cortar, quemar, destruir, bloquear, eliminar y otras así como de ”armas” o de “arsenal” terapéutico. Watson es pues un personaje empeñado –como la mayor parte de sus colegas- en violentar la naturaleza para conseguir sus fines sin tener en cuenta los “efectos colaterales” si los mismos son “aceptables” -como se dice en las guerras modernas- y de ahí que también proponga como alternativa buscar fármacos que bloqueen las proteínas Myc de las células cancerígenas para que se autodestruyan. En definitiva, Watson no es más que otro de esos personajes que se niegan a afrontar el fenómeno del cáncer tratando de prevenirlo o manejando la situación de forma no agresiva: se limita a proponer otros métodos que considera más eficaces a la hora de “destruirlas”. Está inmerso pues en el mismo paradigma rancio y obsoleto que los oncólogos.